Pobres y Perú rural, los más golpeados por la crisis

David Pereda

david.pereda@glr.pe dperedaz

06 Jun 2020 | 11:05 h
Escasez. Expertos sugieren medidas contra el hambre. (Foto: F. Matos)
Escasez. Expertos sugieren medidas contra el hambre. (Foto: F. Matos)

Hambre, agua y tecnología. Un 78% de los peruanos ha sido afectado en su alimentación y un 36% se ha quedado sin qué comer en algún momento de la cuarentena. En las zonas rurales y entre los más pobres, más de la mitad se quedó sin alimento alguna vez en la actual emergencia.

Los pobres y los pobladores de zonas rurales son los más golpeados en el país por la falta de alimentos y acceso al agua e internet en esta crisis, según muestra la última encuesta nacional del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) para La República, investigación hecha con llamadas a teléfonos celulares al azar debido a la cuarentena.

El estudio, que consultó a la población del 21 al 28 de mayo últimos, genera aproximaciones sobre el alcance de diversas opiniones en nuestro país con márgenes de error de 2.5 puntos (por encima y por debajo) en cada resultado de nivel nacional.

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Un 78% aproximadamente ha sido afectado en su alimentación por haberse reducido su cantidad, calidad o quedarse sin qué comer alguna vez en esta emergencia, es decir, más de tres cuartas partes del país se ha perjudicado de algún modo en su nutrición.

En mayor detalle, el estudio muestra que, grosso modo, un 70% de la población ha disminuido la cantidad de sus alimentos, un 65% ha reducido la calidad de este recurso y un 36% se ha quedado sin qué comer en algún momento en los últimos dos meses. Por tanto, más de un tercio del Perú no pudo ingerir comida alguna vez en la cuarentena.

La situación es más grave en las zonas rurales, donde alrededor de un 90% ha tenido menos alimentos, también un 90% tuvo menor calidad de estos productos y un 59% se quedó sin qué comer en algún momento de este periodo. Es decir, aproximadamente, tres quintas partes de la población rural –mucho más de la mitad– no tuvo alimento alguna vez en esta emergencia, pese a que abastece de este recurso a las ciudades.

También es grave el daño en la nutrición entre los más pobres del país (niveles socioeconómicos D y E). En estos grupos, alrededor de un 87% ha tenido menos comida, un 85% perdió calidad en sus alimentos y un 55% se quedó sin nada para ingerir en algún momento de este periodo. Es decir, más de la mitad no tuvo qué comer.

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El historiador Raúl Asensio, investigador del IEP sobre desarrollo rural, advierte “un retroceso de varias décadas en las problemáticas rurales”. “Si la situación se prolonga, en los próximos meses podríamos vernos obligados a hablar de una ‘agenda de hambre’”, dice.

“La magnitud del problema en las zonas rurales se explica por el colapso de los sistemas de intercambio urbano-rurales. (…) Los hogares rurales ya no son solo campesinos, sino que tienen estrategias de generación de ingresos diversificadas. Todo esto se ha quebrado y obliga a las familias rurales a volver a una autosuficiencia, en la que dependen casi exclusivamente de lo que producen y lo que pueden intercambiar con sus vecinos cercanos. Hemos vuelto a una economía rural parecida a la de los ochenta”, sostiene.

El economista Eduardo Zegarra, investigador de Grade (Grupo de Análisis para el Desarrollo), advierte “un grave deterioro de los ingresos agrarios, junto a las mayores restricciones para acceder a alimentos no producidos por los hogares” en la base de esta triste realidad. “Agrava esta situación que el bono rural sea el de peor desempeño (solo han cobrado 37% de beneficiarios), mientras más de dos millones de agricultores siguen sin recibir ayuda económica significativa para enfrentar el colapso de sus ingresos y una descapitalización que pone en riesgo la próxima campaña agrícola”, dice.

Agua e internet

Además, el estudio muestra que un 60% de los peruanos tiene agua potable en sus hogares todo el día, situación que les facilita cumplir medidas de protección para evitar el nuevo coronavirus, como es el lavado frecuente de manos y el baño al volver de la calle. Empero, un 28% cuenta con este recurso por horas y un 12% no tiene el servicio. Es decir, dos quintas partes del país no tienen agua permanentemente para lavarse.

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La situación es peor en las zonas rurales donde solo, grosso modo, un 30% cuenta con agua todo el día en sus hogares, un 36% lo tiene por horas y un 34% no tiene este recurso. Por tanto, cerca de dos tercios no tendría agua todo el tiempo para asearse.

Entre los más pobres del país (niveles D y E), alrededor de un 39% cuenta con este recurso vital todo el día, también un 39% lo tiene por horas y un 22% no tiene agua. Grosso modo, tres de cada cinco no tendrían agua de modo permanente para el lavado.

Asimismo, un 74% de los peruanos tiene baño conectado a una red pública y un 26% no. Esta carencia es mayor en las zonas rurales (67%) y entre los más pobres (48%).

“Al no contar con agua potable en cantidad y calidad, son vulnerables ante varias enfermedades. La Organización Mundial de la Salud señala que el lavado de manos con jabón permite crear una barrera importante para la transmisión de Covid-19. ¿Cómo podemos prevenir diversas enfermedades, entre ellas el Covid-19, sin servicios de agua y saneamiento de forma continua y accesible?”, dice la socióloga Mariel Mendoza, docente de la maestría en Gestión de Recursos Hídricos de la Universidad Católica.

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El estudio también revela que un 69% de los peruanos usa internet, pero un 31% no, en un momento en el que el teletrabajo y la educación virtual son más necesarios. La utilización de este recurso clave es menos de la mitad en zonas rurales y en niveles D y E.

“Hay brechas importantes en niveles socioeconómicos (A/B y D/E), ámbito de residencia (urbano y rural) y tipo de trabajador (formales e informales). Ante este panorama, y por las medidas de distanciamiento, es fundamental promover el despliegue de infraestructura en el país (fibra óptica, por ejemplo), reforzando la asequibilidad de las TIC (tecnologías de información y comunicación), y medidas de alfabetización digital”, comenta la economista Aileen Agüero, investigadora del IEP sobre estas tecnologías.

Para evitar la crisis de hambre

Raúl Asensio, investigador del IEP, alerta de que mercados itinerantes o de trueque son muy limitados. “Es poco probable que puedan multiplicarse a la escala necesaria. La única solución a mediano plazo es reactivar los circuitos de intercambio urbano-rurales”, dice.

Eduardo Zegarra, de Grade, considera “urgente que el Gobierno designe una instancia de emergencia alimentaria por regiones”, implemente compras directas de alimentos a productores y los distribuya de manera masiva a los vulnerables.

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