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Cartas para los pacientes hospitalizados por COVID-19 en Arequipa

Buzón del amor. Una asistenta social del hospital Honorio Delgado ingresa al área COVID y reparte la correspondencia que deja la familia a los hospitalizados. Ella lee los textos de quienes no pueden hacerlo. Una pastilla moral para salir del infierno.

La Republica
El buzón del amor. María Yancapallo retira la correspondencia para entregarla a sus pacientes. Quienes no pueden leer ella transmite el mensaje. Recibe videollamadas.
Juan Carlos Soto

La rutina es casi diaria como este viernes 9 de abril. La licenciada María Yancapallo Vilca camina hasta la puerta 4 del hospital Honorio Delgado de Arequipa. Retira un buzón de madera empotrado en la pared donde se deposita la correspondencia de los pacientes COVID-19 internados en el nosocomio. Lo llaman el Buzón del Amor.

Las cartas las remiten familiares de los convalecientes: hijos, esposos y nietos que empuñan un lapicero y, en una hoja de papel bond, les dicen: “estamos contigo”, “no te derrumbes”, “rezamos por ti”.

Este viernes de tarde, María saca siete sobres, envueltos en bolsitas de plástico, previsión para no contaminarse. Cerca del buzón, en la reja negra de la puerta del hospital, hay un cartelón con algunas pautas para el carteo. Deben consignar nombre del destinario, piso y cama, número telefónico del remitente. Con esa información esencial, esta asistenta social hace su trabajo. Entrega las cartas y las lee si fuese necesario.

Sin embargo, antes de sumergirse en el área COVID, se viste con su equipo de protección personal: casco facial, gorro, guantes, lentes, overol, cuatro mascarillas que le protegen nariz y boca, mandil celeste etc. Sus compañeros de Servicio Social la alientan. Rezan por ella para que no se contamine. Con esa buena vibra llega al pie de la cama del paciente.

“Papa, come, no te preocupes, acá estamos rezando para que te recuperes”. Hay internos que no pueden moverse. Están conectados a una máscara de reservorio para oxigenar su cuerpo. María lee sus cartas. Luego ellos se quedan con el papel marcado por los lagrimones que sueltan los escribas.

“Tienes que ser fuerte, vas a salir adelante, mira que tu hijo ya se curó y está en casa” le han escrito a una anciana que tiene la misiva al costado de la cama. “Para mí es una emoción grande. Es inevitable. A veces, me pongo a llorar con ellos”, dice María sobre su trabajo.

Son misivas sencillas con dibujos de flores o animalitos. “No te preocupes, tu mascotita está bien le estamos dando de comer y a tus plantas las regamos”.

Soporte emocional

La COVID-19 es una enfermedad dolorosa. Los pacientes se sienten solos. No solo reciben los hincones del SARS-CoV-2, también luchan contra los fantasmas, la incertidumbre, el miedo a la muerte. Por eso es fundamental el apoyo anímico de la familia. No solo es una cuestión de medicinas. Ellos necesitan de las pastillas morales del entorno íntimo, dice María Yancapallo. Por el nivel de contagio se prohíben visitas. Entonces pierden contacto. Las cartas suplen esa falencia. Solo algunos se quedan con sus celulares para mandar mensajes de WhatsApp o videollamadas.

Pero a veces esos mecanismos de comunicación no ayudan. Las videollamadas son muy emotivas. Los familiares transmiten su emoción y ansiedad en la pantalla. En cambio, en la escritura, las angustias pueden modularse.

Pero hay videollamadas, las recibe la misma María en una hora coordinada con la familia. Ayer sábado volvió a entrar al área Covid. El paciente tenía gran daño pulmonar. Sus familiares lo alentaban. Él solo los escuchaba. Inevitable no llorar.

¿A quién se le ocurrió la idea de implementar este servicio? La jefe de Servicio Social, Gaby Ballón admite que fue la misma María Yancapallo quien presentó el proyecto. A la dirección del nosocomio le pareció una buena idea y la aprobaron.