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REDES: “Muchas personas ahora están en el SIS, pero obtienen un peor servicio”

Luiggi  Díaz

Problemas desnudados por la pandemia deben servir para transformar el actual sistema de salud, en uno más eficiente y que se centre en la persona. Foto: John Reyes / La República
Problemas desnudados por la pandemia deben servir para transformar el actual sistema de salud, en uno más eficiente y que se centre en la persona. Foto: John Reyes / La República

En noviembre pasado, mediante el Decreto Supremo 017-2019, el Gobierno autorizó afiliar a toda persona al Seguro Integral de Salud (SIS). No obstante, a pesar de la medida, esta por sí sola no garantiza una cobertura universal de la salud debido a varios factores. Entre ellos, la falta de financiamiento, según señala un estudio.

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La pandemia ha afectado diferentes ámbitos de nuestras vidas, pero también ha servido para visibilizar los problemas que nos afectan como sociedad, y, probablemente, el sistema de salud ha sido el que más ha dejado ver sus carencias. Por ello, una vez superada esta etapa de crisis, se hace necesario reformular el sistema sanitario que nos permita estar preparados para eventos futuros de similar magnitud, pero también para ofrecer un adecuado servicio al ciudadano.

En eso coinciden la Red de Estudios para el Desarrollo Solidario (REDES) y la consultora Videnza, que colaboran en un estudio sobre el actual sistema de salud en el país. En este, abordan diversas perspectivas para analizar cuáles son los problemas estructurales, ya que todas las falencias desnudadas por el nuevo coronavirus “son solo la punta del iceberg”, señala Oswaldo Molina, director ejecutivo de REDES.

Financiamiento

Uno de los apartados de la investigación se refiere al financiamiento del sistema. Si bien en los últimos años se ha venido incrementando la inversión en salud – de 30.000 millones en el 2013 a poco menos de 4.000 millones en 2019, tanto de fuentes públicas como privadas – aún es insuficiente. En esa línea, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que, para garantizar la cobertura universal de salud, el gasto público debe ser como mínimo del 5% del PBI, y en Perú, es apenas de 3.6%, a comparación de otros países de la región, como Argentina (6.6%), Uruguay (6.6%), Colombia (4.9%) y Chile (4.5%).

El poco financiamiento se ve reflejado en la calidad de atención de los pacientes. En noviembre del 2019, el Gobierno peruano publicó un decreto supremo en el que autoriza la afiliación de toda persona que viva en territorio peruano al Seguro Integral de Salud (SIS), independientemente de su nivel socioeconómico. Y si bien esta es una buena iniciativa, debe tomarse en cuenta que no ha habido un aumento de la misma magnitud en el financiamiento, es decir, los recursos siguen siendo escasos para la cantidad de asegurados.

“Eso significa que muchas de estas personas que ahora están en el SIS lo único que están obteniendo es un peor servicio, entonces, por ahí va el problema”, sostiene Molina.

Otra clara consecuencia de la falta de financiamiento es el gasto de bolsillo que hace cada asegurado al no ver cubiertas sus necesidades por el sistema. Uno de los principales gastos es en farmacia. Es decir, la persona que se va atender a un hospital casi siempre debe de comprar medicinas de su propio dinero. Según la OMS, el gasto del bolsillo debe situarse entre el 15% y 20%, pero en Perú supera el 28%.

Respecto a lo anterior, Videnza y REDES identifican otro dato resaltante. En las cuatro últimas semanas, el 40% de los peruanos que presentó algún síntoma o enfermedad prefirió acudir a una farmacia en vez de un establecimiento de salud, lo que demuestra lo limitado que es acceder a los servicios médicos.

“Decimos que hemos aumentado la cobertura, pero al final del día es, la verdad, un servicio bastante pobre el que terminamos brindando. Lo cual es exactamente lo contrario a lo que se espera con el aseguramiento universal”, sostiene el director ejecutivo de REDES.

No solo es cuestión de recursos

Molina explica que en la gestión del financiamiento hay tres subprocesos principales. El primero es la recaudación, que es la captación de recursos. El segundo es la mancomunación, referido a cómo se brinda cobertura a la población y cómo se administran los recursos. Finalmente, la compra de servicios.

La investigación señala que la recaudación presenta el problema del poco presupuesto asignado al sector, pero en los otros dos subprocesos se evidencia lo fragmentado del sistema de salud y la falta de capacidad de gestión, los cuales ocasionan un mal manejo de los recursos.

“Puedes tener todos los recursos de diversas fuentes, pero el sistema es tan fragmentando que, en la parte de mancomunación, uno empieza a ver todo muy desordenado”, apunta.

En el caso de la compra de servicios, muchas veces, no se tienen los indicadores de desempeño correctos y se hacen en función del pasado y no de lo que se necesita realmente, por lo que no se realizan las acciones adecuadas.

“Entonces, sí, debemos de mejorar los recursos que el Estado le asigna al sector salud, pero necesitamos resolver el resto, como la fragmentación y problemas de gestión para que esos mayores recursos sean usados de manera más eficiente”, acota.

El reto post pandemia

Molina opina que ahora el Minsa y el resto de actores involucrados en el sector deben enfocarse en superar la crisis sanitaria ocasionada por la pandemia de la COVID-19; no obstante, a raíz de este momento, debe empezarse a hacer los cambios necesarios para superar los problemas estructurales. La transformación debe poner al ciudadano en el centro del servicio, identificando y atendiendo sus necesidades de manera oportuna.

Esta tarea debe de estar encabezada por el Minsa, que debe definir la política sanitaria y la agenda sectorial, así como asignar el presupuesto para cumplirlas. Pero incluso aquí se ve otro factor que impide el buen funcionamiento del sistema sanitario: la inestabilidad política. Molina recuerda que los ministros y funcionarios del sector son cambiados constantemente, y cada que uno asume, los cambios se interrumpen.

“La pandemia debe permitirnos abrir los ojos sobre el problema que tenemos delante nuestro. Tenemos que ser capaces de comprometernos como nación para, superada la pandemia, reestructurar y transformar nuestro sistema de salud en bienestar de las personas. Hoy en día, el sistema de salud está desordenado para cumplir funciones y no gira en torno al individuo. Debemos cambiar eso”, finaliza.