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La Rinconada, entre el oro y la delincuencia

El otro Perú. La minería informal que explota el metal precioso ha atraído bandas de delincuentes a este poblado puneño. No hay día que no haya un asalto o baleado. Esta crónica revela una zona liberada para el hampa, la trata de personas y la insalubridad.

En Puno. El poblado se localiza a 5 mil metros, cerca a la frontera con Bolivia. La minería informal es su principal actividad. Foto: Liubomir Fernández / La República
En Puno. El poblado se localiza a 5 mil metros, cerca a la frontera con Bolivia. La minería informal es su principal actividad. Foto: Liubomir Fernández / La República
Liubomir Fernández

Once de la mañana del jueves 9 de setiembre. Hemos arribado a La Rinconada después de seis horas de viaje, provenientes de Puno. Apenas descendimos del vehículo y se percibe la tensión policial en este centro poblado asentado a más de cinco mil metros sobre el nivel del mar. Los efectivos se trasladaron a Ritty Cucho, un sector ubicado a una hora de caminata desde la delegación policial. Ahí asaltaron una tienda de acopio de oro donde hay un herido de bala. La violencia está normalizada en este asentamiento humano que depende de la minería informal. Explotan oro sin pagar impuestos y sin el cuidado al medioambiente. El Gobierno Regional de Puno tiene la competencia de este tipo de minería, pero renunció a la obligación de fiscalización.

La fiebre del oro atrajo otros males: crímenes, violencia y trata de personas.

Cementerio público. El símbolo de que la calle se ha convertido en una amenaza por la presencia de delincuentes. Foto: Liubomir Fernández / La República

“Acá cumplimos nuestro servicio sabiendo que en cualquier momento tenemos que enfrentarnos a balazos con los delincuentes. Ellos tienen ametralladoras de mano, mientras que nosotros solo pistolas y AKM. No hay día que no haya muertos, asesinados por impacto de bala”, cuenta un policía.

La Rinconada tiene 50.000 habitantes. Es un asentamiento que trepa los nevados de la cordillera oriental donde se encuentran las vetas del metal precioso. En las entrañas de estas cumbres congeladas, se dice, hay tanto oro que a los mineros les faltaría vida para explotarlo. La montaña está bajo el control de la Corporación Minera Ananea, que subarrienda las vetas a los operadores mineros. Estos pueden ser personas naturales y jurídicas. Para explotarlas convocan a cuadrillas de mineros conformadas por perforistas, maquinistas, limpiadores, personal de seguridad, entre otros. No les pagan sueldo, trabajan 15 días para el empleador y lo que explotan los siguientes 15 días es de ellos. A veces encuentran oro, otras veces no. El botín lo venden a acopiadores locales y se reparten el dinero. Esta práctica le permite al obrero de socavón disponer de efectivo. En este poblado hay 300 pequeñas tiendas acopiadoras de oro. El intenso movimiento de dinero atrajo a la delincuencia.

Camuflados en la mina

Según el Frente Policial de Puno, ninguno de los atracos registrados en este asentamiento minero se ejecuta sin soplo. La unidad de inteligencia del Ministerio del Interior concluye que los ladrones se camuflan entre los mineros para obtener información de quienes tienen dinero y la tienda que acopió el mineral.

Oro y préstamos. El intenso movimiento de dinero, por la minería informal, atrae a la delincuencia. Hay mucho peligro. Foto: Liubomir Fernández / La República

Solo en este año desarticularon cuatro bandas, detuvieron a decenas de personas hoy en prisión preventiva e incautaron armas.

Las acciones de represión costaron la vida a Marcial Huanacuni Espillico. Este suboficial se enfrentó a una banda de delincuentes y murió baleado en enero del 2021. Otro de sus colegas quedó herido.

99% de la población es migrante, muchos de ellos llegan con prontuariado. Se visten de mineros para no ser identificados. Con cuarenta efectivos es difícil enfrentarlos, dice el jefe de la X Macro Región Policial de Puno, general PNP Marco Lara Vergara.

“La situación es dramática. Es imposible tener control”, dice.

Aseguró que es imposible enviar más efectivos policiales al centro poblado. Falta infraestructura.

Lara señaló que los ambientes donde trabajan los actuales miembros del orden no tienen ni servicios higiénicos óptimos y hay hacinamiento. El jefe policial indicó que humanamente hacen lo que pueden, pero “hay situaciones que escapan de nuestras manos”, precisó.

Muertes. La PNP dice que situación escapa de sus manos. Foto: Liubomir Fernández / La República

Lara Vergara consideró que la lucha contra la delincuencia no es una tarea exclusiva de la PNP. El municipio de La Rinconada debe controlar bares y cantinas que operan 24 horas. Se estima que hay más de 300. Aquí proliferan menores de edad que hacen de damas de compañía. Los mineros tienen una creencia: a más alcohol y promiscuidad sexual, más oro.

Según la comisaría de la zona, el 90% de atracos se registra luego de que los parroquianos abandonan estos antros. Y si logran evadir el seguimiento delincuencial, son asaltados en la carretera a mano armada.

Pese a su riqueza aurífera, el poblado carece de agua potable y desagüe. Todos los desechos se arrojan a canales y pasajes públicos. Eso origina un hedor permanente en el ambiente.

Los mineros viven en covachas de calamina forradas con triplay en los interiores.

Antes de abandonar La Rinconada, un intento de asalto terminó en una feroz balacera y la Policía Nacional logró detener a Donald Andrés Paredes Vera (57) por homicidio. Se le incautó un arma. Así es la vida en La Rinconada.

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