A un año de la COVID-19: sacerdote Nuñez, la historia de esperanza en tiempos de pandemia

Estuvo casi 40 días en UCI, dos meses hospitalizado y varios meses en recuperación. Hoy, el párroco Luis Nuñez narra su experiencia frente a la COVID-19 y expresa su esperanza de que todo mejore.

El padre Luis Núñez del Prado fue el primer paciente con COVID-19 que fue internado en cuidados intensivos de un hospital. Foto: La República
El padre Luis Núñez del Prado fue el primer paciente con COVID-19 que fue internado en cuidados intensivos de un hospital. Foto: La República
Denisse Torrico

Como si presintiera lo que iba a ocurrir, el párroco Luis Nuñez del Prado leía sobre los casos de COVID-19 en Wuhan e Italia con cierta familiaridad. Días antes de anunciarse el primer caso, él ya conocía los síntomas de este virus, pero no fue hasta tiempo después que los vivió en carne propia.

El viernes 6 de marzo, exactamente hace un año, el sacerdote de la parroquia San Gabriel Arcángel de Villa María del Triunfo prendió su televisor. En apenas un mensaje de cuatro minutos, brindado por el presidente de ese entonces Martín Vizcarra, escuchó la confirmación del paciente 0 y el inicio de una pandemia que ha provocado cerca de 1 400 000 infectados y más de 47.400 decesos.

Las palabras utilizadas aún resuenan en su cabeza y recuerda el sentimiento de precaución que lo albergó en ese momento.

Nunca imaginó ser parte de la lista de infectados por el nuevo coronavirus. Sin embargo, cinco días después, el 11 de marzo del 2020, se convirtió en el primer paciente con COVID-19 internado en cuidados intensivos de un hospital público.

Tenía todos los síntomas. Cansancio, fiebre, dolor de cabeza. No podía subir las escaleras, parecía un anciano. Me quedé más de una vez en la mitad de unas escaleras para descansar y luego subir unos escalones y otra vez descansar”, narra el religioso, quien desde ese momento ya había iniciado su batalla contra este enemigo invisible.

Se contagió cumpliendo su labor. Recuerda haber atendido a un joven que había llegado del extranjero y que necesitaba un consejo. A pesar que este presentaba una tos y otros síntomas similares a un resfriado, no dudo en brindarle su apoyo.

“Un joven de 35 años me fue a visitar. Me pidió si podía escucharlo, él venía de Estados Unidos. Tenía una ‘gripe muy fuerte’, pero no me amilané. En ese momento no teníamos tapabocas y fue ahí que contraje la COVID-19”, cuenta el párroco de 48 años de edad.

Días después iniciaría su camino a la hospitalización. Según señala, aún con síntomas leves, acudió a diferentes nosocomios en búsqueda de ayuda. No fue hasta que asistió a una clínica que le dieron la terrible noticia: tenía el nuevo coronavirus.

Ya con un delicado estado de salud, fue trasladado al Hospital Rebagliati, donde ingresaría al área de cuidados intensivos durante casi 40 días. No obstante, estuvo internado en el centro de salud alrededor de 2 meses.

Un milagro y la recuperación

“Cuando desperté miraba a todos lados. Fue una emoción grande”, así inició nuevamente la vida del padre Luis Nuñez.

Despertar fue para él un milagro. Recuerda haber rezado junto a los médicos que lo salvaron. “Hicimos una oración por ellos”, menciona.

El 4 de mayo del 2020 fue dado de alta. Lo peor ya había pasado, pero aún faltaba un camino largo por recorrer. Producto de la enfermedad, perdió el 60% de la masa muscular y tuvo otras secuelas que necesitaron de varios meses de terapia.

“Era muy doloroso, no podía caminar, dependía de los demás”, narra. Hoy, casi un año después de haber superado la enfermedad, está más optimista que nunca.

“Gracias a Dios me he recuperado favorablemente en todo. Agradezco a los médicos y personal sanitario que día a día se donan, se dan totalmente. Ahora ya estoy listo para empezar otra vez en el ámbito pastoral”, anuncia.

