Nuevos temas: llegaron a quedarse

“Se ha puesto de manifiesto, de manera también “globalizada”, un amplio abanico de carencias de fondo, especialmente en la marginalizada área de la salud pública”.

Diego García Sayán
09 Abr 2020 | 6:22 h

Si el COVID-19 cubrió el planeta viajando en la globalización, también están siendo globales las respuestas institucionales y sanitarias gubernamentales inmediatas. Con la paradoja de un planeta con fronteras que se blindan globalizadamente con la generalización de alguna forma de “estado de emergencia”. Que, aunque no lleve ese nombre, dota de capacidades y funciones excepcionales a los gobiernos y, simultáneamente, fija restricciones para la gente en sus libertades de circulación y de reunión, entre otras.

Vamos al Perú de hoy. Rige un estado de emergencia, con legalidad y legitimidad, indispensable para organizar las capacidades institucionales y nacionales de respuesta. Y, en general, haciéndose las cosas bien y con adecuado sentido estratégico. Las respuestas son eficientes, realistas y vienen siendo oportunas. Pero esto no basta.

Se ha puesto de manifiesto, de manera también “globalizada”, un amplio abanico de carencias de fondo, especialmente en la marginalizada área de la salud pública. Que claman a gritos que las cosas sean muy distintas luego de que se conjure este virus endemoniado. Tres líneas de cambio destacan en esta nueva situación en las que algo podría ya estar cambiando.

Primero, pautas de las relaciones interpersonales, manejos en las distancias y algo importante: la higiene. Que podrían mandar al trasto inveteradas costumbres nacionales como la rotación sinfín del vaso de cerveza. Y el novedoso –y bienvenido– culto por el gel, los pañitos o el jabón bolívar. ¿Habrá llegado para quedarse? Ojalá sí. Y que pueda generar una cultura cívica, hoy ausente, de cuidar que, por ejemplo, los baños y servicios higiénicos funcionen y estén limpios en todos los establecimientos, públicos y privados.

Segundo, dinámicas diferentes a partir del salto adelante y extensión obligada del teletrabajo. Con el efecto que debiera tener en las relaciones laborales e institucionales: aprovechamiento del tiempo de cada cual, de los espacios físicos y energéticos y la reducción de millones de horas/ persona que se pierden en el tráfico infernal.

Y también, lo anterior, en el desempeño de ciertas funciones básicas del Estado. Destaca en esto el extraordinario proyecto educativo “Aprendo en Casa” diseñado y ejecutado en tiempo récord. Reto para otros sectores llamados a “ponerse las pilas” como la administración de justicia. En donde, por ejemplo, el tan reverenciado “expediente electrónico” no sólo debe ser ya una realidad, sino que por medios modernos se faciliten canales sencillos y eficientes de acceso y de información a lo que pasa en ese mundo farragoso de millones de expedientes.

Tercero, una redefinición conceptual y política fundamental de lo que es prioritario. La salud no lo es y debería serlo. Le preguntaba la prensa a Vizcarra el lunes por qué en Chile había menos muertos con mucho menos casos. Pregunta incómoda. Simple la respuesta: hasta en la jaqueada política de salud en Chile se le asigna más recursos per cápita: cuatro veces más. Se está pagando el efecto de décadas de ninguneo criminal de la inversión en salud (tratada como “gasto” y no como inversión necesaria).

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