Ausentismo, previsión y consecuencias de la última jornada electoral bajo la lupa

Pamela   Huerta

Aglomeraciones y tiempos de espera para votar habrían incrementado los riesgos de contagio del nuevo coronavirus durante las elecciones. Foto: Antonio Melgarejo/La Republica
Aglomeraciones y tiempos de espera para votar habrían incrementado los riesgos de contagio del nuevo coronavirus durante las elecciones. Foto: Antonio Melgarejo/La Republica

Los peruanos acudieron a las urnas en medio de una segunda ola que cuenta más de 300 muertes por día, cifra que podría agravarse por el ausentismo de una parte de los miembros de mesa y las cuestionables medidas de previsión implementadas por la ONPE.

Llegaba un día decisivo para la democracia peruana y los electores citados en el primer horario de votación -adultos mayores y mujeres embarazadas- acudían a las urnas. Al ser poblaciones altamente vulnerables, debían sufragar entre las 7 y las 9 de la mañana, para reducir el riesgo de infecciones por COVID-19 a un mínimo nivel. Lo que encontraron, sin embargo, fue desorden y caos en medio de una pandemia que ha dejado en la última semana 300 muertes diarias en promedio.

Muchos miembros de mesa brillaban por su ausencia, lo que generaba interminables colas y aglomeraciones. Las quejas venían de varios puntos en el país y el objetivo de asistencia escalonada se venía abajo. ¿Por qué la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) tomó una decisión de esta naturaleza?

Para Fernando Tuesta, sociólogo y exjefe del organismo electoral, esto se debería a que los adultos mayores tienen el hábito histórico de llegar temprano a emitir su voto. Una buena costumbre que no fue valorada por los miembros de mesa, incluso, a pesar del incentivo de 120 soles que por primera vez se les otorgaba.

“Todos los procesos electorales son exactamente iguales, la gente se queja, pero en realidad el problema son los miembros de mesa. Claro, ahora estamos en medio de la pandemia, se han tomado las medidas que se toman en todos los países donde hay elecciones, pero acá corresponde exclusivamente a los ciudadanos”, argumentó.

Privilegios por sobre el deber

Sin embargo, este no fue el único problema, pues otra situación que se repitió en estos comicios fue el nivel de ausentismo de los miembros de mesa en algunos de los distritos más acomodados de la capital.

“Nuestro problema principal son San Isidro, Miraflores, San Borja y Surco. Estamos por debajo del 50% (de mesas instaladas), con más gravedad en San Isidro, donde estamos en un 20%”, indicó Piero Corvetto, actual jefe de la ONPE. Era alrededor del mediodía del domingo, hora límite para la instalación de las mesas de votación.

Largas colas se observaron en los diferentes puntos de votación del país. Foto: Antonio Melgarejo/La República

En contraste con esta realidad, destacaba la responsabilidad de distritos de zonas con menor poder adquisitivo, donde el cumplimiento del deber cívico estaba casi al 100%.

Una de las razones que puede tejerse en torno a este escenario es la capacidad económica. Mientras que un ciudadano de Miraflores tiene mayor posibilidad de pagar una multa, para uno de Comas esto se convierte en una preocupación, más en el actual contexto de crisis que atravesamos.

Pero para Anthony Medina, investigador del Instituto de Estudios Políticos Andinos (IEPA) y director de la escuela de Ciencia Política de la Universidad Católica Santa María (UCSM) en Arequipa, hay un motivo mucho más profundo y es el nivel de compromiso de estos sectores con la política.

Sostiene que los distritos con mayor ausentismo no ven la necesidad de vincularse políticamente porque el actual sistema económico plantea las reglas del juego para cualquiera que asuma el gobierno.

“En el Perú las élites se comprometen muy poco con la política porque tenemos una política hecha por personajes que van desde las clases medias hasta las clases populares. En ese sentido, hay una notoria desconexión entre la élite y la política electoral”, afirmó.

