Ventilador manual volumétrico: el invento peruano para ayudar a pacientes de COVID-19

Conversamos con el ingeniero Bruno Castillón, ganador del Concurso Nacional de Invenciones 2020 del Indecopi, sobre este innovador producto.

Bruno Castillón, ganador del Concurso Nacional de Inventos 2020 de Indecopi. Foto: PUCP.
Bruno Castillón, ganador del Concurso Nacional de Inventos 2020 de Indecopi. Foto: PUCP.
David Amez

Aunque la COVID-19 no discrimina en cuanto a su contagio, sí desnuda las diferencias sociales de sus víctimas y las brechas entre los sistemas de salud públicos y privados de cada país. En ese contexto, vivimos en una permanente urgencia de soluciones y aportes prácticos, eficaces y económicos, que pueden alcanzar a la mayor cantidad de pacientes que contraigan la peligrosa enfermedad.

Un producto creado en el Perú podría convertirse en uno de esos aportes. Se trata del ventilador manual volumétrico desarrollado por el ingeniero Bruno Castillón, ganador del Concurso Nacional de Invenciones 2020 del Indecopi.

El ventilador manual volumétrico destaca por su utilidad, su practicidad y su bajo costo de producción. Foto: PUCP.

El experto es docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), director del Grupo de Investigación y Desarrollo de Equipos Médicos y Sistemas (GIDEMS) e investigador calificado por el Centro Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica (CONCYTEC). También es autor de diversas patentes, entre las que destaca la burbuja neonatal artificial con la que ganó el Concurso de Invenciones de Indecopi en su edición de 2006.

En entrevista para La República, Bruno Castillón explica las ventajas para la atención de pacientes ofrecida por este revolucionario producto, así como su potencial para ser reproducido en serie y competir contra marcas y fabricantes de talla internacional.

¿De qué materiales está hecho este ventilador y cómo funciona?

El ventilador se compone de materiales de bicarbonato y un fuelle de silicona. El mecanismo es bastante complejo, lo que también sumó para poder ganar el concurso. Explicado de forma simple, se basa en un fuelle que impulsa el aire a los pulmones del paciente. Este es amortiguado por unas válvulas de alivio, de modo que el desplazamiento del fuelle sea siempre regular, controlado bajo una presión y volumen apropiados para el paciente (recién nacido, niño, adulto o adulto mayor) y de acuerdo a su necesidad.

Lazy loaded component

¿Cómo surge la idea para este invento?

Entre los médicos y enfermeras existe un problema bastante crítico: que los equipos de ventilación mecánica manual (esos que parecen bolsas) no cuentan con un sistema de protección para el paciente al no poder cuantificar el volumen ni la presión del aire. Eso es grave porque, por ejemplo, en una ambulancia que va rápido hacia el hospital, una maniobra del vehículo puede desestabilizar al personal y maltratar al paciente.

Ese era un primer problema a encarar. Para ello, en CONCYTEC habíamos trabajado en un ventilador manual con monitoreo electrónico bastante eficiente, pero poco práctico. El proceso era más complicado, además de ser este un aparato caro. Entonces, logramos diseñar un ventilador bastante más práctico, que las enfermeras, bomberos o técnicos de las ambulancias podrían manejar sin energía eléctrica. Además, el costo de su fabricación se reduce a la cuarta o quinta parte.

¿Qué tan viable es la masificación de este invento?

Al estar hecho de silicona y plástico, se le puede poner una matriz y comenzar a fabricarlo en serie. Esa es, justamente, la intención para el producto. No queremos que se quede en un concepto, sino que pueda llegar a los hospitales, que llegue a la gente, con un bajo costo de producción.

En un escenario optimista, ¿en cuánto tiempo podría estar comercializándose este producto?

En medio de todo lo malo, la pandemia ha generado que se aceleren los procesos. Todos estos equipos requieren de una legislación especial para ser validados desde la ingeniería y desde el punto de vista médico. Es como con la vacuna de la COVID-19, que tardó solo un año a comparación de otras que tomaron 20. Bajo ese contexto, creo que en un par de años ya deberíamos estar vendiendo este ventilador en serie.

¿Cuánta satisfacción sintió al ver su invento terminado?

Actualmente tengo unas 5 o 6 patentes otorgadas a nivel nacional o internacional, pero esta ha sido la más difícil de conseguir porque rompe todos los paradigmas. Esto no se podía. No existe un equipo similar en el mundo. Lo que logramos es increíble, pero mi mayor deseo es que el ventilador pueda llegar a la gente, porque no será un éxito si no resuelve el problema para el que se inventó. Más que satisfacción, siento mucha presión y compromiso.

¿Qué sigue después de ganar el concurso de Indecopi?

Venimos trabajando con la empresa Hermoplas SLR. Ellos hacen matrices para este tipo de equipos, de inyección de plásticos. Se hará una matriz para que luego puedan reproducirlos en cientos o en miles. La empresa también está comprometida porque quiere competir a nivel internacional.

¿Diría que este es el proyecto más importante de su amplia trayectoria?

Diría que es el más viable comercialmente. Con la burbuja neonatal, por ejemplo, teníamos un producto que requería de cerca de un millón de dólares para poder ser validado, por todos los riesgos y variables que implicaba. Sin embargo, validar este ventilador será mucho más simple y podrá estar compitiendo más rápido.

¿Qué mensaje daría a inventores e inventoras peruanos que pudieran ser inspirados por este logro suyo?

Que no tengan ese excesivo respeto que muchas veces hay por los productos europeos, chinos o norteamericanos. Deben cuestionarse por qué no podría hacerse también algo importante en el Perú y asumirlo como un reto. Más que la inteligencia, lo que necesita un inventor es la constancia. Hay que tener la valentía de seguir intentando, y la autoestima suficiente para saber que sí se puede lograr. No debemos sentirnos menos capaces por querer hacerlo en este país.