Ollas comunes serían vitales de haber un nuevo confinamiento, pero siguen olvidadas

No repetir los errores del pasado. En pleno inicio de la pandemia, cientos de familias formaron estos grupos ante la falta de recursos y el abandono del Estado. Hoy solicitan que las empadronen para que reciban ayuda inmediata y no dependan solo de donaciones.

Una necesidad. Las ollas comunes promovieron la solidaridad en las zonas más populares de Lima. Muchas familias no murieron de hambre por ellas. Foto:  Antonio Melgarejo/La República
Una necesidad. Las ollas comunes promovieron la solidaridad en las zonas más populares de Lima. Muchas familias no murieron de hambre por ellas. Foto: Antonio Melgarejo/La República
Ángela  Valdivia

En un intento por detener la expansión del virus, en marzo del 2020 se decretó una cuarentena de 15 días que terminó por alargarse durante meses. Esto trajo consigo desempleo y, por ende, pobreza y hambre. Banderas blancas empezaron a aparecer en distintos lugares de Lima: eran un pedido de auxilio, pues la gente no tenía qué comer ni tampoco podía salir.

Es así como vecinos de toda la ciudad se juntaron y organizaron ollas comunes, compartiendo lo poco que tenían para alimentarse. Así se multiplicaron.

Hoy no existen cifras oficiales de cuántas hay, pero todavía existen varias que piden donaciones para subsistir. Estas serían vitales de aprobarse un nuevo confinamiento nacional para evitar que se disparen los casos de Covid-19. No obstante, siguen olvidadas por el Estado.

A recoger experiencias

Madoly Alejandro, una estudiante que es dirigente en la Comuna 18 en Villa Mosha de San Juan de Lurigancho, recuerda que el 8 de junio del 2020 recibió la llamada de una niña de la zona. La menor y sus cinco hermanos vivían con su madre, una mujer que antes de la pandemia se dedicaba a vender en la calle.

La niña la llamó desesperada: sus hermanas no tenían qué comer. Así, una comitiva fue a ver cómo podían apoyar. Empezaron con brindarle alimentos, pero la menor les pedía que implementaran una olla común. ’'Así tendríamos un plato para llevarnos al estómago”, decía.

Apoyo. Pese a las necesidades, las madres pusieron todo de sí. Foto: Antonio Melgarejo/La República

Esta frase motivó a la universitaria y dos días después se realizó la primera olla común en Villa Mosha. Al principio contaron con el aporte de otra dirigente, pero con el paso de los días tuvieron que recorrer los mercados para pedir donaciones. Pero Madoly no se quedó con los brazos cruzados y buscó apoyo en internet hasta que encontró la campaña ‘Adopta tu olla’ de la Municipalidad de Lima. Víctor Quinteros, representante de la comuna, explica que hay distintas formas en las que ayudan: a través de donaciones por un tiempo determinado que recibe la Fundación Lima, el ente receptor con el que trabajan; y también brindan capacitaciones de administración y valor nutricional.

Hasta el momento han apoyado a 138 ollas comunes, pero aún hay 732 esperando donaciones. Estas últimas se encuentran registradas en la página web de la municipalidad, en la que están los datos de las dirigentes para hacer una donación directa si se prefiere.

María Solórzano, junto con otras madres de familia, comenzaron a preocuparse cuando la pandemia se inició, pues no había trabajo y nadie podía salir de su casa. Esto llevó a las vecinas de los Jardines de la Quebrada, en Carabayllo, a organizarse y donar los pocos víveres que tenían para armar una olla común.

María cuenta que ahora brindan desayuno cuando disponen de avena y fruta, pero lo que sí está asegurado es el almuerzo. Todos los días se reparten entre 120 y 150 raciones.

Cada plato cuesta S/ 1,50, pero hay vecinos para quienes es imposible pagar y no les cobran, por ejemplo, los adultos mayores que viven solos.

Necesitan más apoyo

La labor no es sencilla. Las madres se levantan a las 4 a.m. para preparar los desayunos y después siguen con los almuerzos. Los platos casi siempre son insuficientes, pues la necesidad es grande e incluso las propias personas que cocinan pueden quedarse sin comer. Ella explica que pese a que se ha levantado la cuarentena y algunos padres ya salen a trabajar, esto sigue siendo escaso, por lo que muchas veces regresan luego de haber gastado más en pasajes.

Mientras tanto, María espera que las donaciones incrementen, debido a que aún hay mucha gente que lo necesita para alimentarse cada día. El Ejecutivo y los municipios deben priorizar estas prácticas.

Ardua labor. Familias preparan alimentos desde temprano. Foto: Antonio Melgarejo/La República

Buscan oficializarlas

El mes pasado, la Mesa de Seguridad Alimentaria de la Municipalidad de Lima lanzó la campaña ‘Ollas contra el hambre’, la cual busca que estas sean reconocidas por el Estado como organizaciones de base de carácter temporal, a fin de que el Gobierno las empadrone y destine recursos para mantener su vigencia durante el 2021.

Así, se espera también que las ollas comunes sean incorporadas en el programa Hambre Cero, que forma parte de las prioridades del actual gobierno y que será diseñado por los miembros del Acuerdo Nacional, el Congreso y el Ejecutivo.

Desde los asentamientos humanos de Lima, las diversas lideresas, como Madoly y María, esperan solo una mano.

Claves

La campaña ‘Ollas contra el hambre’ brinda a todos los ciudadanos una página web: www.ollascontraelhambre.pe, en la que se encontrarán tres formas de participar.

En diciembre, el Congreso aprobó un proyecto de ley que promueve las ollas comunes.