Resiliencia social

“Debemos revalorar el rol de la investigación que aún sobrevive, por ejemplo, en los espacios periodísticos de los medios más reputados”.

Rubén Cano
26 Mar 2020 | 6:35 h

Inclusive una sociedad joven como la nuestra, luego de episodios traumáticos, fortalece su instinto de supervivencia. Qué hubiera pasado si en vez de perder el tiempo, todos estos años, en conflictos políticos improductivos, hubiéramos avanzado en la inclusión financiera, en promover el teletrabajo como política de Estado o en recurrir a la academia y a nuestros cientos de científicos para aprovechar las soluciones que han desarrollado gracias a sus investigaciones.

Para ello deberíamos de haber concluido, por ejemplo, con la infraestructura de fibra óptica, necesaria para contar con redes que aguanten el exceso de carga on line y no estén a punto de colapsar solo porque los gamers se conecten al mismo tiempo. En nuestro país ya se cuenta con respiradores artificiales, plataformas de geolocalización a través de los celulares de personas gracias a algoritmos o impresoras 3D para reconstruir piezas de equipos médicos en desuso. Todo ello hubiera servido para afrontar de otra manera esta pandemia.

Como sociedad nos hemos dejado llevar por el consumo desordenado e incorrecto. Nos hemos acostumbrado al placebo de la frase ligera y desafortunada de los espacios de entretenimiento fácil, de indignación impostada y de sensibilidad social oportunista, producto de una ignorancia atrevida y de nulas capacidades para contrastar y construir información de calidad. El espectáculo del chongo y el morbo también ha cogido al coronavirus y lo ha empaquetado en un recipiente de colores pastel, así como lo ha venido haciendo con todas las perversiones y males de nuestra sociedad como la corrupción, la inseguridad y el feminicidio.

Ya éramos una sociedad con enfermedades crónicas antes de que llegara el coronavirus, situación que nos ha llevado a soportar esta tormenta con las defensas muy bajas. No es casualidad que, frente a las adversidades, se sincere lo que realmente vale la pena y sea el rol de un médico como Elmer Huerta, por ejemplo, la referencia del camino que debemos seguir.

Superaremos esta situación, pero debemos recapacitar como sociedad y darles prioridad a las reformas fundamentales: en primer lugar, la reforma política y electoral, para poder elegir mejor; y en segundo lugar, las de promoción e integración del desarrollo e innovación en las estructuras sociales, con tecnologías aplicadas principalmente en salud y educación. Debemos revalorar el rol de la investigación que aún sobrevive, por ejemplo, en los espacios periodísticos de los medios más reputados. Reconozcamos que son fundamentales en tiempos de paz para llegar preparados a tiempos de guerra.

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