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Coronavirus: en la calle no hay Suspensión Perfecta [CRÓNICA]

Hugo Daniel Barrios

Ambulantes se han reinventado para tener trabajo en estos días. (Fotos: Cortesía Luis Rodríguez)
Ambulantes se han reinventado para tener trabajo en estos días. (Fotos: Cortesía Luis Rodríguez)

Comerciantes informales luchan cada día por llevar el pan a sus casas, para ellos, no hay beneficios, ni leyes. Ellos viven del día a día.

“La calle es dura” reza un viejo adagio popular y esa característica alcanza niveles impensados en tiempos de crisis como la que afrontamos ahora con el coronavirus. Muchas personas no se encuentran en la estadística del Estado para los bonos y no les queda otra opción que apelar a su ingenio, arriesgando sus vidas, para ganar dinero.

Este es el caso de los comerciantes informales de a pie. Aquellos que antes de la llegada del coronavirus se paseaban por las calles de Chiclayo vendiendo cortauñas, matamoscas, pilas y otros productos de comercialización rápida. Para ellos, no hay cuarentena, ni suspensión de labores, solo han cambiado de mercadería, pero siguen vendiendo en las calles.

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Desde que amanece, se les puede ver por la Av. Balta Sur, cerca a los bancos, anunciando a viva voz mascarillas, guantes y hasta juegos de mesa “lleve su ludo para que no se aburra en casa”.

Pasan las horas, algunos soles echan en sus canguros, pero atentos a todo son ellos los que también intentan poner orden para que la gente que forma cola en los exteriores de los supermercados o bancos mantengan el metro de distancia.

“Hagan caso para que no estén enfermos. Usen sus guantes, tengo de sol y dos soles” pregonan.

Eso sí, todo el día no pueden estar en la calle. Cuando el reloj marca las 3:50 p.m. corren a sus casas, pues a las 4 p.m. comienza el “toque de queda” y “hay que guardarse”.

Las caminatas de regreso son aprovechadas para seguir vendiendo hasta que sus familias los reciben y el día termina.