Lizy

“Un tema de vientos y cuerdas que, luego de macerarte el alma, acaba con el llanto de una bebé, que no es otro que el de la propia Lizy”.

René Gastelumendi
09 Abr 2020 | 7:12 h

Año 1982, estaba en quinto de primaria y vivía en casa de mi abuela. Uno de mis tíos es rockero y en esa época, veinteañero él, se presentó a un concurso musical en Radio Miraflores.

El Perú era otro, un país que miraba con mucho más asombro que hoy, lo que sucedía en el exterior. Por esos días de invierno había llegado un disco de Frágil a una casa en la que se escuchaba mucho progresivo: Rush, Yes, Genesis y, entre los latinoamericanos, a Serú Girán. No podíamos creer la calidad de “Avenida Larco”, el maravilloso álbum con el que la paradigmática banda dislocó la esmirriada escena del rock nacional.

Me encanta el disco entero, pero una de las canciones que más me marcó fue ‘Lizy’, sobre todo cuando me contaron que era una canción compuesta por Tavo Castillo, fundador, a cargo de los teclados y los vientos, cuya musa inspiradora había sido su hija. Un tema de vientos y cuerdas que, luego de macerarte el alma, acaba con el llanto de una bebé, que no es otro que el de la propia Lizy.

Una mañana, luego de la inscripción en el concurso, salíamos de la radio y al costado, en una juguería, estaban Tavo Castillo y el gran Andrés Dulude. Fue una inesperada fantasía cumplida para mí ver a ese par de personajes tremendos y decirles cuánto nos gustaba su música.

Con el tiempo mi tío, que siguió en el rock, se hizo amigo de ellos y, muchos años después, una noche que fuimos juntos al mítico Sargento Pimienta de Miraflores, volviendo de comprar un trago, me presentó a una chica un poco menor que yo, era Lizy. Fue otro momento mágico. Ahora que tengo una hija pequeña, pienso que ‘Lizy’ es el regalo más lindo que le ha podido dar un padre a su hija.

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