Los adioses y los abandonos en la Amazonía peruana

19 Jun 2020 | 4:37 h
Ante la ausencia del Estado, varios pueblos indígenas tomaron acciones contra el Covid-19. (Foto: La República)

La selva luchó sola más de 80 días contra la pandemia. Líderes indígenas, hombres y mujeres, perdieron la vida ante el Covid-19. Se estima que las cifras oficiales de muertos y casos se quedan cortas. Mientras recién hace unos días, desde el inicio de la emergencia, se tomaron acciones en favor de la zona. En el futuro urge enfrentar la cultura burocrática y siglos de abandono e indiferencia en la región.

Por: Carlos Páucar

Uno de los adioses más sentidos en los últimos días fue el del artista shipibo Glover Mori Carrillo (37), conocido como Korrobi. Un jefe de la comunidad San Francisco de Jepe, lo despidió: “Tus cantos masha, shirobewa, quedarán en la memoria de todos los que aún resistimos a este mal”. El comunicador nativo pucallpino Berngk Mahua lo describió como “un ícono de la cultura milenaria de los pueblos shipibo-konibo, daba la vida en todas las actividades culturales”. Murió por Covid-19 en la comunidad Nuevo Egipto, en Yarinacocha.

Igual sentimiento e indignación causó el deceso del apu Humberto Chota Laulate, el 7 de junio en Caballococha, en la Triple Frontera. Fue presidente de la Federación de Comunidades Nativas Ticuna y Yagua del Bajo Amazonas (Feconatiya).

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Tuvo una larga agonía. Su hijo Miguel lo condujo el 5 de junio en bote a San Pablo, pero el local de salud no tenía medicinas ni oxígeno. Tras otros dos días de viaje, llegó a Caballococha, donde tampoco hallaron oxígeno. Su cuerpo no resistió más. Y emprendió el viaje de regreso con sus antepasados.

Sufriendo el precario sistema de salud

Otro dirigente, esta vez del pueblo murui, Mauricio Rubio (66), luchador infatigable contra los traficantes de madera y los ilegales en la Amazonía, bregó por su vida hasta el final, hasta que cayó vencido por el colapso del sistema de salud en la selva.

Había fundado la Federación de Comunidades Nativas del Río Ampiyacu (Fecona). Había luchado por la creación de un área de reserva comunal. Había gestionado la compra de un terreno para la comunidad de Yaguas de Santa Lucía Pro, que sufría la inundación de sus tierras.

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Se sintió mal, pero quedó varado en Pucaurquillo. No pudo llegar a un centro de salud, como otros contagiados en la selva. El virus mostraba el peor rostro de la indiferencia del Estado. Al pintor Brus Rubio le dieron las condolencias y le desearon para su padre un mayor brillo del sol, un buen viaje de transformación, de retorno a las estrellas, de encuentro con los dioses.

Como lo explica el periodista indígena Leonardo Tello Imaina, que dirige Radio Ucamara, “el Estado ha abandonado a nuestros pueblos, a quienes llama ciudadanos, pero a los que jamás ha tomado en serio a la hora de las decisiones”.

Muchos otros líderes perdieron la vida. Amelia Huanaquiri Tuisima (89), una de las cuatro portadoras de la lengua omagua; la sabia shipiba Rosa Flores Huaya (80); el alcalde de Masisea Silvio Valle Lomas (43); el artista Filder Agustín Peña (40); la estudiante bilingüe Delicia Mori Inuma (34); la curandera Victoria Vásquez Valera (80); Alfredo Rojas Cairuna (78) de Paoyhan; la lideresa kukama Ilda Ahuanari; la maestra Marcelina “Tita Mashi” Maynas. En la región se padece el Covid-19, pero también décadas de olvido, pobreza, corrupción, desinterés, abandono de políticas públicas.

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Al 17 de junio, el Ministerio de Salud informó la cifra de 7.849 contagiados y 320 fallecidos en Loreto; 6.645 contagiados y 133 fallecidos en Ucayali; 3.015 contagiados y 72 muertos en San Martín; y 1.184 contagiados y 19 fallecidos en Madre de Dios.

