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“Pero estamos en el Perú. Cualquier cosa puede pasar, hasta que los muertos firmen cartas y los reaccionarios canten el himno nacional”.

“Lima siempre estuvo en contra del Perú. Sus elites, sus castas, sus alcurnias, tan ajenas al Perú de Vallejo, de Porras, de Arguedas. Tan bruta y achorada. La Lima de los blancos y los bancos contra el país andino, telúrico, rebelde y ancestral”.

“El racismo opera como verdad absoluta y se hace dogma político incluso entre las cumbres de la miseria donde los pobres solo piensan en ser ricos. Así aparece el lumpen que se engarza al populismo del táper y la limosna”.

“Y entre portátiles y tapers imponen la conducta de un animal simbólico que ya no tiene capacidad para protestar...”.

“Damas y caballeros, ese es el plan y esa es la derecha que lo apoya, la DBA, pícara y salerosa y también la del ‘táper’”.

“Entonces el Perú seguirá tal como antes, en una ignorancia prodigiosa, pasto de la miseria, la carencia de salud y educación y el destino del que jamás dejaremos de ser miserables”.

“Yo que he vivido en Cuba sé qué es el comunismo. Pero fui víctima también de la dictadura y la corrupción de los Fujimori”.

“A los que ustedes llaman terrucos y autoritarios. Los mismos peruanos esclavos del agro y la explotación de las minas. Aquellos que no tienen salud ni educación”.

“Y contra el fujimorismo, guardo fiero afecto por los trozos de cielos bucólicos que desfilaban entre la espesura de las coplas de Jorge Manrique hasta las crispadas borrascas −en el mismísimo corazón de las tinieblas− de Joseph Conrad”.

“Éramos los mismos peruanos que votamos por Fujimori o García. Es decir, por ese coctel de extractos de demagogia y argucias”.

“Y escribo este texto hoy 5 abril que recuerda la fecha más nefasta de la ignominia política. El Golpe de Estado de Alberto Fujimori en 1992 y que fue el inicio de la toma del poder por una banda criminal y su familia”.

“En el fondo somos un país asimétrico. Sin igualdades, con cotos y estratos. El Perú del racismo y el privilegio de los pícaros”.

“Un año apenas, y el virus desnudó nuestros desatinos e insolvencias. Y nadie se siente responsable de la recaída en picada del Perú reinfectado”.

Me rectifico. No ha variado, digo. Son los mismos personajes de hace 200 años. El cacareado bicentenario.

De la señora K, de la exministra Mazzetti, de Cecilia Blume y de las damas de la Confiep no hablo.

Y de pronto, una peruana valiente pide su muerte. Y las bandas torpes de fanáticos la llenan de agravios e injurias.

“El chantaje y sobornos de Sinopharm tienen sus cómplices. Desde el presidente de la República, los médicos inhumanos, la Cancillería y otros...”.

“Y en la mira de Keiko Fujimori está la misión de demoler a sus adversarios. No con ideas, con infundios”.

“La doctora Ruth Shady teme por su vida. Bandas de traficantes de tierras la han amenazado con matarla. Y la autoridades no hacen nada. Ahí mismo, en Caral”.

“Me refiero a tanto sabiondo que sale en la televisión y se llena la boca de desatinos. Que venga la vacuna”.

“El estilo de la prosa periodística de Vallejo es el uso del término exacto para la idea categórica. Hay en su escritura, galope y musicalidad. Es pues la suya, la palabra afable, caliginosa y humana”.

“No existe segunda ola. Es un tsunami. Ahora con un cuadro más dramático por la falta de camas UCI, falta de oxígeno, los antibióticos por las nubes y la voracidad de las clínicas”.

“Y no hablo de la Confiep –la de los liberales, el Opus Dei, el Sodalicio y la ultraderecha católica–, ese es otro capítulo de este tinglado más perverso”.

“Y en este país de Arguedas, y en esta patria de Vallejo, los ríos, lástima, son cada vez más profundos. Y perdonen por la tristeza”.

“A la ausencia de partidos políticos sólidos en un pensamiento moderno y nacional, hay que agregar el desprestigio de los expresidentes convictos”.