Educación sin diagnóstico: dudas en docentes y los retos del año escolar 2021

Alexis Revollé

Hasta el momento no hay indicadores certeros sobre la calidad del aprendizaje en 2020. (Foto: difusión)
Hasta el momento no hay indicadores certeros sobre la calidad del aprendizaje en 2020. (Foto: difusión)

Autoridades aún no han evaluado la calidad de la enseñanza que se alcanzó en 2020. Especialistas señalan que, sin este análisis, es imposible mejorar medidas del Minedu en materia escolar, luego de que algunas de ellas (como el paso automático de grado) generaran controversia entre los docentes.

El profesor Félix Delgado lleva veinte años dedicado a la docencia. Desde hace cinco es maestro en un colegio particular de Pueblo Libre, donde dicta el curso de Ciencia y Tecnología (CT). Durante el 2020, su labor se limitó al espacio de la sala de su casa, donde fue implementando herramientas para facilitar el desarrollo de sus clases. Nunca antes pasó tanto tiempo frente a una computadora como lo hizo el año pasado. Recuerda que las exigencias de sus estudiantes lo llevaron a aprender tanto o más de lo que enseñó, aunque la frustración también estuvo presente.

“Al inicio fue muy difícil. Yo nunca había usado Zoom, no asimilaba cómo los chicos iban a entenderme solo mirándome en una pantalla. Digamos que soy de esos profesores que se mueven mucho en el aula, que van de un lado al otro para explicar. Me costó bastante, pero con el tiempo fui acostumbrándome”, relata Delgado.

El docente afirma que varios de sus colegas pasaron por el mismo proceso, a veces con más resignación que ilusión, aunque todos con el objetivo de seguir impartiendo clases. Sin embargo, en el camino muchos se sintieron abandonados. A los constantes anuncios de reducción de salarios, se sumaron las complicaciones propias de un sistema aún incipiente de educación a distancia.

“Era mayo y no sabíamos muy bien qué iba a pasar en los otros meses. Se hablaba de recorte de personal, de bajarnos el sueldo a la mitad. Mis colegas de otros centros educativos me contaban que estaban en las mismas. Era todo muy incierto y nosotros teníamos que seguir con las clases mientras eso pasaba. Las clases tampoco eran fáciles porque los chicos no entraban, otros sí pero no prestaban atención, y entonces uno tenía que redoblar esfuerzos en la clase sincrónica”, narra el maestro.

La gota que derramó el vaso, según Delgado, fue la disposición del Ministerio de Educación (Minedu) que permitió a todos los estudiantes matricularse en el grado siguiente una vez terminado el año escolar. “Nos dijeron: todos pasan de año, y en ese todos evidentemente estaban los chicos que no estuvieron en buena parte de las clases. Para nosotros fue como si recortaran nuestras facultades como docentes”, explica.

Ahora, Félix Delgado prepara lo que será el año escolar 2021. Tiene expectativas altas, pese a los apuros del año pasado. “Con todo lo que aprendimos creo que este año puede ser muy provechoso. No sabemos todavía cómo va a ser la interacción con los chicos, solo virtual o semipresencial. Queremos que salga bien, y esperamos que las medidas del Gobierno nos ayuden a hacer mejor nuestro trabajo”, reflexiona.

Análisis pendiente

Para evitar escenarios de insatisfacción docente, urge que las autoridades cuenten con un balance de lo conseguido por el sistema educativo el año pasado. La experta en políticas educativas y directora para Latinoamérica y España de Mangahigh, Carla Gamberini, enfatiza la necesidad de este diagnóstico.

“Ya teníamos una crisis de aprendizaje, pero Perú no ha medido si en 2020 se ha incrementado. No hemos tenido pruebas nacionales ni muestrales. Solo unas llamadas telefónicas que hizo el Minedu para saber si la gente estaba o no viendo Aprendo en Casa. Por más terrible que sea el panorama, hay que hacer esa medición, para tener una data efectiva con la cual construir. La política pública tiene que hacerse con data”, apunta.

La especialista, quien además es cofundadora del portal mas-educacion.pe, precisa que dar inicio a ese análisis es vital para afrontar los retos que plantea el inicio del año escolar, en menos de dos meses. Un proceso que ya han emprendido otros países de la región. “Por ejemplo, Chile sí hizo esa medición junto con el Banco Mundial. Se comprobó, con una medición muestral, que la educación a distancia solo salvaba entre 12% y 30% del año en aprendizaje. Es decir, se estaba perdiendo aprendizaje”, agrega.

La tarea, con todo, deberá ser asumida por el Gobierno de transición y continuar con el cambio de autoridades programado para julio. Todo un entramado de cuestiones aún por resolver, del cual dependerá, a la larga, el grado de satisfacción de docentes y estudiantes.

“Es normal que la ciudadanía esté ahora preocupada en no enfermarse y enfocada en asuntos de salud, pero la educación es un campo que jamás debemos perder de vista. En tres meses hay elecciones y lo último que debemos hacer es darle espacio a gobernantes que no tengan a la educación como una de sus prioridades. Hay que tomar todo lo malo que dejó el 2020 y pasar a la acción. Lo primero y más importante: fortalecer la educación pública. También hay que dar herramientas a la privada, mediar entre padres de familia, administradores de escuelas, maestros y estudiantes. Los niveles de insatisfacción que vimos el año pasado no pueden repetirse”, concluye, por su parte, el investigador y politólogo Eduardo Núñez.

