Día del Maestro: cinco historias de maestros peruanos que nos inspiran en plena pandemia

Cientos de docentes decidieron no quedarse de brazos cruzados y reconfigurar sus métodos para seguir en contacto con sus estudiantes.

(Foto: composición)
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Sociedad LR

Por Oscar Marín y Alexis Revollé

Mientras nuestro planeta enfrenta una de las crisis más severas de su historia reciente, millones de personas en el mundo se aferran a una esperanza: el futuro. Con todo lo que está sucediendo, afirman algunos, lo que viene debería ser mejor. En el Perú, incluso, se habla de una ‘nueva convivencia’, una toma de consciencia necesaria tras los profundos golpes que deja la pandemia. Existe, sin embargo, un grupo de profesionales que desde siempre ha trabajado con esmero para forjar un porvenir mejor: los profesores.

Este lunes 6 de julio se celebra en nuestro país el Día del Maestro, un merecido homenaje a esos arquitectos del futuro que, día a día, entregan conocimiento y sacrificio sin pedir demasiado a cambio. Pero, con la llegada implacable de la COVID-19, ¿qué ha pasado con ellos? La República conversó con cinco docentes peruanos que, en lugar de dar un paso atrás frente la crisis, supieron reinventarse para continuar con sus labores de enseñanza.

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Todo buen maestro sabe que su tarea más elemental consiste en sembrar una semilla, algo que trasciende el acto de impartir conocimiento y se acerca más bien a una actitud ante la vida. Fomentar en los jóvenes no solo el aprendizaje, sino también el amor por aprender, una pasión que dura para siempre una vez que ha sido cultivada. Pero el camino puede ser adverso. El Perú es uno de los países de la región que peor paga a sus docentes, una situación que se agravó con la crisis y generó incertidumbre en miles de ellos.

Pese a todo, hay algunos héroes que en estos meses de desasosiego nos han demostrado, sin necesidad de superpoderes, lo que se puede lograr cuando se unen ingenio y compromiso con una labor tan noble como la docencia. Gerson Ames, Gabriela Guerrero, Giovanna García, Beto Valdiviezo y Bruno Ychpas son cinco maestros peruanos que decidieron no quedarse de brazos cruzados y reconfigurar sus métodos para seguir en contacto con sus estudiantes.

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Más que una profesión, una pasión

Desde que era un estudiante escolar, Gerson Ames encontró en los maestros una guía ética y académica. Cuenta que se sentía protegido cuando estaba cerca a sus profesores, y siempre los observó con admiración. Hoy, no solo se ha convertido en un gran docente sino que además es uno de los más célebres profesores peruanos debido a su loable actividad en zonas rurales. En 2019, incluso, estuvo nominado al prestigioso premio Global Teacher Prize.

“Más que una profesión, ser maestro es una pasión para los que hemos elegido esa carrera”, afirma este destacado profesor de matemáticas. Es difícil no recordarlo. En mayo, Gerson Ames protagonizó una de las postales más inspiradoras que ha dejado el estado de emergencia. Unas imágenes viralizadas en redes sociales mostraban a un generoso profesor en Huancavelica que, en vista de que no todos sus alumnos contaban con acceso a la modalidad virtual, emprendió un viaje casa por casa para llevarles las lecciones del día a domicilio.

“Tenía que reinventarme y fijar estrategias con las que pueda asegurar la continuidad educativa de los chicos, y que ellos consigan desarrollar sus competencias. Eso fue lo primero que se me pasó por la mente cuando me enteré de que las clases iban a ser a distancia”, revela Ames. Desde luego, esa reinvención seguirá siendo motivo de esperanza para un país sumamente afectado por la pandemia. Aquel maestro con mascarilla y buzo, armado apenas con una pizarra en el frontis de la vivienda de su estudiante, ya es un recuerdo imborrable para todos los peruanos.

Por estos días, el profesor narra que envía tutoriales, videos animados, infografías y otros materiales de naturaleza digital a sus alumnos. Debido a su especialidad, usa también un software matemático llamado GeoGebra. Todo, con el objetivo de preservar la enseñanza comprometida y de calidad. Al fin y al cabo, como él bien sabe, todo lo que haga un profesor con sus educandos marca en ellos una huella inolvidable.

“Ir casa por casa para enseñar no es algo que se haya hecho por primera vez. Esto viene, creo, desde Sócrates. Recuerdo mucho que cuando yo era chiquito había un profesor que hacía eso”, relata Ames.

La virtud del docente

Desde que se inició la modalidad a distancia debido a la expansión del coronavirus en el Perú, la profesora Gabriela Guerrero Landa supo que sus clases en la Comunidad Nativa Yutupis, Amazonas, debían ser reformuladas. Fue así que decidió iniciar un sistema con diversos recursos digitales para continuar con sus labores docentes. Sin embargo, con los días descubrió que muchos de sus estudiantes no contaban con acceso a dichas herramientas. Su respuesta fue inmediata.

“Las brechas han sido mucho más notorias con la pandemia. A diferencia de la ciudad, en algunas zonas ni siquiera había acceso a radios. Mucho menos a computadoras o a tablets. Entonces, la forma de adaptar la educación era visitarlos a domicilio. Luego, para evitar riesgos de contagio, optamos por las llamadas telefónicas”, narra la maestra.

En efecto, durante los últimos meses todo el país ha sido testigo de las profundas grietas que se han agudizado con la crisis sanitaria. Pese a todo, mientras la pobreza y la precariedad permanecen como dolores insufribles, en el Perú hay aún motivos para creer en el futuro. Profesionales como Guerrero son una irrefutable prueba de ello.