Cifras oficiales. Pero los reportes de centros médicos locales, iglesias y funerarias revelan que los números del Minsa quedan cortos, si además se repara en que muchos esperan la muerte en casa. Por lo general, en esta crisis sanitaria la acción del Estado, a todo nivel, ha tenido una característica: el desconcierto.

Por ejemplo, hay una deficiente recopilación de información, según alertó el portal Convoca, de parte de las autoridades de salud de San Martín, Pasco y Huánuco: no preguntan a qué grupo étnico o indígena pertenece un paciente de Covid-19. Al no darle importancia a la variable etnicidad, ¿cómo pueden hacer planes de salud entre los ticuna, yagua, omagua, achuar, ashaninka, awajún, kandozi, machiguengua, shipibo, urarina, wampi, yanesha, y otros?, ¿cómo se puede articular la atención, por ejemplo, en Loreto, Ucayali, Amazonas o Madre de Dios?, ¿cómo reducir el subregistro de casos en la población nativa?

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Cultura burocrática y la interculturalidad

Hay otros motivos que prolongan la soledad de la Amazonía: la demora y acciones a ciegas en los diversos niveles del Estado.

Luisa Elvira Belaunde Olchewski, antropóloga y docente de la Universidad de San Marcos, señala dos factores: la cultura burocrática y la idea “fosilizada” que se tiene de la interculturalidad en el Estado. “Ya se sabe que las poblaciones indígenas son las más vulnerables ante las epidemias venidas de afuera. Los pueblos que hay actualmente son sobrevivientes de múltiples epidemias. Y han sufrido un cambio de alimentación muy fuerte, debido a la monetización de su economía por las múltiples actividades extractivas, legales o ilegales, como la tala de madera, la producción de hidrocarburos, la pesca extractiva, la minería o la cocaína. Pasaron a consumir productos comerciales inadecuados para la dieta amazónica, con un alto contenido en azúcares, lo que ha creado condiciones como diabetes, anemia, proliferación de parásitos, presión alta, todo lo que favorece al Covid-19”.

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Belaunde afirma que la cultura burocrática de los ministerios causa trabas y graves malentendidos. Pese a que a inicios de abril ya el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) había pedido interactuar con los pueblos indígenas por “su alto riesgo de contagio”. Pese a que el presidente Martín Vizcarra el 10 de abril, a 30 días de la cuarentena, reconocía que “las comunidades nativas no están siendo atendidas como debieran” y que el problema era de “logística”. Y pese a que el 22 de abril los obispos de la Amazonía en un comunicado pidieron al Gobierno no abandonar a los indígenas. Poco se ha hecho a estas alturas de junio.

“Al día de hoy no se han tomado acciones. Esa demora se debe a varios factores. Hay una cultura burocrática que impide que las buenas intenciones, por ejemplo, del presidente Vizcarra, no se traduzcan en acciones concretas”. Belaunde refiere que se contrataron especialistas para producir un plan de salud para los pueblos indígenas. “A mediados de abril ya estaba listo, y sin embargo recién se publicó el 21 de mayo, un mes después”. Se asignó S/ 88 millones de presupuesto: “Al día de hoy (13 de junio), no se ha desembolsado”.

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“Otro de los obstáculos, aunque parezca contradictorio, es la noción de lo intercultural que el Viceministerio de Interculturalidad maneja... Intercultural significa encuentro de diferentes culturas, colocarse en la posición del otro y dialogar, pero lo que hay es una noción fosilizada de lo intercultural, vacía, disfuncional”.

