Quilca, Camaná y Amazonas: la lectura y su intento por resistir frente a la pandemia

Los libreros del Centro de Lima estaban a puertas de iniciar la campaña escolar, la más fuerte en ventas del año, cuando inició el estado de emergencia en el país. ¿Cómo afectó la pandemia a los más de 300 comerciantes de libros ubicados en Quilca, Camaná y Amazonas?

Libreros de Quilca, Camaná y Amazonas intentan resistir ante la pandemia de la COVID-19. Foto: Composición LR
Libreros de Quilca, Camaná y Amazonas intentan resistir ante la pandemia de la COVID-19. Foto: Composición LR
Diego Alva

Berta Monroy lleva doce años dedicándose a la venta de libros. Durante todo ese tiempo ha tenido distintos puestos entre las calles que interceptan los jirones Quilca y Camaná, en el Centro de Lima, punto de encuentro para quienes iban en búsqueda de algún texto literario, escolar, científico o especializado.

En más de una década de trabajo, cuenta que nunca se separó tanto tiempo de alguno de sus locales. Para aquellas personas cuyo sustento depende de la venta diaria, cada día de atención suma para abastecer la canasta familiar, sea domingo o feriado. En el caso de la señora Monroy, fueron casi noventa días los que no pisó Miscelánea Librería, nombre con el que bautizó al local que alquila desde hace dos años en la cuadra 8 del jirón Camaná.

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“A partir de la fecha en que dijeron que se podía realizar la venta desde Internet y por delivery, recién pude venir al local. Hemos puesto nuestro número de teléfono en la puerta. Algunos de nuestros clientes frecuentes nos llaman para consultar por algún libro, pero aún no tenemos una fecha cuando abrir”, relata.

La señora Berta Monroy tiene uno de las pocas librerías que están abiertas en el jirón Camaná. Foto; Diego Alva Patiño

Desde una reja que cubre el ingreso a su local, Berta atiende a los escasos compradores que transitan por esas calles. En sus estantes reposan libros de algunas de las editoriales más importantes: Anagrama, Planeta, Alfaguara, Seix Barral, Penguin Random House; y títulos como La palabra del mudo, Historia de la corrupción en el Perú, hasta las sagas completas de Harry Potter, así como otros betsellers.

Miscelánea Librería es uno de los pocos locales que están atendiendo a puerta cerrada desde hace algunas unas semanas. Antes de que iniciará el estado de emergencia eran aproximadamente unos 100 libreros los que se dedicaban a la venta de textos en esos jirones, indica Luis Verme, coordinador de la feria del libro “Al Damero de Pizarro sin carro”.

“Los libreros de Camaná y Quilca vivimos de la venta diaria. Somos muchos los que tenemos locales alquilados y nos hemos visto gravemente afectados porque no hemos generado ingresos durante todos estos meses”, señala y asegura que ninguno de sus compañeros ha sido beneficiado por algún subsidio del Estado.

Son pocos los clientes que pasan por el jirón Quilca en busca de algún texto. Foto: Diego Alva Patiño

Verme estimó que las pérdidas durante el estado de emergencia oscilan entre los 60 a 70 soles diarios por cada librero, aunque esto depende del tipo de texto que se comercializa, habiendo los que pueden llegar a generar más ingresos, pero también los que “venden solo para pagar el alquiler”.

Precisamente, el costo del alquiler de los locales durante los meses que ha durado el estado de emergencia es uno de los puntos que los libreros de Quilca y Camaná aún no definen con sus arrendatarios. Tal es el caso de la señora Berta, que se encuentra a la espera de facilidades de pago o el fraccionamiento de su deuda.

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El emporio de los libros

A 17 cuadras desde donde nos atiende Berta, otra reja de mayores dimensiones delimita el ingreso a 201 puestos de ventas de libros. El área de 5.200 metros que compone la Feria de libro de Amazonas, y que en época de campaña recibía la visita de 2.500 personas diarias, hoy solo es recorrida por un vigilante.

“Las pérdidas son incalculables. Habremos perdido más del 60 %”, cuenta Sergio Montañez Ferrari, representante de este campo ferial. Esto debido a que los mayores índices de ventas en este sector se producen durante marzo, abril y mayo, a inicios de las clases escolares y universitarias, meses en lo que se estableció la cuarentena obligatoria.

Durante campaña escolar, unas 2.500 personas visitaban diariamente la Feria de Libro Amazonas. Foto: Diego Alva Patiño

“Para nosotros ha sido una catástrofe económica, nos estamos preparando desde diciembre del año pasado para adquirir textos del plan lector y los nuevos libros que se están pidiendo para la época, escolar, universitaria y de preparación. Nos preparamos meses antes y esta situación nos agarró desarmados”, explica Montañez, quien a pesar de todo confía en que sabrán recomponerse.

En el caso de los 201 libreros que componen la Feria de Amazonas, ellos no se han visto afectados por el tema del costo del alquiler de los espacios durante estos meses, debido a que son propietarios de la mitad del predio que conforma el campo ferial (la otra parte pertenece a Bienes de Estado), pero sí cubren gastos como el pago de arbitrios y el SAT.

Desde la declaratoria del estado de emergencia, cuenta Montañez, los miembros de este campo ferial iniciaron un trabajo para activar los protocolos de seguridad, que permitan acondicionarse a las medidas sanitarias: distanciamiento, módulos de desinfección y establecer un aforo limitado.

Estas disposiciones, al igual que las adoptadas por la señora Berta Monroy, van en línea con el Protocolo para la Venta de Libros aprobado por el Ministerio de Cultura, al cual se acogieron en un inicio las librerías más grandes del Perú estableciendo sus ventas por delivery o recojo en el mismo establecimiento.

Dentro de los puntos más importantes especificaba que las librerías debían elaborar un “Plan para la vigilancia, prevención y control de COVID-19 en el trabajo”, “establecer la limpieza y desinfección de sus espacios/zonas, mobiliario, equipos, libros; y/o los almacenes que tengan a su cargo para el resguardo de sus libros” y que “los puestos de atención al cliente y entrega de mercadería contarán con barreras como mamparas u otro medio, para evitar el contacto directo con el público en general”.

En ese sentido, el representante de la Feria del Libro de Amazonas, anunció que retomarían sus actividades a partir de la próxima, en una fecha exacta que será anunciada en los siguientes días. “No vamos a llorar sobre leche derramada, vamos a reinventarnos de forma inmediata”, expresó Montañez.

Desde el Ministerio de Cultura, Leonardo Dolores, director de la Dirección del Libro y la Lectura, indicó que el protocolo aprobado por su institución incluye a los libreros de Amazonas, Quilca y Camaná, bajo la modalidad de entrega a domicilio y recojo en el local.

Asimismo, que han mantenido contacto con los gremios del sector de libro y la lectura y que “en el caso de las librerías del Centro de Lima, se han realizado mesas de trabajo con representantes de la Municipalidad de Lima para evaluar la posibilidad de implementar lineamientos que permitan reactivar la comercialización de libros”.

Por el momento, tanto la señora Berta Monroy, como los puestos de venta de libros que se ubican en el Centro de Lima intentan reponerse a esta situación adentrándose a la venta por Internet, a través de Facebook u otras redes sociales, o esperando a los pocos clientes que transitan en esas calles en buscando incrementar sus bibliotecas.