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Soldados contra la COVID-19

Médicos y personal asistencial en los hospitales llevan el peso de la pandemia. Arriesgan sus vidas y las de sus familias con el virus. Homenaje a estos padres que laboran en el Honorio Delgado de Arequipa.

Personal suele aislarse para no contagiar a los integrantes de su familia. Foto: Oswald Charca/La República
Personal suele aislarse para no contagiar a los integrantes de su familia. Foto: Oswald Charca/La República
LR Arequipa

Zintia Fernández

El director del hospital Honorio Delgado Espinoza de Arequipa, Richard Hernández, señala los bordes envejecidos de uno de los sillones de su despacho. “Ya están desgastados de tantas reuniones. No salíamos de la oficina hasta que nos enviaran el equipo de protección personal (EPP) para todos”, cuenta.

Hernández es médico de este nosocomio, de referencia COVID, desde 2005. Asumió la dirección en el momento más crítico de la pandemia. Entonces su vida cambió radicalmente con jornadas laborales extenuantes. Trabajaba desde las siete de la mañana hasta la madrugada. Casi no veía a su familia para evitar el contagio. Se aisló en una habitación.

Cuando llegó el virus, el hospital estaba en harapos. Faltaba todo: central de esterilización, lavandería, camas UCI, plantas de oxígeno, grupos electrógenos, ect. En cambio ahora, a pesar de los momentos duros, tienen varios soportes, dice mientras acomoda su escritorio. Sobre ella resalta un rótulo con la frase: “Ahora mismo”. El galeno recuerda también que la gestión le trajo problemas con los vecinos del hospital. Instalar los módulos temporales que dan a la Av. Daniel Alcides Carrión generó rechazo de las viviendas cercanas. “Decían que los estábamos exponiendo al contagio”.

Farmacéutico

En el mismo piso donde está la oficina de Hernández, se encuentra el área de farmacia. Valentín Flores Fernández de 63 años recorre los estantes de medicamentos para surtir las recetas de tratamiento. El técnico en farmacia lleva 34 años de servicio. La pandemia le obligó a suspender sus labores en la primera ola. Era vulnerable. Ya vacunado, cuando tenía que retornar al trabajo, su familia le pidió no hacerlo. Su tarea es ardua, a veces escasean los medicamentos y es un dolor de cabeza.

A esa misma hora, Lázaro Gonzales Calcina, de 62 años, limpia una gigantesca olla a presión después de servir el almuerzo para los pacientes. En 38 años de trabajo, solo ha dejado de asistir al hospital 14 días. Se contagió del virus y tuvo que someterse a una cuarentena. “Gracias a Dios no fue grave, pero me asustó mucho”.

Su rutina es habitual. Seis de la mañana ingresa a la cocina para preparar el desayuno y se marcha a las siete la noche, después de asear las ollas gigantes y algunos utensilios.

Antes de que se infecte tomó la decisión de aislarse. Dejó su casa en Mariano Melgar y se refugió en Paucarpata. “También era una preocupación para mis tres hijos, nietos y mi esposa. Como trabajo en el hospital tenían miedo que los contagie”. Hasta hoy continúa viviendo en otro distrito. En el Día del Padre del 2020 solo recuerda estar cocinando mientras los pacientes llegaban en avalancha. “Nadie pensó en celebrar o saludar, era como cualquier día duro”, reflexiona.

Toneladas de ropa

En la única área donde hay música es en Lavandería. Al ritmo “No me resigno a perderte” de Pascualillo Coronado, 14 personas remueven sábanas, mantas, pijamas, batas que en peso representa tres toneladas. Diariamente esta cantidad ingresa a las 09.00 horas y deben estar secas a las 16.00 horas.

Antes de la pandemia, los trabajadores seleccionaban las prendas que llegaban a sus manos. Ahora no las retiran de las bolsas hasta antes de colocarlas directamente en las lavadoras.

Luis Vargas, Julio Landa, Rudy Apaza, Juan Valdez, Joshep Corrales, José Riquelme, Pablo Heredia, Luis Chile, Edwin Llosa, todos padres, integran este grupo. El jefe, Hugo Apaza, recuerda que la muerte de su compañero Onofre Chihuay en setiembre del 2020, afianzó la amistad entre ellos.

“Nos dolió su partida, nos cuidamos en grupo. La mayoría nos contagiamos, hemos regresado después de los 15 días del descanso”, remarca. El homenaje para este puñado de trabajadores que no se rinden pese a la adversidad.

Fuera y dentro de hospital

La seguridad del hospital está a cargo de 50 vigilantes. Entre ellos figura Víctor Vargas, padre de dos niños. Ubicado en la puerta 4, intenta ayudar a familiares desorientados y desesperados por ingresar. “Ver a diario cómo familias de escasos recursos económicos y también pudientes desmoronarse al ver a su ser querido salir en una bolsa negra fue lo más duro para mí. Todo era desconcertante, pero teníamos que estar fuertes”, narra.

Mientras los de vigilancia limitan el acceso al nosocomio, uno por uno, el enfermero técnico Richard Cornejo Ardiles, de 60 años, espera con un carrito las prendas, medicamentos, papel higiénico y encargos para los pacientes de diferentes pisos. En 45 años de servicio, asegura, no ha dejado de asistir a los enfermos, ni siquiera en pandemia. Solo se lamenta de la pérdida de visión que le afecta cada año.

Acomoda las bolsas marcadas con los nombres y responde a las dudas de algunas personas que intentan colar un táper con comida para su paciente. “No estamos recibiendo alimentos”, les aclara. El enfermero manifiesta que también tuvo que aislarse en su casa y comer por separado. Tampoco recuerda la fecha festiva del año pasado. “Pasamos aquí sin ni siquiera notar que era el Día del Padre y vamos a seguir”.

Quien va de un lado a otro es Michael Chambi Canaza. Carga un bidón de desinfectante rocía detrás de un cadáver o de un paciente que es trasladado a otro un piso. “Ahora hay mucho movimiento”, se disculpa antes de retirarse al área de triaje donde fallecieron tres personas.

Este ritmo también lo tiene el jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos, Jorge Quispe Almerón, a cargo de 10 médicos asistentes y seis residentes. Vigilan la evolución de los pacientes. La mayoría se encuentran boca abajo. “Eso mejora la oxigenación y están hasta que el pulmón desinflame”, explica.

Padres realizan una ardua labor en tiempos de pandemia. Foto: Oswald Charca/La República