¿Prohibir la venta de comida chatarra a los niños asegura una mejor alimentación?

Andi Chero

carlo.chero@glr.pe Andichecha

15 Ago 2020 | 16:43 h
Perú tiene la tasa más alta de crecimiento de obesidad infantil en la región. Foto: David Huamaní Bedoya (La República)
Perú tiene la tasa más alta de crecimiento de obesidad infantil en la región. Foto: David Huamaní Bedoya (La República)

El Estado de Oaxaca, en México, ha sido el primero en Latinoamérica en prohibir la venta de comida chatarra para los niños. Especialistas analizan su viabilidad en nuestro país, que tiene uno de los índices más altos de obesidad y sobrepeso en la región.

La alimentación saludable de los menores de edad en el Perú todavía es un tema controversial debido a la presencia de la “comida chatarra”. Esta se mantiene en el hábito de muchos niños a pesar de que existe una ley que prohíbe su difusión y comercialización dentro de las instituciones educativas.

A ello se suma un estudio del Instituto Nacional de Salud (INS), de marzo de 2019, que reveló que la obesidad y el sobrepeso en escolares están presentes en un 32,3 %, mientras que en los adolescentes se encontraba en un 23,9 %. Por su parte, el Centro de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) señaló, en 2018, que el Perú tiene la tasa más alta de crecimiento de obesidad infantil en la región.

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En diálogo con La República, especialistas de diversas áreas explican la importancia de limitar estos productos para garantizar una buena salud en los niños, niñas y adolescentes.

¿A qué llamamos “comida chatarra”?

De acuerdo a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), se llama “comida chatarra” a aquellos productos elaborados de forma industrial.

Geraldine Maurer, nutricionista de la Asociación Peruana de Consumidores y Usuarios (ASPEC), advierte que los productos azucarados y fritos son de los más consumidos en el país y figuran entre los más dañinos para el sistema cardiovascular.

“El azúcar es altamente nocivo porque una vez que se consume se convierte en grasa, principal factor de la obesidad. Esto genera diabetes secundariamente y cada vez a edades más tempranas”, indica la especialista.

De acuerdo a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), se llama “comida chatarra” a aquellos productos elaborados industrialmente. Foto: David Huamaní Bedoya (La República)

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¿Qué factores están implicados en el consumo de “comida chatarra”?

Para Lesly Vargas, psicóloga del hospital Hermilio Valdizán, el niño puede presentar requerimientos nutricionales que le orienten a buscar alimentos grasos, azúcares o carbohidratos. No obstante, resalta que ello se verá influenciado por su historia de aprendizaje, en otras palabras, los hábitos de alimentación personal y de la familia.

La especialista también menciona los factores ambientales como facilitador al acceso a estos productos y la ausencia de una regulación en diferentes entornos, el mismo que se respalda en los medios de comunicación.

Abuso de la publicidad

En 2019, la OPS resaltó la restricción a la promoción y la publicidad de los productos procesados, además de otorgar incentivos para que los alimentos sin procesar y mínimamente procesados estén disponibles y sus precios sean asequibles y estables, así como prevenir que la población, especialmente los niños en las escuelas, estén expuestos a estos productos.

“Es una publicidad exagerada, radio que escuchas o canal que tú ves a la gaseosa; pero se le publicita como si fuera felicidad o algo maravilloso de tomar que te trae éxito y verdaderamente lo único que te trae es la enfermedad”, manifiesta Maurer.

Foto: Zona Franca

Para Jaime Delgado, excongresista y autor de la Ley de Alimentación Saludable, la compra y venta de la comida chatarra obedece a la permisividad que las autoridades han mostrado con la industria alimentaria y su difusión en medios masivos.

“Tenemos a la comida chatarra por la tolerancia de nuestro sistema porque las industrias han crecido a tal magnitud, tienen control político y en los medios de comunicación como radio y televisión, sobre todo estos dos últimos; ya que son financiados por estos grupos; entonces es allí donde tienen a sus defensores”, subraya.

