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Windows: ¿por qué las tarjetas de sonido casi han desaparecido?

¿Recuerdas cuando las computadoras no podían reproducir música a calidad si no tenían una tarjeta de sonido como la recordada Soundblaster?

¿Dejaron de ser necesarias? Aquí te contamos un poco sobre lo importante que fueron estos accesorios en su momento para las PC. Foto: Composición LR
¿Dejaron de ser necesarias? Aquí te contamos un poco sobre lo importante que fueron estos accesorios en su momento para las PC. Foto: Composición LR
Benjamín Marcelo

Una de las etapas más emocionantes de la computación personal fue la que ocurrió a fines de los años 80. Pese a que las PC por entonces eran muy poco potentes para tareas multimedia, las posibilidades de agregar características como música instrumental, video y hasta videojuegos similares a los de las consolas generó un gran entusiasmo por los nuevos periféricos que aparecían, sobre todo para sistemas operativos más gráficos como Windows. Algunos de los más importantes fueron definitivamente las tarjetas de sonido, hoy ya casi olvidadas. ¿Alguna vez tuviste una?

Quizá nunca hayas usado una tarjeta de audio o de sonido, por lo que puede que no tengas mucha idea a qué nos referimos. Lo más probable es que te imagines una pequeña placa que se conecta a la motherboard de tu computadora tal cual lo hace una tarjeta de video o una unidad SSD NVMe.

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Pues es exactamente así como lucían. Para fines de los años 80, la mayoría de las PC nunca llegaban con una solución de audio muy avanzada. Casi todas tenían, como máximo, los recordados ‘PC speakers’, que no eran más que simples bocinas incluidas en la placa madre que podían emitir simples sonidos monofónicos y bastante básicos.

Los PC speakers: tecnología nostálgica que no se extraña

Los ‘PC speakers’ (que se estandarizaron entre las computadoras IBM compatibles) eran la única vía por la que un videojuego —por dar un ejemplo muy común— podían ofrecer desde efectos de sonido hasta música ambiental. Sonaban más o menos así:

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Por supuesto, estamos hablando de fines de los 80 e inicios de los 90. La música en los videojuegos ya era algo serio y muchas de las consolas de sobremesa que se comercializaban por entonces tenían auténticas obras de arte como soundtracks. La mayoría usaba síntesis (con chips sintetizadores), pero también usaban samples (sonido pregrabados) como la Super Nintendo.

AdLib: la primera tarjeta de sonido para gamers

Los desarrolladores de juegos para PC no se limitaban a componer melodías únicamente para los PC speakers, ya que, por entonces, comenzaron a emerger en el mercado las llamadas tarjetas de sonido. Una de las primeras en ganar popularidad fue la tarjeta AdLib Music Synthetizer Card (lanzada en 1987), este periférico utilizaba el chip sintetizador Yamaha YM3812 FM y se comercializaba como la pieza que le faltaba a los gamers de PC para que su experiencia sea real (es decir, similar a la de los arcades o consolas).

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En esta publicidad se muestra la diferencia entre el sonido de un PC speaker y una tarjeta AdLib de la primera generación:

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Tras esto, el mercado de tarjetas de sonido explotó y no solo eran los gamers los únicos interesados. La posibilidad de crear música de alguna manera llamó mucho la atención de los entusiastas que deseaban escuchar piezas artísticas en sus computadoras. Por supuesto, a fines de los 80, las capacidades multimedia de las PC aún eran escasas (el CD era relativamente nuevo) y comprar una interfaz de sonido resultaba demasiado caro.

Los trackers: el clímax de los entusiastas

Gracias a las tarjetas de sonido, se popularizaron también los conocidos trackers, que no eran más que pequeños programas para crear música a través de códigos para programar estas nuevas tarjetas de sonido. En los círculos de entusiastas, comenzaron a aparecer pistas musicales muy famosas para ‘testear’ estas tarjetas.

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También hubo nuevos nichos para llenar. Roland (conocida marca de instrumentos musicales) lanzó su línea de módulos sintetizadores MIDI, con cientos de sonidos de instrumentos reales sampleados y una calidad de estudio (increíbles piezas de hardware como la MT-32 y la Sound Canvas SC-55).

Otros también intentaron ofrecer alternativas baratas, como la propia Disney con su dispositivo Sound Source. AdLib, por su parte, tuvo que enfrentar la competencia de los Gravis Ultrasound y, más adelante, de la línea Soundblaster de Creative Labs.

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Las tarjetas Soundblaster: la feroz competencia

Existen muchos rumores que afirman que Creative Labs fue desleal al competir con AdLib. Lo cierto es que, a inicios de los años 90, la pequeña empresa que había empezado esta revolución terminó siendo superada por esta nueva compañía y su producto estrella: las tarjetas Soundblaster.

Las Soundblaster usaban el mismo sintetizador Yamaha que las AdLib tenían en su circuito y ese fue el principal problema de estas compañías, que usaban piezas que podíamos encontrar en tiendas retail, por lo que no fue difícil que aparecieran competidores.

La caída de Soundblaster

Durante la mayor parte de los años 90, la línea Soundblaster dominó el mercado de tarjetas de sonido, hasta que su propio némesis llegó de la peor manera: Realtek.

Es posible que sí reconozcas —o al menos hayas visto— el nombre de ‘Realtek’ en alguna configuración de computadora. La historia corta es que, a finales de los años 90, este pequeño fabricante de chips logró un acuerdo con Intel (que dominaba desde entonces la industria de las CPU).

Dicho acuerdo conllevó a que la mayoría de computadoras que se vendían con procesadores Intel (es decir, CPUs de las líneas Celeron y Pentium) lleguen con audio incorporado en el chip gracias a Realtek. De la noche a la mañana, las tarjetas de sonido ya no eran una necesidad, sino solo un plus.

el códec de audio de Realtek ALC 882 HD integrado en una placa compatible con Intel. Foto: Wikimedia

Este es el motivo por el cual el mercado de tarjetas de audio ha quedado relativamente en el olvido, al menos para lo que fueron en los años 90. Todavía podemos encontrar muchos modelos básicos y profesionales en el mercado, pero lo cierto es que la época en la que eran un bien necesario ya caducó.