Brigadas sanitarias y desactivadores, defensa popular ante la represión policial

Abel Cárdenas

periodeplazas

15 Nov 2020 | 5:44 h
Joven desactiva una bomba lacrimógena duranta la protesta del 14 de noviembre. Foto: Antonio Melgarejo / La República
Joven desactiva una bomba lacrimógena duranta la protesta del 14 de noviembre. Foto: Antonio Melgarejo / La República

“Aún tengo el recuerdo de lo que sucedió”. “Tenía que ayudar (a mis compañeros), no pensaba en nada más”. Recogemos testimonios de desactivadores de bombas lacrimógenas y brigadas de primeros auxilios que formaron la primera línea de defensa ante la violencia ejercida por la Policía.

“Aún tengo el recuerdo de lo que sucedió, de la gente que vi herida, de los que fueron llevados por los paramédicos, y de mucha sangre”, cuenta José, un valeroso ciudadano que se enroló a la brigada de desactivadores de bombas lacrimógenas para la segunda marcha nacional contra el (ahora caído) régimen de Manuel Merino, realizada el sábado 14 de noviembre.

El reconocimiento para esta brigada no ha parado desde que se pudo ver su arriesgada tarea en el campo. Días previos a la marcha, y luego de la experiencia que dejó la movilización del 12 de este mes, la población empezó a organizarse a través de redes sociales con el fin de formar una comisión encargada de apagar las bombas lacrimógenas, en caso la Policía Nacional del Perú (PNP) inicie nuevamente la represión.

Así se sumó José, quien hoy, tras la protesta, aún no puede respirar bien. Lleva en el recuerdo todo lo que vio en la primera línea: heridos, sangre, perdigones, asfixia, y más. “Llegué a casa y tuve un post trauma, creo. Aún tengo imágenes vagas de los disparos. Ayer no pude dormir, estuve escuchando las sirenas. Las explosiones seguían en mi cabeza, no pude dormir por eso”, narra, con la voz aún nerviosa y titubeante.

Brigadas de desactivación de bombas pide alto al fuego a la Policía. Foto: Antonio Melgarejo / La República

Cuenta que llegó al Centro de Lima alrededor de las 7:30 p. m. Al instante, se juntó con un grupo de desactivadores y se dirigieron a la Avenida Abancay. Ahí inició la represión. Lamentablemente, las primeras bombas lo agarraron desprevenido y por eso no pudo ponerse su máscara antigás, lo que ocasionó la asfixia.

Pese a eso, logró restablecerse y continuó. Durante el cumplimiento de su labor, revela que estuvo a punto de ser impactado por perdigones, ya que la PNP lanzaba a doquier. “Logré apagar unas cinco, pero con mucho miedo. Me dispararon, pero no me llegó a caer, felizmente, pero si me hubiera movido un segundo, estaría muerto”, admite. José vio a muchos heridos, a varios de sus compañeros caídos y a mucha gente golpeada. “Lo único que teníamos era agua carbonatada y un cono, y así se ve en los videos que disparaban a la gente”, añade.

Aún está nervioso, pero sigue convencido de que su tarea era necesaria. Su indignación lo llevó a pararse en primera fila. “Me duele mucho tener que defender mis derechos y que eso me tenga que costar la vida”, repite.

Jóvenes de la primera línea de la movilización se defienden ante los ataques de la Policía. Foto: Antonio Melgarejo / La República

Javier es otro valiente ciudadano que estuvo, durante las horas de angustia de represión, parado en primera fila de la movilización, era uno de los integrantes de las brigadas de desactivación de bombas lacrimógenas. “Era tan grande mi indignación que yo sabía que debía tomar una labor activa dentro de la marcha”, señala.

En medio de la marcha, relata que vio cómo la PNP lanzaba bombas desproporcionadamente. Caían como lluvia entre la población que solo estaba arengando. “Había gente encerrada en el parque universitario. La gente por desesperación trataba de huir. Había heridos por el semáforo de ese lugar. Nos seguían gaseando, no nos dejaban que lo auxiliemos”, cuenta.

Él reconoce que en aquel momento su cabeza no pensaba otra cosa que cumplir con la tarea que se había propuesto. “Lo único que se me pasaba por la mente era que tenía que desactivar las bombas porque había otros compañeros que se estaban ahogando por eso y yo tenía que ayudarlos, no pensaba en nada más”, revive dichas horas.

Javier sabe que su labor fue fundamental y necesaria. Pese a lo que vivió, está seguro de que la organización popular en brigadas fue determinante. También reconoce que la labor de las comisiones de primeros auxilios fue crucial para el retiro de los heridos.

El apoyo siempre estuvo presente

Diversas brigadas de primeros auxilios se sumaron desde las primeras movilizaciones ciudadanas, pero en la última movilización, del 14 de noviembre, su participación fue determinante, junto a la brigada de desactivación de bombas lacrimógenas.

Nunca se había visto una gran participación de estos dos equipos en marchas nacionales anteriores. Tanto estudiantes de ciencias de la salud como médicos ya en curso, se sumaron a las labores de asistencia médica a los heridos que dejaba la represión policial.

Entre ellos estaban voluntarios de la Cruz Roja, estudiantes de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y médicos voluntarios del Colegio Médico del Perú, entre otros, quienes han acompañado a la población durante los días de protesta.

Brigadas de primeros auxilios atienden a un joven herido. Foto: Antonio Melgarejo / La República

Su labor ha sido reconocida por los manifestantes de manera masiva a través de redes sociales. La población narra que son las únicas personas que acudieron en la atención inicial de los heridos, y que muchas personas pudieron salir ilesas gracias al socorro temprano y oportuno de estas brigadas.

Lamentablemente, también fueron reprimidos por la PNP. Varios vídeos en redes muestran cómo la policía también disparó hacía la zona en donde se encontraba apostada las brigadas sanitarias. Sin embargo, su valiente labor los mantiene firmes y todas han vuelto a confirmar su presencia, en caso haya más movilizaciones.

*Se ha cambiado el nombre real de las personas para evitar cualquier represalia contra ellos.