Ante ello, las clases socioeconómicas más bajas deben permanecer a la expectativa de quién resulta elegido porque sus vidas se ven directamente afectadas. Hablamos de cosas más concretas, casi de supervivencia: casa, comida, y por estos días, vacunas.

“Las clases populares se interesan en política porque las decisiones que pueda tomar el próximo gobierno los afectan plenamente. Las personas están preocupadas por saber si van a recibir bonos, si habrá nuevas alternativas para conseguir empleo, por eso su interés por la política es mucho más notorio. Mientras, las clases más acomodadas pueden darse el ‘lujo’ de no participar”, apuntó.

Medidas en cuestionamiento

Pero este ausentismo de los miembros de mesa, sumado a las tardanzas, nos dejaría ver las consecuencias en los próximos días. Esto porque las medidas adoptadas para sacar el proceso electoral adelante no habrían contado con criterios epidemiológicos que planteen una estrategia para prevenir la propagación del coronavirus.

Según el epidemiólogo Antonio Quispe, la ONPE solicitó un presupuesto para recibir asesoría externa y establecer protocolos de bioseguridad en las elecciones, pero finalmente se decidió que lo hiciera el Ministerio de Salud (Minsa).

Adultos mayores acudieron a emitir su voto siendo los más vulnerables a la COVID-19. Foto: Antonio Melgarejo/La República

“Creo que el gobierno ha sido extremadamente irresponsable porque en su momento la ONPE solicitó presupuesto para contratar asesoría externa y lo que decidieron fue que sea el Minsa. Lejos de tomar criterios epidemiológicos como su principal referencia para decidir, han tomado criterios logísticos y económicos para organizar unas elecciones que terminan poniendo en riesgo a la población”, manifestó.

Para el especialista, haber hecho ir a las poblaciones vulnerables en el primer horario ha sido un error. Además, que hayan centrado la atención en el uso individual de lapiceros o pediluvios, medidas que no cuentan con sustento científico, ha reducido los protocolos al “ridículo”. Esto empeorará para él por el hecho de no haber brindado respiradores KN95 a los miembros de mesa, los cuales además de ser económicos, son mucho más efectivos frente a la variante brasileña de la COVID-19 en ambientes poco ventilados.

En diálogo con varios miembros de mesa, estos nos reportaron que entre los implementos otorgados había una careta y un sobre con mascarillas quirúrgicas.

“Nosotros recomendamos que de preferencia usen dos mascarillas los que asisten a votar y que los miembros de mesa lleven tres o cuatro mascarillas porque con el calor que hace transpiran y se vuelven permeables”, afirmó Manuel Loayza, también especialista en epidemiología.

Contagios previstos

Pero, frente a una movilización masiva como la que se dio el domingo, ¿fueron o no suficientes las disposiciones que se extendieron? Para ambos epidemiólogos existe un riesgo latente que podrá verse recién a partir de la siguiente semana.

“Hay dos escenarios, uno más optimista donde se contagia un mínimo de personas y otro más pesimista donde esas personas que salieron de Lima (por semana santa) se contagiaron y fueron a votar. Se teme que esto vaya a incrementar los casos, sobre todo ahora que la variante brasileña se está haciendo cada vez más dominante en Lima, lo cual implica un incremento de casi 40% en la transmisión”, advirtió Loayza.

La masiva movilización no tuvo mayor control y muchas personas incumplieron los protocolos de bioseguridad. Foto: Marco Cotrina/La República

Para Quispe, esta posibilidad es mucho más clara y el único responsable de lo que pueda suceder será el Minsa. Manifiesta que estando en el peor momento de la segunda ola de contagios, hemos agravado la situación con una seguidilla de eventos que se han dado desde la Semana Santa.

“A toda la gente que ha venido contagiada de Semana Santa la han mandado a votar en una movilización de millones de personas. Entonces, no hay duda de que eso va a contribuir a un aumento de contagios y en consecuencia de fallecidos” sentenció.