Feminismo, Solsiret y la asesina

23 Feb 2020 | 10:18 h

Ser feminista hoy es hacer el esfuerzo de ser inclusiva pese a lo difícil que es ver otras necesidades que no son las que nosotras hemos experimentado.

Ser feminista es un proceso nunca acabado y no una etiqueta simplista como algunos asumen a partir del caso de Andrea, asesina de Solsiret. Aguirre puede haberse autodenominado feminista como alguien puede autodenominarse defensor de derechos y anticorrupción y ser corrupto o desalmado. Una es feminista no solo por lo que dice sino por cómo vives tu vida, las luchas a las que te unes, las defensas a las que te atreves y porque has llegado a una comprensión acerca de cómo el predominio masculino histórico del mundo ha generado sistémicas injusticias e inequidades para las mujeres.

El feminismo es un marco conceptual y político mediante el cual se leen y analizan los fenómenos en las estructuras de poder que se manifiestan en la sociedad. Es complejo porque el dominio masculino (machismo, sexismo) está inserto en todas las instancias del quehacer político, social, económico, cultural, interpersonal, etc.

El feminismo activista nace generalmente de un despertar a esa manera de analizar el mundo, ligado muchas veces a una dolorosa experiencia personal. Y eso no lo hace menos válido. Al contrario, es la experiencia en carne y cuerpo propios la que informa esa perspectiva para leer el mundo que permanecía oculta. De hecho, el feminismo como activismo y lucha nace precisamente de las experiencias individuales colectivizadas de mujeres víctimas de distintos grados de opresión y abuso. El machista (hombre o mujer) suele desvalorizar ese aspecto personal y subjetivo del feminismo y su activismo, cuando las luchas e investigaciones científicas, cuando las teorías nacen de esas experiencias. Ellos intentan desvalorizar la expresión de sentimientos llamándolos ‘irracionales’, ‘fuera de lugar’ o ‘subjetivos’.

En el feminismo el dolor se convierte en un medio de toma de consciencia, pero la colonización del machismo en nuestra cultura es tan arraigada que muchas mujeres no llegan a identificar esas violencias. Y es que claro que no hay placer en identificarse como víctima. Al contrario, es doloroso y requiere de mucha entereza hacerlo y sobreponerse. Una de las formas de sobreponerse es uniéndose a la lucha para que otras despierten o no tengan que sufrir las opresiones; para apoyarnos porque el sistema masculinizado no lo hará.

Ser feministas tampoco nos exime de contradicciones, ya que hemos crecido en una cultura macho-dominante que permea muchas áreas de nuestra vida y creencias (conscientes, inconscientes y subconscientes) sobre las que se basan nuestras acciones y decisiones. Pero una feminista comprometida está en constante revisión y aprendizaje de sí y por una sociedad más inclusiva y justa para las mujeres por su género, tono de piel, edad, cuerpo, poder adquisitivo, capacidades, etc.

Ser feminista hoy es hacer el esfuerzo de ser inclusiva pese a lo difícil que es ver otras necesidades que no son las que nosotras hemos experimentado, pero nuestro deber es esforzarnos por ser consideradas y empáticas con todas las que luchan y sus luchas, además de reconocer nuestros individuales privilegios así como nuestras carencias y falencias.

Andrea puede haberse autodenominado feminista, puede que haya ido a marchas, incluso que hasta en verdad haya intentado ser buena persona. Pero al final nada de lo que hizo con Solsiret – culparla del acoso de su novio, asesinarla, esconder su cuerpo y mentir todos estos años, no la califican como feminista.

Al final fue solo una asesina. Feministas son todas las mujeres que sin ser su sangre se unieron como si lo fueran para defender a Solsiret, para ser su voz en ausencia, para exigirle al sistema patriarcal que deje de ser cómplice. Algunas mujeres ni siquiera la conocían pero creyeron y apoyaron. Porque así se apoyan las feministas mutuamente, en el dolor, en la injusticia y hasta la muerte. Porque eso es de lo que el feminismo está hecho en última instancia, del apoyo de las otras mujeres hermanadas por las injusticias y violencias de género. Eso es practicar feminismo.

Como bien dijo la feminista-activista Audre Lorde, “Tu silencio no te protegerá”, y habría que añadir, el de algunas de tus hermanas tampoco. Felizmente la historia nos muestra que el despertar feminista va en expansión y por eso también la resistencia de los colonizados por los valores del patriarcado. Felizmente hay cada vez más mujeres despiertas y dispuestas a no dejar que la historia nos pase encima. Esas, las que peleamos por una mejor sociedad de todos los géneros pese al insulto, los ataques o el silencio cómplice de otrxs, esas son las feministas.

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