En el Perú, tener la piel oscura también es sentir una rodilla que aprieta el cuello

Nicol León

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06 Jun 2020 | 8:48 h
La Republica
A raíz del asesinato de George Floyd, muchos peruanos se mostraron en contra del racismo a través de las redes sociales. Créditos: EFE.

El racismo nuevamente genera manifestaciones en el mundo y Perú no es ajeno a esta realidad. Su efecto en la salud mental de quienes lo padecen sigue siendo crudo. ¿Las personas que lo señalan ya no lo cometen?

Es una niña de cinco años. Baila el ‘meneíto’ de Natusha en su casa de San Martín de Porres. Un día la ve en la tele: mujer blanca, ojos claros, cabello rubio. Le pregunta a su mamá: ¿Por qué no me veo como ella? La respuesta es el silencio.

Es una adolescente de doce. Logró lo que deseó durante mucho tiempo: alisar su cabello. Pero eso no es suficiente para que deje de encerrarse en su cuarto a llorar. La escena se repite durante todo el verano del 2000. No quiere ingresar a secundaria. Le da terror.

Un día se da cuenta de que puede pasar semanas sin dormir. Aunque la migraña la irrita, usa sus madrugadas para pensar por qué todo el colegio la molesta con su peso y su color de piel. Su madre le da pastillas para descansar. Ella las colecciona hasta que decide consumir todas.

Ansiedad, pánico y muerte

Baja autoestima, ansiedad, ataques de pánico, intentos de suicidio y suicidios. Esas son las consecuencias de los ataques racistas, advierte la psicóloga y activista afroperuana Jazmín Reyes, quien afirma que es más difícil que las personas negras abracen su identidad por los prejuicios que existen hacia ellas. Su color de piel aún se asocia con lo negativo.

“El trauma racial se encuentra relacionado con sentimientos de ansiedad, depresión e ideas suicidas, así como con otros problemas emocionales. Son efectos acumulativos del racismo en la salud mental y física del individuo. Muchos autores relacionan al trauma racial con síntomas similares a los del trastorno de estrés postraumático (TEPT)”, explica.

Más de 828.000 peruanos (3.6% de toda la población), que se identificaron como afrodescendientes en el Censo Nacional 2017, corren el riesgo de padecer estas afectaciones psicológicas por el racismo que los ataca cotidianamente.

¿Menos racismo, menos racistas?

En 2012, el Instituto Nacional de Salud Mental (INSM) reveló que menos peruanos perciben racismo en el país, una conclusión que evidencia que este tipo de discriminación empezó a manifestarse de manera más sutil.

“El racismo era más fuerte en los años sesenta o setenta . Obviamente, aumentó la percepción de orgullo y reconocimiento. Tiene que ver con el trabajo de muchas organizaciones afroperuanas. Pero eso no quiere decir que no haya nuevas formas de racear”, advierte Reyes.

Orlando Sosa, activista afroperuano, afirma por su parte que el racismo empezó a sofisticarse y a encontrar una manera de parecer “inofensivo” por la falta de una reforma estatal que lo prevenga.

“Por ejemplo, el ‘humor’ basado en la humillación, en la ridiculización de las identidades negras. Dentro de esta perspectiva, siempre se asigna la responsabilidad a la persona que es víctima del racismo. Se menciona que es acomplejada y que tiene traumas si no se ríe de las ‘bromas’ racistas”, argumenta.

El miedo a ser denunciado por redes sociales también influyó en la creación de nuevas maneras de cometer este delito. Los racistas saben que ‘cholear’ o ‘negrear’ son ataques más evidentes que ya no se emplean tanto para segregar, pues son fáciles de identificar y, por lo tanto, de señalar.

“Las personas se resisten a asumir su racismo porque piensan que eso las vuelve malas de forma automática, cuando, en realidad, hay que asumir una responsabilidad concreta de cuánto hemos sido funcionales al racismo, cuántas veces lo hemos replicado y qué estamos haciendo para erradicarlo”, señala.

Los daños psicológicos no paran con el tiempo

Cuando cumplió 18, Anaí Padilla pudo hablar con un psicólogo sobre el día en que intentó suicidarse. En terapia, reconoció que fue víctima de violencia racista durante su etapa escolar. Fueron los primeros pasos de un largo proceso de curación que continúa a pesar del paso del tiempo.

“Empecé a trabajar con él esas cosas por primera vez. Realmente empecé a retroceder, a pensar, a poner mi vida sobre la mesa. Tengo 31 años y visito un psicólogo desde hace seis. Vivo con acompañamiento porque estas cosas calan y calan muy hondo”, cuenta.

El daño a su salud mental fue tanto que su cuerpo también empezó a sufrir los estragos: le extirparon las amígdalas a los 21 años. Sin embargo, esta vez, ni la operación la silenciaría. Su carrera actoral lo impidió.

“Me ha aflorado mucha fortaleza. Me apoyo en mis ancestras y ancestros por todo lo que vivieron al ser mujeres y hombres esclavizados, maltratados y violentados todo el tiempo. Pensar en cómo resistieron me hace sentir que es algo que ya está en mi ADN”, comenta.

Pero a veces esa inspiración no es suficiente. La violencia continúa, y ella no siempre tiene la misma fuerza para responder.

“El año pasado yo caminaba por una calle de Miraflores. Llegando al teatro, en una calle solitaria, una mujer venía. Me vio y se cruzó la vereda. Ante eso, cualquiera podría decir ‘ah ya, cruzó porque tenía que cruzar’. No. Yo vi su rostro, su actitud y su mirada. No es que vea racismo o discriminación en todos lados”, asegura.

¿Y la reparación?

El lunes 25 de mayo, cámaras de seguridad grabaron cómo un policía blanco mató al ciudadano afrodescendiente George Floyd en una calle de Minessotta. Muchos peruanos mostraron su rechazo hacia este asesinato mediante hashtags y la imagen de un cuadrado negro.

Estas publicaciones evidencian que más personas rechazan este tipo de violencia, pero no implica que, necesariamente, dejen de practicarla.

“Es completamente contradictorio que te indignes por el racismo que existe en Estados Unidos, pero que en este país consumas productos racistas, programas de televisión que ejercen el black face como los programas racistas de JB con personajes como el Negro Mama y la Paisana Jacinta. Es contradictorio que sigas raceando con burlas”, precisa Orlando.

Mediante un video que compartió en su cuenta de Instagram, se dirigió a las personas que se sumaron a las manifestaciones en contra del crimen de George Floyd para preguntarles si se habían cuestionado todas las veces en que fueron racistas.

“¿Alguna vez han hecho algo a favor de las personas hacia las cuales ejercieron racismo? ¿Les pidieron disculpas? ¿Se acercaron a ver cómo estaban? Ya ni siquiera pregunto si repararon. No puede existir algún tipo de justicia ni paz sin reparación. ¿Han pagado procesos terapéuticos sobre las personas que ejercieron racismo?”, cuestiona.

Para Jazmín Reyes, el racismo recién será verdaderamente encarado cuando el Estado aumente el presupuesto para atender la salud mental y aplique reformas educativas.

“Sumado a ello, tiene que darse una transformación sobre la psicología. ¿Quiénes son los psicólogos que están estudiando? ¿Quiénes están saliendo? ¿Con qué enfoque?”, añade.

Mientras tanto, las personas afroperuanas, indígenas, cholas y de otras etnias, seguirán sintiendo que viven como si tuvieran una rodilla que les aprieta el cuello.