Casos de violencia contra menores de edad se duplicaron durante el 2020 respecto al año anterior

Son cerca de 44.000 casos, según las llamadas que atendió hasta agosto la Línea 100 del Mimp por violencia contra niñas, niños y adolescentes. Hasta el 2019, el 46,1% de peruanos se mostró a favor de que “los únicos que tienen derecho a pegarle a los niños son los padres”, según la Enares.

De enero a agosto, la Línea 100 del Mimp atendió 43.916 llamadas de menores de edad que sufrieron algún tipo de violencia familiar. Foto: Grupo La República / Jorge Cerdán
De enero a agosto, la Línea 100 del Mimp atendió 43.916 llamadas de menores de edad que sufrieron algún tipo de violencia familiar. Foto: Grupo La República / Jorge Cerdán
Gloria Purizaca

El hogar, un lugar que debería ser el primer espacio seguro para los niños, niñas y adolescentes menores de edad, se convirtió durante la cuarentena obligatoria en el espacio donde más riesgos se corren: de las 11.000 personas que fueron atendidas por violencia familiar de marzo a julio del 2020, el 30% fueron menores de edad, según el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (Mimp).

La violencia contra esta población se manifiesta de forma psicológica mediante el abuso emocional (una de las formas más comunes) y las agresiones físicas —golpes, contusiones, quemaduras y/o fracturas. Los adultos suelen dañar el bienestar y autoestima de los menores. A ello se le suma que estos también pueden ser víctimas de violencia sexual.

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Durante la crisis sanitaria, los menores de edad también corrieron el riesgo de padecer ciberacoso, un tipo de violencia que se ejerce mediante redes sociales y que está aumentando. Ellos están más expuestos porque ahora usan el internet para realizar las actividades que cumplían fuera de sus casas antes de la pandemia.

“De acuerdo a reportes oficiales, los denunciados por temas de violencia son personas de la propia casa y, en menor porcentaje, personas externas a esta”, detalla a La República Mónica Sarmiento, Coordinadora Técnica de Desarrollo Programático de Aldeas Infantiles SOS Perú.

Como se observa en el siguiente cuadro, la atención de llamadas por violencia contra menores de edad —entre infantes, niños, niñas y adolescentes— casi se duplicó durante el 2020 a nivel nacional con respecto al 2019. Estas cifras tuvieron un repunte a partir del mes de mayo, cuando el Perú ya se encontraba en cuarentena obligatoria.

Cifras de llamadas atendidas por la Línea 100 del Mimp de violencia a infantes, niños, niñas y adolescentes

Año 2019Año 2020
Enero3.3344.566
Febrero3.5465.197
Marzo3.9994.620
Abril3.8114.307
Mayo3.8536.333
Junio3.9795.735
Julio3.7866.748
Agosto3.6016.410
Total29.90943.916

A raíz de las llamadas atendidas por la Línea 100 del Mimp, entre enero y agosto, se puede inferir que los menores entre los 6 y 11 años son aquellos que más sufrieron violencia, sumando un total de 15.584 casos. A este grupo le siguen los infantes de entre 0 y 5 años, ya que la cifra asciende a los 12.537.

En el Perú, la violencia infantil aún tiene un alto índice de aceptación. La Encuesta Nacional sobre Relaciones Sociales (Enares) del 2019 revela que el 46,1% de la población peruana está de acuerdo en que “los únicos que tienen derecho a pegarle a los niños son los padres”. Asimismo, el 34,5% cree que los niños a los que no se les pega “se vuelven malcriados u ociosos”.

Las cifras oficiales del Mimp indican que se atendieron más llamadas por violencia familiar por la línea 100 a menores entre 6 y 11. Foto: captura Resumen Estadístico de Consultas Atendidas por la Linea 100 en el 2020

Sin embargo, pese al notorio incremento de las llamadas atendidas por el Mimp, los Boletines Estadísticos del Programa Contra la Violencia Familiar Aurora señalan 1.711 atenciones en los Centros de Emergencia Mujer (CEM) para julio y 1.668 para agosto del presente año a nivel nacional.

