40 años sin Pablo Picasso

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24 Mar 2013 | 18:30 h

EFE. Madrid.


Era el año 2006 y el escritor inglés John Berger llegaba a España para ver en directo el Guernica. El lienzo que Pablo Picasso creó en 1937, tras el bombardeo a la ciudad española durante la Guerra Civil y que es hoy un ícono del arte del siglo XX.

Berger se sentó frente al cuadro, en el Museo Reina Sofía de Madrid, y dibujó en una hoja algo parecido a un homenaje. “Conozco el cuadro de memoria, como quien sabe una poesía o una oración”, dijo tras la visita el también crítico y pintor.

Berger había estudiado la obra de Picasso (1881-1973) en los años 60, cuando el autor de Las señoritas de Avignon era una leyenda viva. Así, conocía bien al pintor más célebre del mundo cuando escribió Fama y soledad de Picasso. Editado en Inglaterra en 1965, el libro causó controversia y la prensa británica lo catalogó de “doctrinario y perverso”, por su mirada crítica. Cruce de biografía y ensayo, hoy se reedita por el sello Alfaguara, en una edición corregida por Berger, quien lleva más de 30 años en los Alpes franceses.

La salida del ejemplar no es casual. El próximo 8 de abril se cumplen 40 años de la muerte de Picasso: el artista que popularizó el cubismo falleció en Francia a los 91 años. Paralelamente, el Museo Picasso de Barcelona, que cuenta con más de 3.800 obras en su colección permanente, celebra 50 años de su apertura.

El programa de conmemoración del museo incluye cinco exposiciones sobre Picasso: la primera es Los orígenes, y reúne dibujos, grabados y documentos del artista, que llegó con su familia a la capital catalana en 1895. La muestra, ya inaugurada, se extenderá hasta el 9 de junio. Luego, el 4 de julio se instalará La colección: son sus obras de juventud y la serie Las Meninas, de 1957. La última para este año se inicia el 14 de noviembre y exhibirá la colección completa de Picasso. Ya en 2014 estarán sus Autorretratos (mayo) y La vida y obra del artista (octubre), parte de la colección del Cleveland Museum of Art de EE.UU. Además, por estos días en Málaga, su ciudad natal, se muestran 53 obras de la infancia y juventud del artista.  

Niño prodigio

Ganador del Booker Prize, John Berger construye una biografía acuciosa y crítica. “Desde los 28 años había quedado libre de preocupaciones monetarias, a los 38 era rico y desde los 65 fue millonario”, observa. “Es un anciano que aún puede tener mujeres jóvenes. Es un genio. Está loco. Es el más grande de los artistas”, agrega. “Tiene un montón de millones. Es comunista. Todo lo que hace son disparates: un niño lo haría mejor”.

El escritor británico también dispara contra la personalidad del pintor y escultor, criado en el seno de una familia burguesa de Málaga. “El hecho de haber sido niño prodigio influyó en su actitud hacia el arte durante toda su vida. Esta es una de las razones para que esté tan fascinado por su propia creatividad y para que conceda a esta un valor mayor que a lo creado. Es la razón de que vea el arte como si fuera una parte de la naturaleza”, apunta el autor.

Berger analiza también el éxito del artista como consecuencia de su carácter: “El magnetismo de su persona, de su fuerza para atraerse fidelidades, es el resultado de su propia confianza en sí mismo. Otros artistas del siglo XX fueron víctimas de la duda, mientras aguardaban el juicio de la historia. Picasso, como Napoleón o Juana de Arco, cree estar poseído por la historia”.

En Fama y soledad, el biógrafo sostiene que al artista le obsesionaban “las imágenes de pasión y dolor, y por eso también tenía tanta capacidad para crearlas”. Agrega: “Fue el maestro de lo inacabado. Toda la pintura trata del diálogo entre la presencia y la ausencia, y el arte de Picasso, en su sentido más profundo, se sitúa en la frontera entre las dos, en el umbral de la existencia, de lo recién comenzado”.

Mientras Berger contemplaba el cuadro de Guernica en el Museo Reina Sofía, en la sala frente a la obra había otras dos pinturas: Los fusilamientos del 3 de mayo, de Francisco de Goya, y El fusilamiento de Maximiliano, de Edouard Manet.

Berger comentaría ante el trío de obras que lo rodeaban: “En ambos, los verdugos y sus armas están en primer plano, muy visibles. En el Guernica de Picasso, no. Ante nuestra vista solo tenemos el dolor y la resistencia de los bombardeados. Dos mujeres, un niño y dos hombres”.

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