El gerente y la pernada

Maritza Espinoza
19 Feb 2020 | 7:49 h

El derecho de pernada (ius primae noctis, en latín y, en francés, droit de cuissage) es una vieja expresión que daba por sentado el derecho de los señores feudales, en la Europa medieval, a desvirgar a cualquier doncella, sierva de su feudo, que estuviera a punto de contraer matrimonio con otro siervo.

¡Qué salvajada!, dirá usted, querido lector, que de seguro también despotrica de las relaciones sexuales con menores de edad, pero celebra feliz el quinceañero de su hija, esa reactualización de otro rito medieval en el que toda niña, al cumplir los 15, era presentada en sociedad para que algún maduro varón, tras el pago de la dote respectiva y la boda arreglada, pudiera estuprarla.

Pero, volviendo al derecho de pernada, esta semana, un conductor de televisión lo actualizó, de la manera más brutal, cuando, simulando defender a una conductora del mismo programa, dijo al aire: “Aquí nadie se gilea a Karina (Rivera) salvo los gerentes, que son los que nos van a poner la plata”.

Para muchos, fue un exabrupto del muchacho (que tiene antecedentes de misoginia), pero, para otros, no fue más que la expresión espontánea de una idea normalizada según la cual una mujer debe sentirse feliz de ser acosada si su acosador tiene dinero y/o buena posición.

Así, el derecho de pernada –sublimado, pero igualmente denigrante– sigue manteniéndose en el imaginario popular. Las redes sociales, por cierto, destrozaron al muchacho, pero pocos reflexionaron en que esos conceptos no los inventó él, triste boquiflojo sin criterio, sino que viven en el subconsciente colectivo de una sociedad que, en pleno siglo 21, aún no logra despojarse de muchas taras que arrastramos del medioevo.

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