Responsabilidad, respeto y solidaridad

29 Mar 2020 | 10:26 h

“Esta crisis está mostrando nuestras más grandes vulnerabilidades como sociedad, pero obliga a hacer brillar V las fortalezas”.

Vivimos tiempos extraños y difíciles. Tiempos que están poniendo a prueba nuestro temple y capacidad de adaptación. Las cosas como las conocíamos ya no están por ahora. Son momentos de incertidumbre y temor pero también de solidaridad y resistencia.

Esta crisis nos está mostrando nuestras más grandes vulnerabilidades como sociedad, pero obliga a hacer brillar las fortalezas.

Siento un gran orgullo por la solidaridad y el respeto que están mostrando la mayoría de peruanos y peruanas en estas horas.

Más allá de desavenencias políticas que se pueda tener con Vizcarra, lo cierto es que hasta ahora el presidente ha tomado decisiones firmes, drásticas y necesarias. Pero en un país tan complejo y desigual como el Perú, aún son insuficientes. Hay escasez de mascarillas y equipos de protección, incluso para los cuidadores de nuestra salud. Es una carencia que está padeciendo todo Occidente desde que se desató la pandemia, por eso es momento de ser creativos con soluciones; usando a nuestras propias mentes brillantes de las ciencias- que las tenemos- en concurso, con respaldo y supervisión del Estado y con la urgente generosidad financiera de los privados, esos de la élite peruana cuya obligación moral en estos momentos está en ayudar al país a transitar esta emergencia sacando de sus bolsillos y donando recursos y facilidades. Porque la ayuda que ellos provean será la ayuda que proteja a quienes sostienen sus imperios con su trabajo habitual. Porque el capital que ellos han acumulado en Perú tiene sangre y sudor de trabajadores peruanos.

Es necesario que el gobierno siga tomando decisiones que acompañen este encierro y aseguren las mejores condiciones para todos. Sobre todo para la gran mayoría que carece de los privilegios mayores de las clases pudientes y de los menores de las clases medias. Alimentos accesibles para todos, servicios básicos que no se corten para nadie, incluidos el teléfono y la internet que son por ahora los salvavidas emocionales de esta crisis.

Pero también es posible y necesario que en lo individual tratemos de organizarnos para ver cómo nos ayudamos mutuamente y cómo apoyar a otros que tienen menos comida o medicinas que nosotros. Las cosas por un tiempo no van a mejorar mucho, al contrario, seguirán subiendo las cifras de contagiados y de fallecidos, y es probable que se siga extendiendo el encierro. No es tiempo de la sacada de vuelta al #YoMeQuedoEnCasa, porque te va a pasar factura y de paso a todos nosotros.

Vamos a salir de esta. Tomará algunos meses y no saldremos sin daños, pero cuánto daño dependerá en gran parte de nosotros, de cómo respondamos al apremio histórico que nos ha tocado vivir.

Que nuestra generación sea la que venció la pandemia y aprendió a través de ella la humildad que debemos tener frente al mundo y a la vida, pero también seamos la generación que aprendió cuánto en verdad nos necesitamos unos a otros, cuánto de cómo te cuidas también me cuida a mí y nos cuida y protege a todos. Seamos esos humanos, los que de la crisis hicimos surgir lo mejor. No es que sea fácil, porque el encierro hace mella en lo material y emocional, pero es nuestra obligación esforzarnos por mantenernos en esa delgada línea: ni paranoia ni negligencia, sino responsabilidad, respeto y solidaridad.

Si el virus transmite enfermedad y muerte, transmitamos nosotros para neutralizarlo: responsabilidad, respeto y solidaridad.

Video Recomendado

Lazy loaded component