Joven universitaria busca evitar la extinción del “árbol de jabón” en Tumbes

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02 Oct 2020 | 10:35 h
La estudiante explica que el Sapindus saponaria es usado como jabón natural para lavar la ropa. Foto: composición / Pronabec
La estudiante explica que el Sapindus saponaria es usado como jabón natural para lavar la ropa. Foto: composición / Pronabec

La estudiante de ingeniería tiene en mente reforestar 1.000 árboles ante el peligro de extinción que afronta por la reconversión de suelos boscosos en plantaciones de frutales.

La estudiante de ingeniería forestal Dayana Muñoz encabeza un proyecto para evitar la extinción del checo, un árbol cuyo fruto es usado para fabricar jabón natural por los pobladores de Tumbes. Por ello, desde hace dos meses recorre el Área de Conservación Regional El Tútumo para buscar estas semillas y plantarlas.

La estudiante del cuarto año de Ingeniería Forestal y Medioambiente de la Universidad Nacional de Tumbes (UNT) explica que este árbol - de nombre científico, Sapindus saponaria-, es conocido por la pulpa amarillenta de su fruto y es usado como jabón natural para lavar la ropa. Incluso, es utilizado como remedio para eliminar garrapatas y piojos.

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El Sapindus saponaria es una especie que crece en ecosistemas cálidos en América Latina y llega a medir hasta 10 metros de altura. “He pensado en reforestar 1.000 árboles, según el resultado de la germinación”, señala Dayana, quien vio por primera vez un checo hace tres años durante un trabajo de campo de su casa de estudios en el sector Langostura Faical, al oeste de Tumbes.

La universitaria comenta que se quedó sorprendida porque en los extensos terrenos donde años anteriores habitaban decenas de checos, ahora solo quedaban algunos. Ante tal situación, Dayana puso en práctica lo aprendido en las aulas y comenzó a planificar una forma para conservar dicha especie.

En los extensos terrenos donde años anteriores habitaban decenas de checos, ahora solo quedaban algunos, señala Dayana Muñoz. Foto: composición / Pronabec

“Cada vez que iba, era el único checo que veía. Preguntaba si había más y me decían que no. Fui al caserío de Casitas y tampoco vi”, cuenta la beneficiaria de Beca Permanencia del Pronabec.

Esa escasez y dispersión de checos llamó la atención de Muñoz, sobre todo cuando la gente del lugar le decía que antes había más ejemplares. En efecto, los checos estaban desapareciendo, debido a la reconversión de suelos boscosos en plantaciones de frutales, en particular, de plátano y limón.

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“Los talan para coger el terreno y poder sembrar”, afirma. Desafortunadamente, no es la única especie forestal que ha observado que se extrae. Fue así que se dio cuenta que tenía en sus manos la oportunidad de revertir la situación, por lo que planea germinar las semillas durante cinco o seis meses hasta obtener plantones, luego sembrarlos en una concesión de 127 hectáreas de la UNT.

La universitaria prevé elaborar un protocolo de propagación de la especie y espera profundizar en el conocimiento genético del árbol y su fruto.

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