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Transporte en la mira por coronavirus: mal uso de barbijo y miedo a contagios

Óscar Chumpitaz

ochumpi

23 Feb 2021 | 13:28 h
Pese al peligro que representa, choferes llevan protectores faciales para prestar a los pasajeros. Foto: La República
Pese al peligro que representa, choferes llevan protectores faciales para prestar a los pasajeros. Foto: La República

Los especialistas dicen que las combis y los taxis colectivos son propicios para la propagación del virus. El relato de una enfermera que viaja a diario desde Mala a Cañete deja al descubierto la negligencia de algunos transportistas y usuarios.

Guadalupe Bravo no cierra los ojos por nada. Sigue el movimiento del cobrador que se apoya en un tubo donde hay 5 protectores faciales, cerca de la puerta. El hombre que lleva la mascarilla debajo de la boca y acaba de rascarse la nariz. Ella protesta: “no cumples las medidas de seguridad”, le dice. Son las 6.45 de la mañana en la combi Mala-Cañete. Muchos duermen, ella mira.

Solo va un pasajero por asiento pero el pasaje subió el 110 %. Los protectores faciales que llevan los transportistas son para obligar a los usuarios que no tienen a usarlos y evitar una multa.

Esta vez subí a esos colectivos mirando cómo se comportan las personas que hay alrededor y evitando tocar manijas y pasamanos. Si lo inevitable ocurre, llevo el alcohol en gel, desinfectó el celular y el dinero para el pasaje. Uno se desplazan todavía más alerta con overoles y botas de plástico desechables.

“Por un lado me parece bien que la gente trabaje, porque es necesario. Además me doy cuenta que no están paseando, sino que van a sus empleos, pero por otro lado, me está costando horrores viajar”, nos dice Guadalupe.

Su recorrido se repite de lunes a sábado. Ella es enfermera. Desde el inicio estuvo expuesta: en marzo integró uno de los primeros equipos que atendió pacientes infectados con COVID-19 en Imperial, Cañete.

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Hoy, con transmisión comunitaria, los casos siguen y van en aumento. Unos bajan en Asia, otros en Puerto Fiel. En el camino, sin embargo, van apareciendo más pasajeros.

“El transporte público, formal e informal, es uno de los principales vectores de contagio” es un enunciado repetido. Se escucha en boca de todo el mundo.

Este tipo de servicio está prohibido bajar la circulación del virus y evitar un colapso sanitario, pero los informales aparecen en distintas rutas Lima-Cañete, Lima-Canta, Lima-Huaral, etc.

Mientras tanto, en el medio están los pasajeros, como Guadalupe que lleva un neceser de desinfección encima, baja las ventanillas para garantizar la ventilación y se indigna cuando ni siquiera hay responsabilidad individual.

“Muchas personas, en especial los hombres, no cumplen con las normas de bioseguridad. Llevan mal puesta las mascarillas, algunos hasta en la frente como vincha. Pareciera que para ellos no hay peligro”, nos dice.

De retorno, otro caso: Dos señoras que suben al colectivo frente al bulevar de Asia con una bolsa con una torta y cervezas. Es obvio que van a reunirse y su acción viola la cuarentena.

A horas de decidirse si se amplía la cuarentena focalizada se mantiene la misma pregunta que existe desde el 1 de enero: cómo se debe movilizar a personas que salen a trabajar en provincias, sin convertir ese espacio de traslado en un escenario de contagio.