La normalidad postergada

25 May 2020 | 15:17 h

“Seremos los mismos, con los mismos egoísmos, las mismas costumbres y los viejos distanciamientos sociales y económicos, que no puede llamarse normalidad desde la perspectiva de una aspiración humana”

Eduardo Ugarte

Periodista

Escuche decir con molestia a un hombre, “Tengo que llevar la comida a mis hijos”, como respuesta a la advertencia de que al ir al mercadillo se exponía a un contagio de la COVID-19. A mi memoria llegaron las mañanas del 13, 14 o 15 de junio de 1950, en que mi padre se expuso para traernos el almuerzo de una picantería de la calle Calvario en Miraflores; recuerdo gratamente el color amarillo del chupe y su sabor a palillo, que se repitió al día siguiente, y comprendo, con la distancia del tiempo y diferencia de circunstancia, la respuesta de ese hombre. Fueron días de balas, estado de sitio y toque de queda en otro contexto, con muertos por otra causa, en la Revolución del 50.

Otro recuerdo de mi niñez es el de aquella ronda en la que uno de nosotros se escondía, mientras el resto giraba en círculo tomado de las manos y cantaba: “Juguemos a la ronda mientras el lobo está, ¿lobo estás?”, a lo que el “lobo” respondía que estaba poniéndose alguna de sus prendas de vestir; al ponerse la última salía a perseguirnos violentamente.

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El recuerdo viene como una metáfora a las vueltas que damos con optimismo para conjurar el crecimiento de contagios, y solo obtenemos como respuesta que el país se está poniendo prenda por prenda para vestirse sin orden y sin saber cuál será su apariencia con la que dispersará la ronda, en este caso de miedo e incertidumbre inéditos.

Finalmente -y este ya no es un recuerdo- se habla mucho de que acabado el peligro de la propagación, por lo menos este año, de la COVID-19, ya no seremos los mismos y que entraremos a una “nueva normalidad” (algunos dicen: volveremos a un mundo mejor). Pero, en esencia seremos los mismos, con los mismos egoísmos, las mismas costumbres y los viejos distanciamientos sociales y económicos, que no puede llamarse normalidad desde la perspectiva de una aspiración humana; lo que lleva a pensar que no hemos vivido en normalidad, que siempre ha sido postergada, y que recién, luego de este sacudón de la naturaleza, tenemos la oportunidad de construir aquello que podamos llamar Normalidad.

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