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Inventores peruanos construyeron la primera prótesis biónica con articulación de codo

Pixed, la empresa peruana que diseñó esta prótesis biónica, busca ayudar a cambiar el estigma de la discapacidad. Aquí su historia.

Fue un equipo peruano, con orígenes en Piura, quienes le regalaron el hito y ahora le enseñan al mundo una gran lección sobre su deber social. Foto: Pixed/Difusión
Fue un equipo peruano, con orígenes en Piura, quienes le regalaron el hito y ahora le enseñan al mundo una gran lección sobre su deber social. Foto: Pixed/Difusión
Benjamín Marcelo

A fines del siglo pasado, lo sueños de un niño peruano iniciaron una carrera destinada a dejar marca en la historia, precisamente, en el devenir de la biónica y la biomecánica. Gracias a ello, el nombre del Perú quedó inmortalizado y en grande, dentro de los avances más destacados en materia de la discapacidad, gracias a la primera prótesis biónica con articulación de codo hecha en el mundo.

Todo comenzó en la calurosa ciudad de Piura, donde Pixed, una compañía que innova en su noción de la discapacidad, se formó. Ricardo Rodríguez, su CEO, estuvo dispuesto a contar los orígenes de esta gran historia, y en La República, tuvimos el agrado de conversar con él para eternizarlos.

Pixed: una empresa peruana que busca cambiar la noción de discapacidad

Ricardo Rodríguez nació en Piura (a mucha honra, como dice él). Durante su niñez destacó por su gusto a las matemáticas, la física y todo lo científico, aunque en su familia había una notable vocación por la medicina. Pese a todo, su predilección por saber cómo funcionan los aparatos —que de niño le hacía desarmar cada juguete a los cinco minutos de estrenarlo— pudo más y decidió seguir ingeniería tras finalizar el ciclo escolar.

Una fuerte experiencia a edad temprana lo marcó de por vida y así también a muchas personas. Esta tiene nombre propio: Pepe, su tío, quien contaba con una discapacidad tanto cognitiva como física. Así, el futuro CEO, conoció el lado más amargo de vivir con esta condición, y en una sociedad poco preparada para ello.

El tío Pepe

“Conocí de cerca la gran dificultad que presentaban las personas con discapacidad por un tío mío, hermano de mi madre, mi tío Pepe”. Ambos vivían en casa de su abuela y, aun en su niñez, Ricardo tuvo que vivir en carne propia el lado más crudo, el social: “Teníamos que ir a una de sus consultas. Ahí me di cuenta cómo era (la sociedad) con mi tío, ahí afuera. Pasaban muchos taxis y mototaxis y ninguno quería llevarlo. Esperamos poco más de una hora y en mi inocencia de niño, le pregunté: ‘Tío, ¿por qué nadie nos quiere llevar?’. ‘Es por mí', me respondió. ‘No me quieren llevar a mi’”.

“Habíamos salido con tres horas de anticipación y hasta mis tíos me habían advertido que podía pasar eso. Regresamos a la casa de mi abuela y llamé a mi papá por ayuda. Él tuvo que dejar el trabajo para llevarnos, quería muchísimo a mi tío. Cuando llegamos, la enfermera nos dijo que el médico había cancelado todas sus citas y no podrían atender a mi tío hasta dos o tres meses después”.

Con este primer escenario, y a sus 13 años, Ricardo entendió lo feo (en sus palabras) que era vivir con una discapacidad en el mundo de afuera. Fue aquella experiencia la que movió la balanza hacia la ingeniería al salir del colegio: “Le prometí a mi tío: seré ingeniero, trabajaré en una petrolera o minera, compraré una camioneta, la adaptaré y tú nunca tendrás que esperar nunca más por un taxi”, confiesa.

Lamentablemente, ‘Pepito’, como recuerda con cariño a su tío, partió hacia la paz antes de que Ricardo pudiera cumplirle su promesa. Pero aunque su meta cobró un giro, no desaprovechó lo que ya había ganado: “Mi objetivo de ganar plata para ayudar a mi tío quedó ahí, pero ya había aprendido mecánica y me dijo ‘puedo hacer algo’”.

El primer acercamiento

Al poco tiempo, Rodríguez se involucró en su primer proyecto en su centro universitario: un vehículo para personas con discapacidad dentro del campus. Luego, decide estudiar más sobre biomecánica para avanzar en ese tipo de iniciativas. “Es ahí donde conecto con los números de Piura y me doy cuenta que la realidad era mucho más grande que solo mi tío Pepe”.

