“Este virus nos arrasó”: Hellen Ñañez ha perdido a 13 familiares

Óscar Chumpitaz

Luchadora. Hellen Ñañez García tiene a su padre grave en el hospital. "Yo no voy a perder a más familiares", manifiesta. Foto: difusión
Luchadora. Hellen Ñañez García tiene a su padre grave en el hospital. "Yo no voy a perder a más familiares", manifiesta. Foto: difusión

Drama en Pisco. Joven estudiante de psicología, que sufre por la pérdida de sus abuelos y tíos, tiene ahora grave a su padre. “No voy a perder a nadie más en mi familia”, relata a La República.

La ciudad iqueña de Pisco quedó en shock luego de que se conociera que trece miembros de una familia fallecieron a causa del nuevo coronavirus.

“Fue muy doloroso, nos destrozó, nos arrasó”, dice Hellen Ñañez García, estudiante de psicología con un infortunio repentino. Su familia está de luto.

La primera en morir fue su tía Anita Jiménez, hermana de su abuela. Era el 13 de junio del 2020. La tragedia que así empezaba a desencadenarse le nubla a Hellen la memoria: no sabe exactamente a qué hora falleció su tía. Sí sabe que su abuelastro murió en el Día del Padre. Luego -dice- murió el tío Roger, primo de su mamá. También dejaron de existir otros cuatro tíos, dos de ellos hermanos de su papá.

Pero cuando creía que la tragedia había acabado, esta se volvió a ensañar este año con su familia. “Mis tías y mis primos empezaron a enfermar, no pensábamos que el virus podría ser tan agresivo, antes no fue así. Ya ni recuerdo quiénes fueron los primeros en contagiarse. Entonces comenzaron a fallecer: Dora, Lina, Toto, Oto, Teresa, Benjamín (el abuelo)”, recuerda.

Dolor. Lina Ñañez Guerra era una persona muy cariñosa, amable y solidaria. Foto: difusión

Voy a salvar a mi papá

Hellen vive en Pisco y ahora tiene internado a su padre, Guillermo Alejandro Ñañez Guerra (52) en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital San Juan de Dios, en esa ciudad iqueña.

Ella también se contagió de COVID-19, pero logró vencer a la enfermedad. Con esa misma fortaleza viene luchando ahora para salvar a su padre que no sale del estado crítico desde hace dos semanas.

“Yo no voy a perder a mi papá. Él se tiene que ir a casa conmigo. Yo soy su hija mayor y mi bebé lo espera. No voy a perder a nadie más en mi familia, a nadie más”, nos relata.

Recuerdo. Don Alejo, a quien todos en la familia llamaban Papá Viejo de cariño. Foto: difusión

Ella está todo el día en el hospital. “Nosotros estamos destrozados con todo esto que pasó. Jamás imaginamos que nos pasaría una cosa así. Y yo no responsabilizo ni a los médicos ni a las enfermeras porque sabemos cómo trabajan”, sostiene Hellen, quien este año pensaba retomar la carrera de psicología en la universidad.

Y agrega: “Hay una brecha entre la salud que pueden tener ricos y pobres. Al pobre se le asignan menos recursos. Hay mucha gente que tuvo que salir a trabajar, no pudo sostener la cuarentena, y no se pensó en lo que esa persona necesitaba para cuidar su salud, teniendo que salir a trabajar. Los lugares o las obras sociales de los que tienen menos recursos siempre tienen problemas”.

Congoja. Anita Jiménez fue la primera de la familia que dejó de existir en junio del año pasado. Foto: difusión

Gastos, dolor y deuda

Su drama ha conmocionado a los moradores de Ica, y muchos empiezan a solidarizarse.

Según cuenta Hellen Ñañez, su familia ha gastado más de 100.000 soles en tratamiento. Solo ella tiene una deuda de 10 mil soles con un banco y se ha visto obligada a vender jabones de tocador para poder costear los gastos de su padre.

“Los gastos varían entre 80 y 500 soles diarios. A veces recaudo 40 o 60 soles vendiendo jabones”, revela.

Cuenta que el último en fallecer fue su abuelo Benjamín, un maestro de obras de 74 años.

El patriarca. Benjamín, el abuelo. Fue el último que falleció. Foto: difusión

“Me llamaron como a las 10 de la mañana, muchas horas después de su deceso. La mayoría de los pacientes mueren así porque no hay camas”, explica.

Asimismo, señala que en el caso de una de sus tías tuvo que discutir con el personal del hospital porque ese día sí había camas disponibles y ella había llegado con 70 de saturación.

Desesperada por todo lo que está pasando, aseguró también que el personal de salud está agotado y que el trato con los pacientes está cambiando para bien desde que se dio a conocer su drama familiar.

“Es terrible lo que vivimos. Pero no voy a abandonar mis planes ni mis sueños: sacar sano a mi padre del hospital y terminar mis estudios”, sostiene.

Ayuda es insuficiente

“Este virus existe y mata. No es como dicen por ahí, cuando leo que es un invento de Bill Gates para tenernos espiados. Existe y mata”, reflexiona, en un tono de preocupación.

Teresa, la tía más risueña (izquierda). Dora, otra tía de Hellen (derecha). Foto: difusión

Algunos familiares de su padre y personas que no conoce, pero que se han solidarizado con su caso, organizan colectas para ayudar a esta joven en estos días de desamparo. Pero sabe que eso no va a ser siempre así.

“Por eso estoy viendo cómo me las arreglo. Tengo que salvar a mi papá, mantener a mi hija, pagar mi deuda. Yo no voy a abandonar mi sueño de estudiar, voy a hacer lo que les habría dado orgullo a familia”, nos dice Hellen.

E insiste: “A mi padre me lo llevo sano a mi casa”. Ella no pierde la esperanza pese a todo el sufrimiento que vive.