Año de la peste y lo que dejó en el sur

El 2020 será un año que golpeó a todos. Unos perdieron a familiares, otros se contagiaron y una cifra no menor perdió el trabajo o le redujeron el sueldo. Arequipa se convirtió en el centro de la pandemia, en menor grado sufrieron Cusco, Moquegua, Puno y Tacna.

Arequipa se convirtió en el epicentro de la pandemia, los enfermos que no podían llegar a los hospitales morían en la calle. Créditos: Oswald Charca-La República.
Arequipa se convirtió en el epicentro de la pandemia, los enfermos que no podían llegar a los hospitales morían en la calle. Créditos: Oswald Charca-La República.
José Víctor Salcedo

El 2020 fue un año trágico. El virus de Wuhan dejó muerte, contagiados con graves secuelas de salud, empresas quebradas, caída del PBI regional, miles de desempleados y más pobreza.

Desde el 16 de marzo, cuando inició el estado de emergencia vigente hasta ahora, la pandemia paralizó el mundo.

El golpe mortal llegó al sur con retraso. La ola más importante se produjo en junio, julio y agosto. Pese al retraso, las autoridades no evitaron el colapso de los hospitales y tampoco gestionaron la instalación de plantas de oxígeno. Las escenas más terribles corresponden a pacientes agonizando en la puerta de los hospitales sin atención, en sus casas o en las calles.

La escena explícita del sistema hospitalario desbordado lo protagonizó Celia Capira. El 19 de julio, esta madre de familia corre tras el vehículo del entonces presidente Martín Vizcarra clamando atención para su esposo, quien finalmente muere días después. “¿Por qué lo dejan ir (por Vizcarra)? Mucha gente se está contagiando, ¿por qué no apoyan? Yo tengo a mi esposo mal”, gritaba sollozando la mujer. En Arequipa, hasta ayer, murieron 2.370 personas según las cifras oficiales, se contagiaron 149.220, mientras que 55 permanecen conectadas a un ventilador en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).

En Cusco, el coronavirus dejó 1.319 fallecidos y 77.647 contagiados, de los cuales casi 5.000 requirieron hospitalización. En la lista de difuntos figuran el ex alcalde cusqueño, Ricardo Valderrama y el antropólogo Jorge Flores Ochoa.

En Tacna, 681 perdieron la vida y 23.812 se infectaron. En Puno se contabilizaron 803 fallecidos y 36.930 contagiados. La situación era tan crítica que llenar un un balón de oxígeno medicinal en las distribuidoras locales demoraba tres días.

Subregistro de muertes

Las cifras de muertes corresponden a la contabilidad del Ministerio de Salud. Pacientes a quienes se les tomó una prueba y dieron positivo al COVID-19. Sin embargo, hubo un número importante de enfermos que fallecieron en sus casas o en la calle. Esos no figuran en la estadística oficial. Hay un subregistro de muertes que aparece evidenciado en el Sistema Nacional Informático de Defunciones (Sinadef) . Este sistema registró un incremento inusual de muertes si se le compara con el 2019. Sobre todo eso ocurre en Arequipa. En julio de 2020, este sistema registró 2.547, una cifra que cuadruplica el promedio mensual: (577). Hay dos mil más. Pudieron haber muerto por el virus de wuhan u otros males que no se atendieron debido a la saturación de hospitales. Moquegua cerró aquel mes con 288 decesos, cinco veces más que las cifras previas a la pandemia. Mientras que Cusco y Puno no se sintió tan claro, pero hubo un aumento de entre 10 y 15%.

Está pendiente un sinceramiento de las cifras de fallecidos.

La cuarentena

La paralización de la economía generó despidos masivos y la aplicación de la suspensión perfecta en cientas de empresas. Tras la cuarentena, los desempleados apelaron al comercio ambulatorio.

El Gobierno Regional del Cusco informó que alrededor de 60.000 empresas (32.3%), de las 124.912 registradas y habilitadas por SUNAT, dejaron de operar, la mayoría ligada al sector turismo.

El director Regional de Trabajo, Javier Vega, precisó que la tasa de desempleo en 2019 fue de 1.9%. En 2020, subió a 28%: más de 300 mil cusqueños se quedaron sin trabajo.

En correlación con esto, la Dirección Regional de Comercio Exterior y Turismo (Dircetur), precisó que más de 120.000 cusqueños dedicados al turismo perdieron su empleo. Actualmente, con la reactivación del sector, se han recuperado 20.000 puestos.

En Arequipa, el rector de la Universidad Católica San Pablo, Germán Chávez, estima que la pobreza monetaria subiría de 12% al 19%. Mientras que la pobreza medida por necesidades básicas insatisfechas, de acuerdo a datos del Instituto de Estudios Peruanos, aumentará de 16.5% a 25%. “Son siete puntos y tomaremos varios años en poder recuperar”, refirió Chávez.

En Tacna, la informalidad laboral alcanzaba el 74.2% de la población económicamente activa (PEA) antes de la pandemia. Según la Red de Observatorios Socioeconómicos Laborales, el 44,3% de la PEA se desempeña en la rama servicios, que incluye negocios como restaurantes, hoteles, transporte, almacenamiento y comunicaciones; establecimientos financieros y seguros; servicios personales y hogares. Mientras un 24,1% lo hacía en la rama comercio.

La pandemia afectó dos ramas: comercio y servicios. La mayoría de restaurantes en el centro histórico cerraron y optaron por brindar el servicio de delivery. De los hoteles categorizados solo alrededor de 20 lograron abrir sus puertas al público hasta setiembre. Los centros comerciales, mercadillos y ferias sí han abierto, pero salvo en festividades como Navidad, sus pasillos lucen con poco público.

Banderas del hambre

Las banderas blancas simbolizaron el hambre y la carencia durante la pandemia en asentamientos humanos y zonas periféricas de las ciudades, mientras que las ollas comunes alimentaron a los pobres y nuevos pobres.

Cada región registró un aumento del número de pobres. El economista Pablo Villa Incanttito explica que una persona es considerada pobre cuando no puede comprar una canasta alimentaria que supere los S/ 352 al mes, es decir, S/ 11,73 diarios, y por familia S/ 1.408 (considerando cuatro miembros).

LR PODCAST: Escucha el Informe Matinal del 1 de enero del 2021

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