La continuidad de la “comida chatarra” en el mercado

Solo hasta el 2019, la Asociación de Bodegueros del Perú (ABP) informó que existen 414.000 bodegas en el territorio nacional. Para Delgado, esta es “la red más grande de distribución de chatarra”. “(Esta) se ha arraigado en la estructura social y estamos pagando la consecuencia de ello porque la gente toma bebidas gaseosas o come chatarra como si fuese algo natural”, dijo.

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¿Por qué cuidar a los niños de la “comida chatarra”?

Solo entre el 2008 y el 2018, la obesidad infantil pasó de una tasa del 7,7 % a un 19,3 %; de acuerdo al Observatorio de Nutrición en su Estudio de Sobrepeso y Obesidad.

“Una de las principales causas son los hábitos alimentarios de los padres, si tenemos padres chatarreros, obviamente vamos a tener a un niño formado con hábitos alimentarios inadecuados que a muy temprana edad va a presentar un cuadro de obesidad”, asegura Cynthya Condori de Acción Contra el Hambre.

La malnutrición por exceso de consumo de comida chatarra ha generado enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión arterial, problemas cardiovasculares y varios tipos de cáncer; así lo dijo el Ministerio de Salud (Minsa), en 2019.

“Los niños están con diabetes porque son más gordos a más temprana edad, debido al exceso de azúcar que consumen. Los trastornos cardiovasculares no se inician de adultos, sino en la niñez, donde ya se va dañando el organismo, solo que no se nota, y entonces los padres muchas veces no lo consideran como personas a enfermarse”, acota Maurer.

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La prohibición de “comida chatarra”

EL 17 de mayo de 2013 se promulgó la Ley de promoción de la alimentación saludable para niños, niñas y adolescentes (Ley N°30021), normativa que tiene por finalidad “la protección efectiva del derecho a la salud pública, al crecimiento y desarrollo adecuado” para hacerle frente a enfermedades como la obesidad.

“La ley de alimentación saludable (...) debería de haber hecho que ninguno de estos productos se venda en el mercado porque el rol del Estado es asegurar que no se vendan productos que pongan en riesgo la salud de sus consumidores”, agrega Delgado.

El 15 de junio de 2019, el Gobierno modificó el reglamento de la Ley N° 30021, en la cual se estipulaba que los productos procesados y ultraprocesados deberían contar con los octógonos del etiquetado frontal para determinar si son altos en azúcar, sodio, grasas saturadas o que contienen grasas trans.

No obstante, a más de un año de su aplicación, aún no se cuenta con un diagnóstico de los efectos en la oferta de los productos. Hasta el momento, solo se conoce una ampliación en su implementación hasta el 30 de junio del próximo año, la misma que quedó grabada en la Resolución Ministerial N°379-2020-Minsa.

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La mayoría de profesionales consultados por este medio sostienen que la presencia de octógonos no ha sido suficiente para frenar la compra y venta de la comida chatarra; por ello, sí consideran pertinente que se aprueben políticas de regulación en su distribución.

“La normativa de prohibición tiene la finalidad de salvaguardar la salud de una gran proporción de la población. Entonces hay medidas normativas que son necesarias”, manifiesta Geraldine Maurer.

Foto: Colegio de Nutricionistas del Perú

Jaime Delgado asegura que “prohibir la venta de comida chatarra es un ejemplo que debería seguirse y que no tiene nada de descabellado”. Sin embargo, reconoce que tomar esta decisión implica independencia, así como “pensar en el ciudadano y en la salud y alejarse de la presión que ejercen las industrias con dinero, poder e influencia”.

En tanto, la psicóloga Lesly Vargas asegura que “la prohibición o restricción de diferentes tipos de alimentos puede generar que nuestro cuerpo nos solicite más de ello y con más urgencia”. Agrega que el riesgo es que, tarde o temprano, podría presentarse un consumo descontrolado de ese tipo de alimento que, sumado a otros factores, resultaría siendo nocivo para la persona y fomentaría problemas psicológicos y físicos.

Por ello, propone “un consumo balanceado con otros tipos de alimentos de acuerdo a lo pauteado por un nutricionista, además de llevar a cabo actividad física que también impacta de manera positiva en nuestro estilo de vida”.

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