A pesar de su alegría por volver a sus labores religiosas, él sabe que reinfectarse es una posibilidad. Por eso, cumple estrictamente los protocolos de bioseguridad como el uso de mascarilla, lavado de manos y distanciamiento social.

Asimismo, insta a los demás a seguir cuidándose y pide apoyo de las autoridades para que el oxígeno no vuelva a faltar y se ayude a los más necesitados.

“Estamos viendo como muchas personas se están muriendo. ¿A cuántos hemos perdido? Por eso yo les exhorto a los jóvenes. Les digo: ‘Por favor, si ustedes aman a sus padres o familiares, sean más responsables” , comentó.

Pese al contexto que vivimos, sigue confiando que todo mejorará. Escucharlo hablar es llenarse de esperanza y creer que esta pandemia se podrá superar.

“No podemos desfallecer. Tenemos que seguir luchando y vamos a ganar. Nuestra raza peruana es muy fuerte, muy valiente. Tenemos una cultura de muchos siglos. Esto no nos va a amilanar. Hemos salido de otras circunstancias muy difíciles. Yo sé que vamos a salir de esta situación”, señaló con emoción.

Médicos siguen luchando contra la pandemia

A un año de iniciada la pandemia, 368 médicos han fallecido y más de 13.073 han dado positivo a la COVID-19. Es justamente el personal sanitario quien lucha a diario contra este virus mortal. Todo esto durante largas horas de trabajo, alejados de su familia, con miedo e incluso exponiendo su propia salud.

Mario Candiotti, médico intensivista del Hospital Loayza, asegura que su labor no es nada fácil. Deben batallar contra el SARS-CoV-2 en primera línea, aunque son vulnerables a contagiarse en cualquier momento.

“Muchos amigos han muerto, muchos han caído contagiados. Me incluyo. Muchos hemos sobrevivido. El problema es que quedamos un poco débiles. Hemos salvado mucha gente, muchas vida”, narra.

Al galeno le ha tocado vivir múltiples situaciones difíciles. No solo ha visto llorar a cientos de familiares la partida de sus seres queridos, sino también ha sido testigo de cómo han muerto sus propios colegas.

“Compañeros muertos, gente que se despedía de su familia llorando, gente que nos amenazaba por el deceso de un pariente”, menciona.

Candiotti, además, fue uno de los primeros en inmunizarse con las vacunas de Sinopharm. Dice haber sentido esperanza y cree que esta es la herramienta que necesitamos para derrotar a esta pandemia.

“La única forma para controlar esto es la vacunación, la cual debe ser universal y debe ser en una sola etapa. No vale la pena vacunar un grupo ahora y que otro se quede sin ser inmunizado, porque esto va a provocar mutaciones y esta vacuna no va a servir de nada”, comentó.

Al igual que el médico intensivista, el decano del Colegio Médico del Perú, Miguel Palacios Celi, considera la vacunación como la mejor opción. No obstante, considera que aún necesitamos mejorar en este proceso.

“Siendo Perú uno de los mejores países de Latinoamérica en vacunación masiva de personas, vemos que lo que está ocurriendo en este momento es que a pesar de que hay vacunas, estas no pueden ser aplicadas con facilidad. Hay una enorme dificultad para vacunar a la población”, comenta.

Denuncia que más de 16.000 médicos, entre jubilados, cesantes y personal sin contrato, no han sido considerados en el padrón del Minsa. Es por ello que su institución ha iniciado una campaña para la inoculación de dicha población.

“Nosotros hemos podido reunir alrededor de 16.000 médicos. Hoy empezamos a vacunar a los médicos olvidados, los que no estaban en el padrón del Minsa. Ahí tenemos médicos jubilados, cesantes o jóvenes que no trabajan para ninguna institución, pero que venían laborando como CAS, pero no están registrados”, menciona.

Perú ya inició la inoculación del personal médico y continuará con los adultos mayores en las próximas semanas. Una luz de esperanza entre tanto dolor y sufrimiento de nuestros compatriotas