Como señala la especialista, el confinamiento obligatorio fue un factor determinante para el incremento de llamadas debido a que esta situación agudizó los síntomas de ansiedad y estrés, factores que influencian en la violencia familiar.

Pese a que se registró un alza en las llamadas atendidas por violencia ejercida a menores de edad durante el estado de emergencia, las atenciones de estos casos por parte de los CEM disminuyeron. Foto: composición La Republica / captura Boletin Estadístico AURORA Agosto 2019 y 2020

Violencia de género en menores de edad

Las niñas y adolescentes mujeres fueron quienes más sufrieron la violencia familiar. Del total de casos que atendieron los Centros de Emergencia Mujer, el 65% pertenecen a esta población. En tanto, los menores hombres representaron el 35%.

“Hay una creencia cultural de que a los niños se les tiene que tratar de forma más severa que a las niñas porque supuestamente fortalece el carácter, y eso es un mito”, explicó Sarmiento.

Mientras tanto, la experta manifiesta que, por lo general, las niñas son las que más sufren de violencia sexual, en comparación con sus pares. Este tipo de violencia no solo implica forzar a menores a sufrir una relación coital, también involucra tocamientos indebidos.

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Asimismo, los migrantes menores de edad son blanco de la violencia familiar y de la trata de personas. “Muchas veces los adolescentes se hacen cargo de los más pequeños para cruzar la frontera y cuando llegan a su destino no encuentran a sus familias. (...) Eso los expone a la trata de personas”, expuso.

Cabe resaltar que, además, de las más de 900 denuncias de mujeres desaparecidas durante el estado de emergencia, cerca a 630 eran niñas y adolescentes.

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Las consecuencias de la violencia en menores de edad

La violencia que sufren los menores de edad trae graves consecuencias. La población peruana, que se mostró a favor del castigo mediante las agresiones en la encuesta Enares, omitiría estos efectos.

''La incorporación de determinados roles de género en edades tan tempranas (por ejemplo, asociando la agresividad a la masculinidad y el ser presumidas a las mujeres), de forma paralela al desarrollo de la identidad de género, tendrá sin duda consecuencias evidentes en los niños, al constreñir su desarrollo de forma temprana y promover unas expectativas en muchos casos dañinas'', afirma una investigación realizada por la Universidad Complutense de Madrid.

Consecuencias inmediatasConsecuencias a largo plazo
Cambios en el estado de ánimo, que usualmente se traducen en conductas agresivas.Configura y normaliza la violencia como una forma natural de relacionarse con las demás personas, que hace que se aprenda a solucionar conflictos solo a través de esta.
Falta de apetito y terror nocturno.Asociación del amor a la violencia: se construye la idea de que el amor se manifiesta con actos violentos y que la otra persona con la que se mantiene un vínculo afectivo puede violentar.
Falta de concentración, lo que causa baja en el rendimiento escolar.Asociación de autoridad con violencia, por lo que se construye la obediencia desde el miedo y no se desarrolla la conciencia propia para realizar una actividad por una decisión propia.

En la misma línea, Valeria Lindley, psicóloga especialista en infancia y adolescencia, indicó en una entrevista pasada a este diario que los “niños, niñas y adolescentes terminan por normalizar e interiorizar el machismo, por interiorizar la violencia de género", por lo que se corre el riesgo que en el futuro estas manifestaciones se sigan perpetuando.

Leyes que protegen a menores de edad en el Perú

La Ley n° 30403, la cual prohíbe el uso del castigo físico y humillante contra los niños, niñas y adolescentes, es uno de los principales logros para proteger a los menores de edad, en la que se los reconoce como sujetos de derecho. “De manera explícita se indica que nadie tiene el derecho de agredirlos”, ni siquiera bajo el pretexto de “corregir”.

“Desde Aldeas Infantiles estamos lanzando una campaña sobre familias libres de violencia, que tiene como objetivo concientizar a la sociedad civil en general sobre hábitos de convivencia saludables libres de abuso”, detalla Sarmiento.

La especialista determina que la crianza debe basarse en el afecto y respeto, en los que se promuevan espacios de cuidado en los que las niñas, niños y adolescentes también participen de la construcción de las normas de la casa.

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