“Hay que tener confianza en los estudiantes porque tienen mucho potencial. Ellos tienen mucho por enseñarnos a nosotros mismos, quizá con una forma de aprender que no es convencional. Cada docente tiene la virtud de fijarse en las características de cada estudiante para aprovecharlas”, reflexiona la docente.

El reto de la innovación

“Se me activó un foquito y dije: ¿ahora qué hago?”, cuenta la profesora Giovanna García sobre el momento en que se enteró de que las clases presenciales habían quedado suspendidas. Confiesa que se sintió desconcertada por un instante, pero rápidamente intentó plantear una respuesta, un plan de contingencia para no poner en pausa su pasión por la enseñanza.

Tras ello, se enfrentó a un reto mucho más grande. La profesora recuerda que, en sus más de 30 años de servicio, jamás se había visto en la necesidad de involucrarse tanto con las nuevas tecnologías como ahora. Pero nada de ello fue impedimento para que diera el gran salto hacia el universo digital. “Quería adecuarme para poder dictar las clases a través de una pantalla. Pude capacitarme y ser un poco más innovadora”, confiesa.

Con el tiempo, Giovanna García, quien es profesora en un colegio público de San Juan de Lurigancho, no solo ha aprendido a manejar recursos informáticos, sino que ha empezado a extrañar a sus estudiantes. Sabe, no obstante, que esta es una adversidad pasajera y pronto volverá a sentir el calor humano de las aulas, donde la entrega del maestro debe ser total.

“Ser maestra es tener vocación de servicio. Nosotros activamos los cinco sentidos cuando estamos con los estudiantes, y eso nos activa diferentes emociones ante ellos. Cuando vemos sus progresos o dificultades, estamos ahí, empatizando para desarrollar en ellos muy buenas personas”, señala la profesora.

Al alcance de un clic

En un movimiento dictado por su ímpetu de enseñar, el docente Alberto Valdiviezo descubrió un mundo repleto de posibilidades. Frente a la insuficiencia de las clases virtuales, este ingenioso maestro de matemáticas, acostumbrado quizá a plantear soluciones frente a problemas complejos, optó por llevar sus lecciones al banco audiovisual de Youtube.

“He tratado de ver el vaso medio lleno y no medio vacío. No me he enfocado en la desgracia, sino en la oportunidad que había para hacer que mis alumnos aprendan más y mejor. Para ello, decidí crear un canal de Youtube, porque en las clases sincrónicas no teníamos mucho tiempo. Yo enseño matemáticas y las matemáticas hay que enseñarlas despacio. La idea es que los muchachos puedan tener al profesor al alcance de un clic”, explica.

Así, Alberto se ha convertido en el “Profe Betito”, casi una celebridad de internet donde cientos de jóvenes siguen sus clases de álgebra, aritmética, razonamiento matemático y materias afines. De ese modo, ha conseguido llegar no solo a sus alumnos, sino a numerosos adolescentes que buscan respuestas en la red. En sus videos, Alberto propone una serie de ejercicios de diversos niveles de dificultad, con el propósito de seguir enseñando pese a los contratiempos.

El maestro admite que todo ello lo ha guiado a aprender sobre una serie de recursos que hasta hace un tiempo ignoraba. Revela, además, que antes no sabía lo que significaba subir un video a Youtube. “En estos tres meses he aprendido más de lo que he aprendido en toda mi vida”, revela el profesor respecto a esta etapa en su carrera.

“He tratado de aprender mucho para que no se note que los muchachos no están yendo al colegio. Ahora he aprendido gamificación, para que aprendan jugando, incluso con apps como Kahoot o Quizizz. Todo eso toma tiempo, por eso siento orgullo de felicitar en este día a todos los que se queman las pestañas estudiando frente a la computadora, a veces descuidando a su familia. Pero esa es la vocación”, concluye Valdiviezo.

Hacia una vida más justa

Desde niño, a Bruno Ychpas Choque le gustaba enseñar. Lo hacía con familiares y amigos, demostrando sus inclinaciones por la docencia a partir de una edad muy temprana. Ahora, este profesor de una escuela en Ate Vitarte afirma que, con la actual coyuntura, no solo han aprendido los maestros, sino también los estudiantes y los padres de familia. Todos, generando vínculos que antes no tenían.

“Para mí, esta realidad ha sido nueva. Estoy aprendiendo. Nos encontramos con una realidad en la que los padres no pueden financiar la educación de sus hijas. Por lo tanto, no se pudo dar las clases con Zoom o Meet, porque no todas tenían la posibilidad. Eso es lo que el maestro ha ido aprendiendo”, indica Ychpas.

En ese sentido, resalta además que la emergencia sanitaria ha puesto de manifiesto aún más la desigualdad que se vive en nuestro país. “La situación económica de las familias marcó bastante en los estudiantes. Algunos no podían tener el internet los 30 días del mes”, revela. Sin embargo, frente a todo ello, este profesor trabaja diariamente, incluso sábados y domingos, para revertir una situación tan compleja.

Pese a que confiesa extrañar la sonrisa de sus alumnos, la satisfacción de una lección aprendida, Bruno Ychpas recuerda que el objetivo del docente se mantiene intacto. “El maestro es el facilitador y mediador de aprendizajes, es el encargado de cambiar y direccionar la sociedad hacia una vida más justa. Creo que el papel del docente es muy importante, ahora mucho más que antes”, reflexiona.