Congreso literario conmemora 50 años del Boom

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02 Nov 2012 | 22:22 h
Madrid. EFE 

Todo empezó con el deseo de convertir “el dolor en una fiesta” y de colocar a Latinoamérica de otra forma en el mundo. Una magia, un carnaval de la literatura, un “boom”, alimentado por Borges, Carpentier, Rulfo y Onetti, y que Fuentes, Cortázar, García Márquez y Vargas Llosa, del que se cumplen 50 años. Y es que, sin saberse en qué fecha exacta se inicia, fue a fines de 1962 que el llamado “boom” latinoamericano dejó a Europa boquiabierta gracias a la proyección que le dieron desde España editoriales como Seix Barral. Por ello se ha tomado la publicación hace 50 años de La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa como punto de partida.

HOMENAJE A LOS AÑOS 60

Un homenaje a unos escritores que van a volver a ser revisados en un congreso internacional que comienza el 5 de noviembre en Madrid, en la Casa de América, y que inaugurará Mario Vargas Llosa. A él asistirán 46 escritores de ambas orillas del Atlántico, jóvenes y consagrados, que participarán en este encuentro que se desarrollará además en distintas universidades españolas.

Ese nombre, ese sonido de “boom” que definió el apabullante éxito de la nueva novela latinoamericana, fue puesto por el periodista y escritor Luis Harss (Valparaíso, Chile, 1936), quien anticipó este fenómeno sin precedentes en su libro Los nuestros, que publicó en 1966 y que ahora vuelve a editar Alfaguara.

Ahí estaban los mayores maestros, Borges, Asturias, Guimaraes Rosa, Onetti o Rulfo, y los jóvenes que serían los magos del “boom”, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa

EL BAUTIZO DE HARSS

“No estoy contento con este nombre y muchas veces me arrepiento de él porque me parece un poco superficial”, explica Harss. “En 1966 –argumenta– me encontraba como periodista en una reunión en la que estaba Vargas Llosa, en Buenos Aires, con el jurado en torno al premio Primera Plana, y empezaron a hablar de la novela iberoamericana, y entonces hice un comentario idiota al decir que lo que estaba pasando con la novela era como el ‘boom’ económico que había vivido Italia; luego lo escribí en un reportaje y desde entonces quedó”.

Estos escritores se preocuparon por encontrar un lenguaje y por cómo hacer del continente americano una experiencia universal, señala Harss. “Un continente que había sido marginal, digamos, que alguien llamó el pecado capital de América, que consistía en haber nacido fuera de la cultura y fuera de la historia y que hasta entonces la novela lo había aceptado con un tipo de novelas parciales y regionales. De pronto, estos autores hablaban aceptando su propia tradición, su propia cultura, pero la proyectaron hacia fuera: universalizaron los temas”, sostiene el periodista chileno.

ÉPICA DEL DESENCANTO

El contexto político, en los años 60 y 70, también caracterizó a este grupo de escritores: las dictaduras o la revolución cubana marcaron sentimientos mezclados de utopía, tragedia, barbarie, insatisfacción o deseo de justicia. Así, se fue construyendo una imaginación liberada, un canto de libertad. Una épica del desencanto que convirtió las balas en belleza radical, la naturaleza extrema en mito y el lenguaje en una fiesta mágica.

Una nueva realidad que dio títulos como La casa verde, de Vargas Llosa; Cien años de soledad, de García Márquez; Rayuela, de Cortázar o La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes. Estos solo por mencionar brevemente algunos de los muchos libros que fueron éxitos del “boom” y que traspasaron la frontera de España y América Latina, ya que fueron traducidos en toda Europa.

Admiradores de Joyce, Proust, Sartre, Camus o Faulkner, los escritores del “boom” son unos clásicos que viven, como García Márquez y Vargas Llosa, ambos premios Nobel, y que tienen ahora la oportunidad de ser revisitados. “Lo serán para recordarlos, criticarlos y ponerlos en su sitio. Ellos dieron un salto hacia adelante y marcaron un punto de inflexión”, dice Juan José Armas Marcelo, director de la cátedra Vargas Llosa, organizadora del congreso internacional sobre el “boom”.

Y es que, al fin y al cabo, como escribió García Márquez, “la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.