Winter is coming

“Esto que está asomando frente a nuestras narices es el inicio de una III Guerra Mundial que tendrá consecuencias catastróficas”.

Pedro Salinas
08 Abr 2020 | 6:01 h

“La cuarentena no soluciona la epidemia, simplemente la contiene y compra tiempo para poder implementar las medidas necesarias”, escribieron en este papel Alfonso de la Torre, Piero Ghezzi y Alonso Segura, de Hacer Perú.

Y añadieron: “De nada van a servir todos los sacrificios de la cuarentena si no tenemos una estrategia diseñada de acuerdo con nuestra realidad para salir de ella”.

De hecho, ya hemos visto los resultados en el caso de Lima, la región más infectada del país. Un porcentaje representativo de la población no respeta el distanciamiento social. Desde los mercados de San Juan de Lurigancho hasta el Wong de Benavides. Desde el que sale a jugar un partido de fulbito en Los Barracones del Callao hasta el que pasea a su perrito cagón por el malecón de Miraflores. La irresponsabilidad, la ignorancia y la imbecilidad ante la amenaza no distinguen entre los estratos sociales. Tal cual.

En consecuencia, no hay que ser Mandrake el Mago ni Doctor Strange ni Nostradamus para vaticinar que se viene una masacre. Un holocausto, una tragedia devastadora en plan pelihollywoodense que haría palidecer a Thanos, el villano de Marvel.

Al terminar la cuarentena, ya lo van a ver, la gente se volcará a las calles y el coronavirus tendrá un festín de postín que nos costará miles de muertos y superará el millón de contagios. El sistema de salud colapsará. Y el rebrote nos llevará al peor apocalipsis que el Perú recuerde en su historia, con cientos de cadáveres abandonados a su suerte, como está sucediendo en el vecino Ecuador.

Y ojo. No es que sea pesimista ni alarmista ni sensacionalista, créanme. Solo trato de ser lo más realista posible. Además, si no se han dado cuenta todavía, el invierno, terreno fértil para el virus, está a la vuelta de la esquina, y ello acelerará el incremento de casos y desnudará la situación de décadas de abandono y de precariedad letal de nuestra infraestructura sanitaria. Nuestra debilidad institucional será nuestro talón de Aquiles. Y la informalidad, jamás resuelta, nos pasará factura ineludiblemente.

Esto que está asomando frente a nuestras narices, pese a la invisibilidad del enemigo, es el inicio de una Tercera Guerra Mundial que tendrá consecuencias catastróficas en el planeta entero. ¿Exagero? Lamentablemente, creo que no.

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