Belaunde explica que el Viceministerio se posiciona como “dueño” de todo lo que tiene que ver con interculturalidad, por lo tanto, cualquier propuesta del Minsa o Midis con respecto a pueblos indígenas debe ser revisada y “adecuada interculturalmente”, pero se maneja una visión fosilizada “que causa demoras y trabas”. Pone de ejemplo un afiche digital, un spot informativo, traducido a varias lenguas y soltado en la web, pero no lo circularon más porque “ya no entra en su competencia”. En el afiche se ve gente de manos blancas, con lavabos, caños plateados, papel, toallas blancas, “un tipo de mensaje que no corresponde con las poblaciones”. Como decía una carta de Aidesep al Gobierno: “más allá de traducir mensajes, ¿qué se está haciendo para llegar a las comunidades indígenas?”.

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Clamorosa falta de protocolos

También la falta de protocolos de bioseguridad y control sanitario extendió la pandemia, como ocurrió con el caso del alcalde de Trompeteros, quien distribuyó alimentos sin protocolo alguno y lo hizo con personal infectado.

“Igual fue en el caso de los bonos. No se hizo caso a organismos indígenas, como Aidepsep, que pedían que se entreguen no dinero sino alimentos y medicina”. ¿El resultado? Muchos nativos acudieron en masa a bancos y ciudades en busca del bono y resultaron contagiados.

“El presupuesto de 88 millones de soles no lo han desembolsado, el protocolo de seguridad solo salió la semana pasada, y, llegando al día 80 de la cuarentena, el bono queda en el aire”, dice Belaunde. Y concluye: “Necesitamos saber qué hacer con ese atrincheramiento burocrático de funcionarios que dicen ‘ya he cumplido lo que me toca’, que retrasan todo por formalismos”.

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En los últimos días, el ministro de Salud, Víctor Zamora, y de Cultura, Alejandro Neyra, parecen querer enderezar los problemas. “Hoy he dado instrucciones para responder más rápido a sus demandas”, dijo el primero a dirigentes indígenas. Neyra comprometió a su sector a hacer “un constante monitoreo de la ayuda a las comunidades”. Y según la titular del Midis, Ariela Luna, 295 mil beneficiarios del bono serán de comunidades amazónicas y Qali Warma espera llegar a 420 comunidades de 5 regiones.

Pese a ello, persisten las preguntas, como la de Radio Ucamara: “El dinero entregado por el Gobierno central aún no se ha materializado en alimentos. El Estado es lento e inoperante. Sus estrategias y criterios para la entrega de los bonos no son acertadas. Muchas familias no han tenido acceso a beneficios. ¿Podrán resistir más el aislamiento?”.

El “Comando Matico” y otras iniciativas

Ante la ausencia del Estado, varios pueblos indígenas tomaron acciones contra el Covid-19. En abril diversas comunidades cerraron el ingreso a los extraños. Los abuelos de algunos pueblos decidieron internarse más en la selva para salvarse, según el pintor Rember Yahuarcani, de Pebas.

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En Ucayali surgió el "Comando Matico", que enviaba plantas medicinales a Cantagallo y otras comunidades. Y también, pese a su pobreza, kukamas de Gran Punta, Solterito, San Pedro, enviaron su pescado, plátano y sus verduras a zonas necesitadas como Nauta.

El 8 de junio ocurrió lo que exigían Radio Ucamara, Servindi, Orpio Aidesep, pueblos amazónicos en la pandemia de Covid-19, Feconau, Fenamad y comunicadores como Mari Luz Canaquiri, Berngk Mahua, Ítalo García, Marcelina Maynas: surgió el Primer Comando Covid-19 Indígena, en Loreto. Algo tarde, pero si se replica, puede ayudar con soluciones a tantos años de indiferencia.

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Pacaya samiria

Sin turismo. La Reserva Nacional Pacaya Samiria hoy es un lugar olvidado. “No tenemos apoyo. No hay ingresos, no tenemos qué darles a nuestros niños”, dice Tony Layche, de la comunidad nativa Yarina, una de las 5 que conforman la reserva.

Ayuda. Layche pide ayuda para sus familiares y amigos. Afirma que en la reserva nadie ha recibido bonos del Estado, ni canastas. Para cualquier ayuda, comunicarse al 914842563.

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