Un mes y no hay pistas sobre crimen de la hermana Nadia

Misterio. Misionera italiana Nadia De Munari fue atacada en Áncash el 21 de abril mientras dormía y hasta hoy no se esclarece este asesinato que conmocionó al país. La División de Homicidios intenta identificar a los autores. Hipótesis del robo pierde peso.

Víctima. Nadia De Munari tenía 50 años y desde hace 26 realizaba en Áncash su labor social y humanitaria. Era muy querida. Foto: difusión
Víctima. Nadia De Munari tenía 50 años y desde hace 26 realizaba en Áncash su labor social y humanitaria. Era muy querida. Foto: difusión
Óscar Chumpitaz

Con pocas pistas en sus manos, agentes de investigación criminal seguían buscando hasta ayer al asesino de Nadia De Munari, la misionera laica italiana asesinada hace 38 días en Áncash. La voluntaria, de 50 años, quien pertenecía a la Operación Mato Grosso, fue golpeada con un objeto contundente mientras dormía en su habitación de la casa hogar Mamma Mia, ubicada en Nuevo Chimbote.

Los hechos en este asesinato parecen apuntar a una venganza, aunque es poco lo que se tiene hasta ahora.

Los únicos indicios reunidos por la Policía son un supuesto intento de robo, una comba manchada con sangre y una pregunta dando vueltas: ¿la religiosa reconoció a su asesino?

Según conoció este diario, la Policía viene analizando el círculo de amistades de Nadia, buscando elementos que permitan identificar al asesino.

Se defendió hasta el final

Los investigadores dijeron que el o los asesinos habrían aprovechado la poca iluminación que había en el lugar. La hora, el frío y las calles desiertas fueron el marco perfecto para la huida del homicida.

De acuerdo a lo que ha comprobado hasta el momento la Policía, entre la noche y la madrugada del miércoles 21 de abril alguien ingresó a la habitación de De Munari y le destrozó el cráneo con una serie de golpes (supuestamente con una comba y un machete).

Justicia. Es lo que pidió la iglesia el día de los funerales. Foto: difusión

La misionera trató de protegerse, lo que se nota por la fractura en su brazo derecho. Quien la mató tomó dos celulares y escapó, sin siquiera intentar buscar en los cajones donde había dinero.

La misionera no estaba sola en el local donde ocurrió el crimen. Ahí vivían cinco personas. La víctima dormía en el tercer piso, el resto en el segundo.

En un inicio se pensó que el crimen podría tener el robo como móvil. Sin embargo, no existen evidencias de que se hayan forzado las cerraduras.

“Esperamos los resultados de las pocas huellas halladas en la escena”, reveló un agente de la División de Homicidios. Los investigadores no descartan que él o los autores del crimen estén en el entorno de Nadia.

Todo ello hace suponer que “la misionera italiana conocía a su agresor y cuando la víctima intentó pedir ayuda, atentaron salvajemente contra su vida”.

Las jóvenes que residían en la casa hogar han asegurado que no escucharon ningún ruido. Recién se dieron cuenta cuando la misionera no fue al comedor a desayunar.

Robo perdería fuerza

Estas palabras fuertes y de denuncia fueron expresadas ante la Policía por Katia De Munari, prima de Nadia. Ella no está convencida de la hipótesis del robo que salió mal y que terminó en el brutal asesinato, por lo que pidió a la Interpol que intervenga en la investigación.

El testimonio de Lisbet Ramírez Cruz, quien también fue agredida, podría ser crucial. Un factor determinante que podría cuestionar esta pista del robo sería el hecho de que no se tomó el dinero. Frente a esta dinámica, es seguro que quienes mataron a Nadia sabían cuándo y cómo atacar.

El obispo de Huari, Ivo Baldi Gaburri, recordó que Nadia inició su labor social y humanitaria en el distrito ancashino de Llamellín, hace 26 años. Luego fue promovida a Nuevo Chimbote, donde conoció la inocencia y bondad de los niños.

El dato

Pesquisas. La Defensoría del Pueblo exige que se profundicen las investigaciones. La División de Homicidios está en el proceso de analizar huellas y otras evidencias.