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Otro luchador de la salud también víctima de la pandemia

El doctor Leoncio Acuña Fernández falleció el 22 de agosto. Leo, como le decían, era un especialista muy querido en Huacho y en los distintos nosocomios donde trabajó. Su hermano, catedrático en Puerto Rico, le hace una semblanza.

La Republica
El doctor Leoncio Acuña Fernández, al medio, de blanco, con una distinción en la mano, acompañado de sus colegas cuando recibió un reconocimiento. Su partida ha conmocionado al gremio.

Por Edgar Acuña Fernández, PhD. Catedrático de la Universidad de Puerto Rico, en Mayaguez.

El sábado 22 de agosto mi familia recibió otro duro golpe, perdimos a un segundo hermano, el Dr. Leoncio Acuña Fernández, a consecuencia de la pandemia que está azotando nuestro país.

No había pasado ni cuatro meses desde que nuestro hermano, el también Dr. Alberto Acuña, falleciera en Iquitos, el pasado 9 de Mayo.

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Leo, como la mayoría lo llamábamos, trabajaba desde septiembre de 1988, como cirujano en el Hospital Regional de Huacho, ciudad en la que había nacido.

El 16 de agosto acababa de cumplir 66 años mientras luchaba por sobrevivir postrado en una cama UCI del Hospital Rebagliati de Lima. Ese día la familia celebró una reunión virtual para honrarlo y para orar por él.

Leo era el segundo hijo de una familia de ocho hermanos procreados por Don Maximiliano Acuña y Doña Graciela Fernández, ambos ya fallecidos. Cuatro hermanos se dedicaron a la medicina.

Inició su educación primaria en Chala (Arequipa) y los culminó en la EPV 413 de Huacho. Sus estudios secundarios los realizó en la GUE Luis F. Xammar de Huacho. En 1972 inicia sus estudios de medicina en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Luego de graduarse de médico hizo su residencia en Cirugía del Tórax y Cardiovascular en el mismo hospital donde moriría años más tarde.

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Al terminar su residencia empieza a trabajar en el Hospital Regional de Huacho y en el Hospital de Toquepala-Southern Perú. Del 1992 al 1994 hace un postgrado en Cirugía Cardiovascular en la Escola Paulista de Medicina, Sao Paulo, Brasil, donde tuvo como mentor al famoso cardiocirujano Dr. Enio Buffolo. Al terminar su postgrado recibió una oferta de trabajo para quedarse en Brasil, pero él decidió regresar a Huacho.

En el Hospital Regional de Huacho, Leo empezó a hacer operaciones riesgosas que por primera vez se hacían en el hospital y tenía que dormir al lado de sus pacientes, recién operados, ya que por ese tiempo no existía una UCI en dicho hospital.

Rápidamente ganó fama y con su diestro manejo del bisturí pudo salvar muchas vidas. Mis padres recolectaban los recortes de periódicos donde informaban de sus proezas. En los últimos años comenzó a hacer operaciones de extirpación de tumores y el hospital grababa sus operaciones.

Algunas de ellas, como aquella donde extirpó la glándula del timo, las pude colocar en YouTube. Del 2011 al 2019 laboró parcialmente en el Departamento de Cirugía del Hospital Cayetano Heredia.

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Leo era extremadamente humilde como lo atestiguan los cientos de comentarios en las redes sociales. Sus pacientes le pagaban sus servicios con cuyes, conejos, gallinas, etc. o simplemente le hacían regalos.

En la pandemia, Leo estuvo pendiente de la enfermedad y de coordinar los funerales de mi hermano Alberto. Después de una corta estadía en Lima volvió a regresar a Huacho el 19 de junio.

Aparentemente, en los primeros días de julio se contagió tras realizar una larga operación quirúrgica para remover un tumor canceroso. El 19 de Julio fue internado en el Hospital Rebagliati. Su hijo, el Dr. Paulo Acuña, nos mantenía informado de su condición. El 23 de julio fue pasado a la UCI del hospital, donde pese a los esfuerzos de sus colegas dejo de existir.

El 23 de agosto, su cuerpo fue cremado, al salir del hospital rumbo al lugar de cremación un grupo de médicos de Huacho lo despidieron coreando el famoso estribillo: “Cuando un médico muere, nunca muere”.

El recorrido desde el hospital hasta el lugar de cremación fue seguido por su esposa y sus hijos, quienes a través de una videollamada nos permitieron ver su despedida. Dos de mis hermanas y mi cuñado también siguieron el féretro, pero no pudieron entrar al camposanto debido al protocolo establecido.

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De niño, Leoncio, era mi líder, yo lo seguía adonde fuera. Se encargaba de buscar alguna casa donde pudiéramos ver por televisión nuestras series favoritas, previo pago de entrada.

Cada verano la pasábamos en la chacra que mis abuelos tenían en Chacaca (Huaura). Ayudábamos en las cosechas, somos el “refuerzo nazi”, me decía, aludiendo a la serie “Combate” de esa época. Era muy querendón de los abuelos. Era un amante de la natación y un excelente pintor, varias de sus pinturas eran réplicas de famosos pintores. Vamos a extrañar sus largas tertulias de sobremesa y sus imitaciones de Leonardo Favio, Sandro y de Raphael.

Leo era un excelente bailarín y, en las fiestas, comenzaba con bailes de los 60 hasta terminar con los actuales. En noviembre del 2018 la Municipalidad de Huaura le otorgó la Medalla Cívica de la ciudad. Era nuestro corresponsal en Huacho, ciudad donde nuestra familia vivió solo 8 años, pero fue la etapa que nos dejó los recuerdos más gratos. Presidía su promoción del Luis F. Xammar y estaba entusiasmado por celebrar los 50 años de graduación.

Te extrañaremos mucho, Negrito, todos tus hermanos que aún quedamos aquí. Estamos muy orgullosos de haber sido tu hermano y mantendremos bien vivo tu recuerdo. Huacho ha perdido un hijo ilustre. Nuestro Perú ha perdido un gran médico. Nos volveremos a reencontrar algún día, hermano querido.