En Perú hay 3 millones y media de personas con algún tipo de discapacidad (INEI, 2020). Esto inspiró a Ricardo a seguir esa difícil carrera. Empezó a diseñar prótesis cuando trabajaba en proyectos de impresión 3D. “Vi una prótesis que se había entregado a un marine de Estados Unidos y decidí contactarme con el diseñador”.

Dicho diseñador era Jorge Zúñiga, un académico nacido en Chile que enseñaba en la Universidad de Ohio. Junto a Ricardo, ambos pudieron elaborar un diseño de prótesis que dejaron open source (libre para cualquiera), para que así cualquiera la pudiera descargar e imprimir en 3D para su conveniencia. El chileno —de corte más académico— le dio un gran consejo: “Los hombres de ciencia no podemos hacer esto solos. Busca a alguien que te pueda ayudar”.

A partir de ahí, Rodríguez se encaminó en lo que poco después se llamaría Pixed. Convocó a un equipo de profesionales, entre ellos amigos que le confesaban lo visionario, pero loco, que les resultaba su propuesta. “Muchos me dijeron: ‘yo te acepto solo porque no quiero desperdiciar la oportunidad de que esto pase sin estar involucrado’”.

La primera prótesis

Pixed, se forma así en 2015 con un fuerte esfuerzo por parte de Ricardo y los miembros. En marzo de 2016 contactan con su primer caso: una prótesis de brazo izquierdo para un niño zurdo. “Este niño descubrió que era zurdo cuando le entregamos su prótesis”, recuerda con emoción. La aventura había comenzado. Aunque nada fue tan fácil: “Nos estafaron con las impresoras 3D y tuve que convencer a un proveedor de filamento para que me preste las suyas si le compraba, fue muy duro”, rememora.

Esta primera prótesis fue un caso particular que demuestra que la vida tiene sus curvas, pero que al final todo se acomoda. “En una de las amanecidas antes de esa primera e importante entrega, que una prima me escribió a las 3.00 a. m. desde otro país preguntándome qué estaba haciendo, ahí le expliqué”.

El hermano de la prima de Ricardo (su primo también) trabajaba en TV y de inmediato se puso en contacto para que la entrega de la prótesis de brazo, aquel primer proyecto de Pixed, apareciera en señal abierta, lo cual abrió muchas puertas para la compañía y una luz de esperanza para miles de personas con discapacidad en el país. “Uno de los detalles que más recuerdo de aquel niño fue su primera acción fue abrir una bolsa de chizito y dijo: ‘Nunca había podido hacer esto’”.

La primera prótesis biónica con articulación de codo en el mundo

Las preguntas sobre una prótesis biónica de brazo (y codo) surgieron desde fines de 2016, confiesa Rodríguez. “Empezamos a trabajar por debajo del codo, solo brazo, pero luego empezaron a llegar solicitudes que incluyeran el codo”, afirma. “Nosotros respondíamos que sí hay, pero que necesitan movimientos de espalda, algo llamado retracción escapular. Lamentablemente, ese movimiento, al no ser natural, deteriora la columna a largo plazo y necesita de 4 a 6 meses de terapia previa (es una prótesis de 6 kg aprox.) Además, el movimiento del codo es poco en relación al daño que se genera”.

Lograron conseguir un codo mecánico sin necesidad de retracción y lo fueron adaptando. Con esta pieza ya desarrollada, Pixed se dispuso a trabajar en la versión conjunta con el brazo. Mientras tanto, su equipo de marketing empezó a notar que no había nada similar en el mundo.

“En tres meses no encontraron nada”, recuerda Ricardo. “Contacté con colegas en otros países y nadie había visto algo similar. ‘Todas las prótesis son por debajo del codo’, me decían. No había ni en Londres. Le pedí al equipo de marketing que haga un investigación exhaustiva que pudo finalizar, para confirmar la noticia, recién en agosto”, precisa.

Ricardo reconoce con franqueza que el hecho de haber sido los primeros en el mundo en desarrollar una solución así de solicitada no les llamó la atención prioritariamente. “Primero queríamos ver la comodidad del usuario, fue ahí cuando la adrenalina se disparó. Estaba bien contento”.

¿Cómo funcionan las prótesis de este tipo?

El primer brazo biónico con articulación de codo se vale del principio de la electromiografía, que consiste en poder colocar electrodos que lean movimientos musculares. “Cuando hacemos un punche o algo, el musculo emite señales eléctricas”, explica Rodríguez.

El aparato lee dichas señales y la envía a una especie de placa madre dentro de la prótesis, que las interpreta para generar el movimiento de un complejo sistema de motores que varía de acuerdo a cada prótesis.

