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Abelardo Oquendo: Poesía en debate

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Por el camino de la negación la joven poesía peruana se está haciendo visible.

Abelardo Oquendo.-

Por el camino de la negación la joven poesía peruana se está haciendo visible. Bastó que se dijese que en los últimos 25 años todo es decadencia en la producción poética nacional, que se llegase a decir inclusive que la poesía (la buena poesía) había dejado de existir entre nosotros, para que las miradas se vuelvan hacia los poetas jóvenes, se empiece a hablar de sus libros y los propios poetas jóvenes tengan discusiones entre ellos sobre su condición colectiva. El número 4 de Odumodneurtse, periódico de poesía, Caretas de la semana pasada y la reciente entrega de Quehacer, revistas estas cuya índole dista mucho de ser literaria pero que no desconsideran la cultura, recogen manifestaciones de este interés creciente.

Tres son los textos de Quehacer en torno al debate sobre la poesía joven: una entrevista de Francisco Izquierdo a José Carlos Yrigoyen –con no pocos juicios urticantes- ; "Cuatro apuntes sobre la nueva poesía peruana", de Jerónimo Pimentel, y otros apuntes más que Diego Otero titula "Ni pleitesía ni parricidio" e ilustra con el ejemplo de los siguientes autores: Víctor Coral, Jaime Rodríguez, Gastón Agurto y Martín Rodríguez-Gaona.

Los textos de Otero y de Pimentel, poetas jóvenes ambos, son interesantes visiones críticas de conjunto de nuestra poesía última. Ninguno de los dos cree en la decadencia que se le atribuye a la misma, pero cada uno aborda el tema desde un diferente punto de vista. Los autores ejemplares del primero no son, además, los del segundo, quien hace mención de un mayor número de poetas pero solo se detiene especialmente en dos, que son –dice- "las voces más representativas de una poesía fresca y con ideas": Julio Llerena y José Carlos Yrigoyen.

Precisamente es este último el que de modo más radical ha negado todo valor a la producción poética reciente. En la entrevista que le hace Francisco Izquierdo, Yrigoyen no niega ya de plano la poesía de hoy ni la de los años finales del pasado siglo; reconoce que en la poesía peruana de nuestro tiempo hay buenos libros, pero afirma que "una tradición poética no se consigue solo con buenos libros, sino con proyectos, con una idea de base consolidada, que pueda leerse de cabo a rabo. Acá existen buenos poemarios y poetas, pero no proyectos de verdad", concluye. Lo cual no le impide luego decir: "yo los invito a revisar una antología de esa época (habla de los años 90) y se darán cuenta de que si ahora tenemos poetas malos, por aquellos tiempos batían todos los récords"; ni esto, a su vez decir luego, modestamente: "Nosotros, los poetas del 90, somos la continuación del fracaso que se inició en los 80. Esto se mantiene en la actualidad, con los poetas jóvenes."

Los fuegos recién empiezan a cruzarse. Entre tanto, los libros de los poetas más mentados se buscan y es difícil hallarlos.