ONPE - Cómo elegir tu local de votación para las elecciones municipales y regionales URGENTE - Pánico en Chile: reportan explosión y estampida en vagón del Metro de Santiago [Video]

Kenzaburo Oé y el libro que vino después del silencio Nobel había prometido no escribir más, pero

Plataforma_glr

El escritor japonés es un infatigable crítico de las guerras.

Perfil Kenzaburo Oé Lugar y fecha de nacimiento: Isla de Shikoku, en 1934. Estudios: Literatura francesa en la Universidad de Tokio. Se graduó con una tesis sobre Sartre. Premios: En 1958 obtuvo el Premio Akutagawa, el más prestigioso de Japón. En 1994 ganó el Nobel de Literatura. Familia: Siempre ha vivido atento a su Hikari, discapacitado mental, pero excelente músico. "Sus discos se venden más que mis libros", suele decir el Nobel. Obras: Arrancad las semillas, fusilad a los niños (1958), Una cuestión personal (1964), El grito silencioso (1967), Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura (1969), Juegos contemporáneos (1979), La torre del tratamiento (1990), entre otras.


Por PEDRO ESCRIBANO.- Prometió no publicar un libro más. El escritor japonés Kenzaburo Oé después de recibir el premio Nobel de Literatura en 1994 aseguró no escribir más una novela. Si embargo, su vocación por la literatura lo empujó a traicionar su promesa. En 1999 publicó 'Salto mortal'. La versión en castellano de esta novela acaba de aparecer en España con el sello editorial Seix Barral. La historia narra que Kizú, un profesor divorciado regresa a Tokio tras quince años de trabajo en una universidad de Estados Unidos. Una vez en su país, busca a Ikúo, un antiguo alumno suyo. Cuando lo halla, se da con la sorpresa de que este ya es un muchacho y es miembro de una secta que predica el fin de la humanidad. En la novela aparece la Iglesia del Salvador y el Profeta, una alusión a la secta budista La Verdad Suprema que en 1995 atacó con gas sarín el metro de Tokio y causó la muerte de 12 personas e intoxicó a otras 500. En la ficción de Kenzaburo el atentado está dirigido hacia una central nuclear, pero los miembros, que son jóvenes, antes de llevar adelante el plan, abandonan la organización. SILENCIO ROTO "Esta novela -declaró en La Jornada, México 30/5/2004- es la primera que he escrito desde que, tras recibir el Premio Nobel de Literatura, había decidido no escribir más. Pasé tres años estudiando y dando clases, uno de ellos en Princeton, en los que aproveché para leer y aprender mucho, y de alguna manera me di cuenta de que seguía tomando notas como para escribir otra novela". Kenzaburo Oé forjó una carrera literaria a contracorriente con la crítica de su país, sobre todo porque su prosa tiene afinidades con autores occidentales. Y Oé nunca lo ha negado, es más, se ha enfrentado a esa actitud conservadora que hay en su país contra él. En un reciente diálogo con la revista literaria venezolana 'El gusano de la luz' (3/6/2004) el Nobel japonés da cuenta de un hecho que lo retrato de cuerpo entero: "Cuando gané el premio Nobel también se me concedió la Orden del Mérito, una altísima condecoración que otorga el gobierno japonés. Pero la rechacé, por nuestra política y porque la otorga un emperador". "La gente -agrega el autor de 'Salto mortal'- se manifestó contra mí delante de mi casa". Pero Kenzaburo Oé nunca ha retrocedido. Siempre ha sido un crítico de la tradición bélica de su país, un escritor identificado con las causas de izquierda y que piensa, no sin impotencia, que los hombres no solo entre sí se destruyen sino también destruyen el mundo que habitan. En ese sentido, su narrativa corre pareja entre la crítica y la necesidad, pacifista y ecológica, y la esperanza para un mundo mejor. El Nobel japonés no está lejos de la literatura hispanoamericana. Es un gran conocedor de Cervantes. Pero no solo eso. Ha tenido una experiencia muy próxima a nuestros autores. En los años setenta trabajó como profesor en el Colegio de México en donde alternó con Octavio Paz, Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes. Con Mario Vargas Llosa ha mantenido correspondencia. MADRE CORAJE Kenzaburo Oé es un escritor provinciano. Nació en una isla. Cuando aún era niño, se quedó huérfano de padre. Oé fue hechura de su madre. "Conseguía libros incluso en época de guerra, los cambiaba por arroz. No comíamos pero leíamos. Coleccionaba diccionarios, le gustaba la musicalidad de las palabras, pronunciarlas en distintos idiomas. A mí me cosía en la ropa grandes bolsillos para que siempre llevara un libro y el diccionario", así la recuerda en 'El Gusano de la Luz'. En otro pasaje de la entrevista recuerda a su madre en una anécdota que bien vale referirla. "Mi madre siempre me decía: -¡Tu hermano pequeño sí que es guapo! Tú, Kenzaburo, tienes unas orejas enormes. No eres guapo, Kenzaburo, así que mejor te pones a estudiar, porque o creas algo en tu vida o nunca te casarás". "Quizá si hubiera nacido con otras orejas -ha comentado Oé- no sería escritor". Como escritor ha hecho de la literatura su trinchera por la paz. Nunca llegó a ser un hombre épico. Más bien se ha sumergido en las conciencias humanas. "Es un legítimo heredero de Dostoievski", ha dciho Henry Miller en The Observer. FINAL Kenzaburo Oé recuerda que cuando tenía 25 años viajó con una delegación literaria de Japón a China, a entrevistarse con Mao Tse Tung. Después de dialogar con el líder comunista, este le despidió con las siguientes palabras: "Eres joven, eres pobre y eres desconocido, así que podrías ser un gran revolucionario". "Pero como ve -dijo Kensaburo Oé a 'El gusano de la luz'-, no fui capaz de serlo". Solo llegó a ser un escritor y sigue siéndolo, no solo en contra de los críticos de su país, que se la tienen jurada, sino también en contra de sí mismo. Si prometió no escribir más, su última novela 'Salto mortal' tiene la belleza de una palabra en la boca de un mudo.

"Mishima no me gusta" La Jornada de México le pregunto cómo es que siendo él un militante pacifista pudo ser amigo de Yukio Mishima, que era un esteta de la violencia y del heroísmo. "No éramos amigos", respondió. Le recordaron que en Europa se ha escrito mucho de esa amistad. El Nobel señaló que se trata de un equívoco. Si bien de joven tuvo atracción por la violencia, lo que le llevo a acercarse a Mishima, después se distanció. "A mí me consta que al principio Mishima apreciaba mi trabajo, pero en un periodo de seis meses se convirtió en un completo enemigo mío, y yo de él. En esa época escribió feroces ensayos contra mí, sobre todo por mi actitud política. No, no éramos amigos ni acabamos siéndolo. Además, tampoco aprecio su obra; no me gusta. Elaboró un estilo bello y cuidado, pero permaneció estático, inamovible a lo largo del tiempo. Su primer libro y el último son idénticos. No creó, no inventó. Y para mí, un buen escritor debe forjar nuevos estilos continuamente, no debe estabilizarse nunca".