Fábulas electorales (II)

09 Mar 2020 | 11:20 h

Es de esperar que cada día sea mayor el porcentaje que rechace a la política, a los políticos y sus instituciones porque no se sienten representados por ellos.

César Caro

Si bien comparto el decir de Octavio Paz, en cuanto que “una nación sin elecciones libres es una nación sin voz, sin ojos y sin brazos”, tampoco dejo de tener presente a John Dewey, que advirtió que era necesario brindar una educación de calidad para evitar que un concepto tan valioso como “democracia” pueda llegar a convertirse en una fórmula vacía, en un simple eslogan propagandístico, que juega más con las emociones que con las razones.

Por ello me temo que, de continuar con las actuales normas electorales, tendremos como resultado políticos y autoridades cada día más mediocres, incapaces y amorales, fruto de la gran cantidad de caricaturas de partidos que existen en nuestro medio y del actuar de los entes encargados de las normas electorales que se limitan a hacer meros maquillajes, fieles al decir de Lampedusa el “El Gatopardo”, “...hay que cambiar algo, para que nada cambie”.

PUEDES VER: Fábulas electorales (I)

Porque en tanto no existan verdaderos y pocos partidos políticos, que sean en cierta medida una especie de universidades donde se preparen y seleccionen cuadros y líderes comprometidos con valores y modelos democráticos, donde reflexionen y valoren las dimensiones sociales, políticas, económicas, culturales y morales de la sociedad, seguiremos presa de los “aventureros políticos” de turno, que a falta de ideas y doctrinas que les permitan guiar, recurren fácilmente a las encuestas que detectan el humor popular, para ponerse al frente... al margen de que el sentimiento sea racionalmente correcto.

Y si no entendemos con Walt Whitman que la palabra “democracia, es una gran palabra cuya historia no se ha escrito aún, creo yo, porque esa historia está todavía por vivirse” y procedemos en consecuencia a imitar o inventar normas que garanticen la existencia de verdaderos partidos políticos, como por ejemplo en España, poco o nada podemos esperar.

Hay que colocar a la política y a los partidos en el mundo actual. Y ello implica volver en parte a la democracia directa que fue reemplazada por la representativa ante la dificultad de poder consultar a todos los interesados. El medio está a nuestro alcance. Y pasa por darle mayor valor a partidos políticos reales y democráticos, que informen y también consulten en internet y sus redes sociales a sus afiliados, sobre propuestas y decisiones. Hoy, al igual que los clubes sociales, los partidos languidecen. Nadie o pocos van a los locales, salvo en fechas especiales o en épocas electorales. Pero el medio existe y así como los bancos los utilizan para una serie de movimientos económicos, también podrían ser utilizados para que los partidos políticos eduquen, informen, elijan, censuren y consulten a sus afiliados. Caso contrario, es de esperar que cada día sea mayor el porcentaje que rechace a la política, a los políticos y sus instituciones porque no se sienten representados por ellos.