Voluntariado en el Perú: los retos que enfrentan a causa de la pandemia

Los desafíos de los programas de voluntariado ante la pandemia. Foto: Composición Andina.

Voluntarios al Bicentenario, Refuerza tu cole y Manos a la olla son tres programas de voluntariados que tuvieron que adaptarse en el contexto de la pandemia para no dejar desatendidos a adultos y niños vulnerables.

Katherine Morales
01 Ago 2020 | 8:51 h

La cuarentena a causa del coronavirus afectó sobre todo a la población de menos recursos económicos, aquellos a los que los programas de voluntariado, en circunstancias normales, busca ayudar en distintas áreas: educación, bienestar emocional y alimentación.

Si bien es cierto, con la pandemia, la labor de los voluntarios se hizo más urgente, ellos no podían salir de sus casas sin miedo a exponerse a un posible contagio. Por eso, han tenido que reinventarse y buscar nuevas modos de seguir apoyando a los que más los necesitan.

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Proyecto Voluntarios al Bicentenario

Una de las poblaciones vulnerables frente al COVID-19, son los adultos mayores y las personas con discapacidad. Por ello, el Proyecto Especial Bicentenario convocó a los ciudadanos a unirse a un voluntariado que buscaba brindar apoyo emocional y en materia de salud mediante llamadas telefónicas.

El programa, que lleva por nombre Red de Soporte a la Persona Adulta Mayor con Alto Riesgo y la Persona con Discapacidad Severa, desde un inicio representó un reto para los jóvenes y adultos que se sumaron.

Los voluntarios tenían que realizar decenas de llamadas al día y llevar un historial de cada persona. Los resultados, luego de cada llamada, se digitaban en una plataforma virtual y también se informaba al líder del grupo. La psicóloga clínica Gina Bardelli, voluntaria de este proyecto, contó su experiencia a La República.

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Nos asignaban 50 personas a cada voluntario, en un primer momento había que llamarlos a todos en un día; pero luego, dependiendo de la gravedad, podía ir llamándolos cada dos días, ir haciéndoles monitoreo. Yo tenía un excel, donde iba poniendo las llamadas, si los contactaba o no, porque a veces llamaba dos o tres veces y no me contestaban”, detalla.

Las personas que formaron parte de este programa también tenían que escuchar duras historias de vida y tratar de calmar las preocupaciones de los adultos mayores.

“Recuerdo a una señora que vivía en provincia sola, en un segundo piso. A través de la ventana, ella bajaba una pita con una canastita y adentro el sencillo, para comprar a algunas señoras que vendían frutas en la parte de abajo de su casa. Era una señora de 85 años, tenía artrosis y vivía sola, había perdido al esposo y al hijo. Ella recibía con mucho interés las llamadas, porque era también su compañía”, cuenta Bardelli.

Capacitación para la Red de Soporte a la Persona Adulta Mayor con Alto Riesgo y la Persona con Discapacidad Severa. Foto: Midis

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