Maritza Espinoza

Papá, castígame

“Si para entender eso necesitas que el gobierno te amoneste, te multe o te meta preso, todavía no mereces el derecho a llamarte ciudadano peruano.”

Maritza Espinoza
20 Mar 2020 | 12:53 h

Es verdad que estos días de crisis han mostrado muchas cosas positivas de los peruanos, pero, desgraciadamente, lo que también han dejado en evidencia es que, en civismo, responsabilidad y manejo de la libertad individual, estamos en pañales y aún necesitamos a un papá gobierno que nos dé, de cuando en cuando, una buena azotaína, algo impensable en países donde la gente no necesita decretos ni multas para asumir la conducta correcta ante una emergencia.

Tras el anuncio de la cuarentena, como si fuésemos adolescentes rebeldes o, peor aún, infantes descontrolados, nos sentamos en la noticia y decidimos seguir con nuestras vidas, sin percatarnos que esta crisis no tiene que ver con nuestro placer personas, sino con la necesidad de proteger a todos los otros (uso el plural mayestático, porque los imbéciles odian ser interpelados en singular).

Habrá -y los hay, los he visto en redes- algunos termocéfalos que dirán: y si me contagio, ¿qué? ¡Es mi problema! En este caso, no se trata de uno mismo. Se trata de pensar en el bienestar del otro, entendiéndose al otro no sólo como ese conciudadano distante cuyo destino puede importarnos poco, sino como nuestros propios seres queridos que, cada vez que violamos la norma, ven elevarse exponencialmente las posibilidades de ser contagiados y, quén sabe, muertos.

A ver si lo entendemos de una vez: si te expones violando la cuarentena, tienes millones de posibilidades más de contagiar y de contagiarte. Y si hay más contagiados, los servicios de salud colapsarán. Y si colapsan, tendrán que priorizar a quién atienden.

¿Y a quienes NO atenderán si no hay suficientes elementos? A los ancianos y personas a las que sea más difícil salvar. Se hizo en China y se está proponiendo en Italia.Entonces, cada que haces tu reverenda gana con la prohibición de salir (sea para celebrar tu cumpleaños, visitar a tus patas o simplemente ir a aglomerarte en una tienda a comprar papel higipenico que no necesitas), estás condenando a muerte a tu padre, a tu madre, a tu abuelita, a tu abuelito y a todos tus seres queridos con males preexistentes, porque les quitas una posibilidad de ser atendidos. Es decir, de seguir vivos después de la cuarentena. Si para entender eso necesitas que el gobierno te amoneste, te multe o te meta preso, todavía no mereces el derecho a llamarte ciudadano peruano.

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