“Usamos una impresora 3D para las piezas externas y controladores, reguladores de corriente y demás, para gobernar el control. Contiene baterías recargables, y un puerto USB mini al cual preferimos en lugar del C pues todavía sigue siendo más usado”.

La prótesis también tiene programada una rutina de calibración, que se auto ejecuta durante el primer uso en el día, para evitar el uso de una señal predeterminada que podría no coincidir con los distintos estados del usuario (en días en los que por ejemplo está muy tenso). El codo, por su parte, provee de libertad de giro, y también existe la opción de obtener un codo mecánico o uno mioeléctrico.

Las prótesis no son un reemplazo

Un gran ejemplo del ámbito psicológico que Rodríguez quiso destacar fue este comentario: “Muchos pacientes llegan queriendo prótesis ‘como reemplazo’, con su mismo color de piel, pero luego terminan diciéndonos: ‘oye quiero mi prótesis de color negro y que le pongas un tatuaje’, porque entienden que no es un reemplazo, sino un accesorio, una herramienta”, esto se logra con la parte psicológica. La inclusión empieza por ellos mismos.

Un gran logro para la disponibilidad

El énfasis que Pixed ha plasmado en el desarrollo de prótesis con técnicas y tecnologías tan incipientes ha contribuido también a que haya una mejor disponibilidad de precio. Ricardo asegura que las prótesis tradicionales pueden pesar hasta 5 kg (lo que implica un largo proceso de adaptación por terapia física) y costar entre 78.000 y 80.000 dólares.

“En Pixed, hemos logrado hacer prótesis de 700 gramos a precios que se reducen a 6.000 dólares”, indica. Lo mismo con las variaciones mecánicas. “Las de siempre cuestan 12.000 dólares aproximadamente, pero nosotros pudimos reducir ese costo a 1.800 que, lamentablemente, sigue siendo una inversión importante, sobre todo en niños y personas que por aquella condición, y la propia realidad en Perú, no tienen trabajo”.

Pixed también provee de acompañamiento médico, mecánico y psicológico. Además, buscan contacto con los terapistas personales de cada paciente. “La tecnología es un pretexto para lograr esto”, confiesa Ricardo. Para él, lo importante es inyectar este gran abanico de conciencia en todos los sectores de la sociedad involucrados con la discapacidad.

El futuro es la tecnología

Entre los planes de Pixed a futuro, se encuentran planes para incorporar a las prótesis la posibilidad de tener control para el terapista a través de una app de teléfono, es decir, aplicar el IOT (internet de las cosas). De esta forma, se puede registrar la cantidad de ejercicios que hace o no hace un usuario. “No nos consideramos una ortopedia, porque hacemos todo un proceso de adaptación que ninguna ortopedia no ofrecen”, afianza.

Otro de los planes a futuro que nos compartió fue que dentro de su área de I + D + i (investigación, desarrollo e innovación, donde está incluido el proyecto de IOT) se incorpore el Big Data para interconectar la información rescata con organizaciones de salud y hasta un traductor de textos para aquellos con discapacidad visual. “También pensamos crear una plataforma para planeamiento de prótesis en formato de videojuego, para que los usuarios practiquen sus ejercicios de una forma divertida, pero esto sería a largo plazo”, señaló entusiasmado.

Tras finalizar nuestra conversación, Ricardo expresó su deseo de hacer llegar un mensaje que bien cae para la sociedad en general, incluyendo quien escribe. “Debemos empezar a referirnos de la mejor manera a las personas con discapacidad”, apunta. “Evitemos decir ‘discapacitado’, pues aquel término incorpora la discapacidad a la persona, es decir, sugiere que ella por sí misma no puede hacer cosas y eso no es tan cierto. Al contrario, cuando decimos ‘persona con discapacidad’, la colocamos como factor externo. Es importante que el termino se use bien. ‘Discapacitado, minusválido, pobrecito’, todo eso dejémoslo atras’”.

Un gran avance desde Perú

Este gran proyecto que se hizo en Perú, da fe de que solo en este país fueron capaces de escuchar algo que se expresaba a vivas voces por todo el mundo, con clamores que llegaron hasta Londres y Alemania. Solo un equipo de compatriotas fue capaz de tener la empatía y capacidad suficiente, para hacer realidad la necesidad digna de cientos de personas.

Más que un hito tecnológico, esta primera prótesis de brazo biónico con articulación de codo es un ejemplo que la sociedad en general puede y debe replantear su forma de abordar la discapacidad, desde todos los ángulos. Una lección universal que, en esta ocasión, surgió desde nuestro país.