Ernesto Carrión, el poeta que escribe novela

en la habana. El autor ecuatoriano acaba de ganar en la categoría Novela el Premio Internacional Casa de las Américas con el libro Incendiamos las yeguas en la madrugada.

en la habana. El autor ecuatoriano acaba de ganar en la categoría Novela el Premio Internacional Casa de las Américas con el libro Incendiamos las yeguas en la madrugada.

Ernesto Carrión es un poeta ecuatoriano a quien conocimos años atrás, en Quito. Un poeta que hurga los abismos existenciales no sin lucidez y desgarramiento humano. Acaba de ganar el Premio Casa de las Américas en la categoría de Novela con la obra Incendiamos las yeguas en la madrugada. No hemos leído nada del libro, pero el título sugiere que las turbulencias de su poesía se han transportado a la prosa de su novela.

Ernesto Carrión (Guayaquil, 1977) no es ajeno a Lima, y no solo porque fue invitado a la Feria Internacional del Libro de Lima, el 2010, sino también porque la editorial arequipeña Cascahuesos publicó uno de sus poemarios, Fundación de la niebla.

En ese lejano encuentro quiteño, me quedó bien claro cuál era el nervio de su escritura. La expiación, su combate contra el mundo y sus normas, sus riesgos cotidianos. Más todavía si él había estado internado en un clínica de reposo en donde intentó hacer un pacto consigo mismo. Pero no, volvió a las andadas de ser transeúnte de la cruda realidad.

“Y es que hay que vivir, hay que exponerse, poner el pellejo un poco, porque si no después de qué escribes”, dijo en aquella ocasión.

“Lo mío –agregó– es un amasijo. El poeta ya no debe ser un gato de porcelana, un adorno, un ser que solo toma café; no, tiene que ser un animal, tiene que sacudirse, remover sus tripas”.

Lorena Sánchez lo entrevistó a propósito del premio para La Ventana, portal de Casa de las Américas. Le recuerda que el jurado ha dicho que su novela “ofrece un crudo y vibrante retrato social cuya intención no es solo sondear un paisaje urbano estratificado y violento, donde el desencanto y la pesadilla son las constantes de una ecuación de vida”.

Carrión no desmiente una coma al jurado. “Este libro es un retrato social y un homenaje a la amistad, de cinco chicos, acontecida al sur de una ciudad en contraposición al progreso de un norte siempre floreciente, durante la década de los noventa. Una década marcada por la ambición y por el desdeño a la ambición. Con Kurt Cobain como máximo mesías de aquellos días perdidos en música, billares, violencia, alcohol, mafias y drogas. Sobrellevando la pesadilla de querer salir del sur y no poder hacerlo”.

Para Carrión, según la entrevista, ser del sur no solo es estar ubicado en la geografía.

“Ser del sur, crecer en el sur –dice– ha significado siempre asumir una marginalidad y conflictuarse con ella. Y lo que pretendí con esta novela fue retratar las angustias, ambiciones, desencantos y excesos que atravesamos quienes nacimos y crecimos en el sur, sea este el sur de una ciudad latinoamericana o el sur de un territorio como el nuestro”.

Y la pregunta obligada de Lorena Sánchez: cuánto de poesía hay en Incendiamos las yeguas en la madrugada.

“La poesía -responde- está en el modo de abordar toda mi escritura. En el momento en que trabajé este libro, al igual que otros, siempre lo poético estuvo agitándose alrededor mío. Vengo del mundo de la poesía, y no creo que eso vaya a cambiar. Por supuesto, escribir una novela es funcionar con un método, con una disciplina; y escribir poesía es estrellarte contra una pared y alejarte para ver lo que las marcas han dejado. En esta novela, la trama está enredada por momentos poéticos, por imágenes que aparecieron en mi cabeza para dotar ciertas escenas de aquella luz, alegrías, tenebrosidad y dolor, que recordé de los años noventa o que mi mente escoge recordar así”.

No hay duda, Ernesto Carrión cuando escribe expone el pellejo.

el dato

  • OBRAS. Demonia Factory, Premio Latinoamericano de Poesía Ciudad de Medellín 2007. Ha publicado La muerte de Caín, El libro de la desobediencia, Labor del extraviado, La bestia vencida y Toma esta cabeza mestiza por donde rodará un dios judío.
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