Dadas las circunstancias que atraviesa el país y a la luz de que la pandemia de la COVID-19 está todavía lejos de desaparecer, pensar en la educación parece un asunto difícil. Pese a todo, será la ciudadanía quien decida el futuro de las riendas del Ejecutivo en la segunda mitad del año, y con ello el futuro del sistema educativo. Según los especialistas, hay asuntos clave que no pueden pasar desapercibidos.

“La educación es urgente en el debate. Hay que sostener las políticas que funcionan, como la reforma magisterial, la Ley Universitaria, programas pedagógicos. Otra clave importante es la transformación digital de la educación, lo cual pasa por dar condiciones para el aprendizaje híbrido, presencial y virtual. Para ello necesitamos mejorar la conectividad, dotación de equipos y formación de competencia digital en docentes y estudiantes. Y la tercera prioridad es el docente”, explica Gamberini.

Medida excepcional

En octubre pasado, el Gobierno del expresidente Martin Vizcarra determinó que todos los estudiantes escolares que cursaron el año de manera remota tendrían una promoción al grado siguiente. Los que obtuvieron notas insuficientes lo harían de manera guiada, de modo que nadie se perdería el año escolar. La medida se dispuso mediante la Resolución Viceministerial N° 193-2020-MINEDU y entró en vigencia ese mismo mes.

¿Qué ha significado esto para las y los docentes? Mientras algunos tomaron la iniciativa con descontento, otros la recibieron de buena manera. En suma, se trató de una medida de excepción cuyos mecanismos tendrán que evaluarse en los siguientes meses. En tiempos de pandemia, potenciar la calidad de la enseñanza y del aprendizaje es un desafío que enfrenta tanto educación pública como privada.

“Yo entiendo la medida del Minedu en el sentido que muchos estudiantes no terminaron de adaptarse a la modalidad virtual, y me parece bien que se les dé facilidades. Sí tuve compañeros que se mostraron en contra, pero también puede ser porque nadie nos consultó sobre esa propuesta. A lo mejor deberían tomar en cuenta también nuestra visión sobre ese tipo de medidas”, sostiene la maestra Rosa Sofía Robles, quien se desempeña como tutora y profesora de matemáticas en un colegio privado del Callao.

Para ella, el gran problema central es la comunicación. “Las autoridades deben entender que los maestros no solo somos el Sutep o los profesores del sector estatal. A mí nadie me pidió una opinión sobre cómo debía ser el dictado de clases en pandemia, la evaluación, el seguimiento de las competencias. Sería bueno que se incluyan mecanismos para que, de algún modo, todos los maestros hagamos oír nuestras voces, sobre todo ahora que todo está cambiando”, señala la docente de 53 años.

Desde 2016, Robles dirige un proyecto llamado EnseñAcción, con el que busca generar discusiones entre docentes sobre el futuro de la educación en el país. A partir de su experiencia, la maestra afirma que la emergencia sanitaria, con todos sus males, puede ser también un punto de partida para una nueva enseñanza escolar, enfocada ya no tanto en la trasmisión de conocimientos, y en cambio sí en la interacción horizontal entre estudiante y profesor.

“He tratado de vivir el 2020 con optimismo mientras dictaba mis clases. Mis alumnos también han sentido el remezón del cambio y es una época complicada. Yo siempre les digo que debemos avanzar juntos, que ellos y yo debemos estar atentos a las necesidades del otro para no perdernos. Creo que se puede hacer reformas importantes si empezamos a trabajar en conjunto con los que están al mando”, afirma.

Controversia

Para Núñez, la medida del Minedu que aseguraba la promoción de año para estudiantes debió ser complementada con un programa de capacitación docente a fin de estimular el consenso.

“Si vas a tomar una decisión así, tienes que empoderar al maestro, darle las herramientas para que sienta que su trabajo sí está siendo valorado y que no está perdiendo su capacidad de exigencia. La ligereza con la que se tomó la educación durante el 2020 fue sorprendente. Sin duda, la prioridad era la salud, y por eso era necesaria la modalidad remota. Pero, ¿luego qué? ¿Se hizo algún esfuerzo para que no se pierda la calidad educativa? Las clases por televisión y la invitación a que los padres que no pudieran pagar pusieran a sus hijos en un colegio estatal, no han sido ni por asomo suficiente”, menciona Núñez.

Asimismo, Gamberini sostiene que la medida es importante en un contexto como el de nuestro país, donde no todos tienen las mismas oportunidades de acceso a la educación a distancia.

“Tomando en cuenta que más del 30% de chicos no tenía acceso a alguna plataforma online, ni televisión ni radio, que fue la cifra que el Minedu publicó, no creo que esta medida esté mal. Estoy de acuerdo en hacer que la evaluación de todo el 2020 se vea como un proceso hacia el 2021, pensando en esta brecha que ha habido y en que no tenemos indicadores reales para medir el aprendizaje. Pero entiendo también la posición de los docentes que están en contra, porque han notado una labor mucho más intensa”, precisa Gamberini.

Pese a la controversia, los especialistas coinciden en que la medida fue acertada en el contexto de la crisis sanitaria, y enfatizan que para reevaluar la implementación de esta y otras disposiciones para este año, cobra aún más relevancia ese diagnóstico que ofrezca luces sobre lo sucedido con la educación en 2020. Una labor urgente que se sigue esperando.