Virus del miedo

“Habiendo abastecimiento suficiente y producción nacional habitual, la manada se vuelca a las tiendas a llevarse todo lo que pueda...”

Rosa Palacios
15 Mar 2020 | 1:25 h

Mi generación ha crecido viendo películas y series con el mismo tema recurrente: el virus. Un virus extermina a la humanidad, la humanidad liquida a sus enemigos con un virus o la humanidad muta tras ser arrasada por un virus con sobrevivientes. Se admiten todas las variaciones posibles. El mensaje apocalíptico tiene siempre un trasfondo moral: lo que sucede es consecuencia de la soberbia del hombre que ha intervenido la naturaleza para intentar ponerla a su servicio, y esta se rebela.

Con esa crianza no es raro entonces que las sociedades se aterren con palabras como “epidemia”, “pandemia” o “endemia”. Sin saber su real significado o su consecuencia en términos epidemiológicos, nuestra inteligencia primaria, la que nos permitió sobrevivir como especie, se pone alerta. Teniendo la conciencia histórica de grandes pestes europeas como la peste negra o bubónica o la más reciente gripe española y la proliferación de noticias falsas y la narración en tiempo real de cada detalle de una enfermedad, no hay forma de que la humanidad entera no hable, piense, debata ni discuta con ferocidad sobre lo que percibe como su inminente muerte. Así, las decisiones irracionales se amontonan. En este momento la lista de “no hay” crece. No hay mascarillas, gel con alcohol y otros insumos indispensables de uso médico. Habiendo abastecimiento suficiente y producción nacional habitual, la manada se vuelca a las tiendas a llevarse todo lo que pueda, sobre todo lo no perecible, en preparación para la supervivencia. Su cerebro primitivo le ordena: “si todos huyen, tienes que huir con todos”.

No hay virus más contagioso y letal que el miedo. Es, políticamente, el más potente movilizador. Por miedo se puede hacer cualquier cosa. Una persona generosa puede convertirse en el más brutal egoísta, un ser racional y sensato está hoy sentado sobre una torre de papel higiénico que no le sirve de nada. Todo se agrava si ese mismo miedo es el que genera la catástrofe humana. Por miedo se contagia en un mercado cuando te han explicado la racionalidad del distanciamiento. Por miedo se contagia en un hospital donde ya no saben cómo rogarte que no colabores en saturar si solo tienes los síntomas de la gripe; solo se debe ir cuando hay dificultad al respirar. Lo han dicho cientos de veces. Pero mil veces lo han desafiado.

Lo que sabemos del coronavirus es mucho más de lo que se ha sabido de cualquier virus en tan corto tiempo. En diez días se secuenció su genoma. Tenemos más de 160 estudios científicos ya publicados y la experiencia exitosa de China. ¿Qué sabemos? Que es un virus de rápido contagio por gotitas de saliva y transmisión oral-fecal. Que el 85% de los contagiados hacen una gripe leve o no tienen síntomas. Del 15% restante, con gripe severa, 5% necesitará hospitalización y, probablemente, un respirador. La mayoría de pacientes graves son aquellos con un sistema inmunológico más débil. Todo el nudo de las medidas de distanciamiento (el Perú no tiene aún una cuarentena rígida) está en esto: el número de respiradores no es infinito. No pueden enfermarse todos a la vez porque no hay como atenderlos y eso incrementa, muy rápido, el número de muertos. “Aplastar la curva” (cuando el número de enfermos graves se dispara) es el objetivo.

No pregunte qué está haciendo el gobierno. Pregunte qué está haciendo usted. El virus del miedo sí tiene vacuna: se llama buena información.

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