Los puentes y las heridas

“Ese racismo tan miserable de estos señorones que no se explican que ahora estamos entre Antauro y Urresti”

Eloy Jáuregui
11 Feb 2020 | 6:16 h

Entre Miraflores y San Isidro, como cantara Chabuca, “puentecito tendido sobre la herida de una quebrada…”, queda el nuevo puente. Así lo diseño Augusto Ortiz de Zevallos y ahí está construido, una perla para ver la bahía de Lima. Digo, si uno besa a su pareja a la puesta del sol. Pero no sirve un carajo. Hoy está enrejado.

Así son los puentes en el Perú. Bloqueados por uno u otro lado. Los de arriba contra los de abajo, blancos y cholos también. Ya lo decía Lumbreras: “ser arequipeño es distinto a ser huancaíno o piurano. Pero actuamos como si todos fuésemos iguales y gobernamos con ese error.¡Mentira! No es cierto”.

Y veo la coreana “Parásitos”. Y es la historia de una familia que se infiltra, como empleados domésticos, en otra. Una farsa con un estallido al final. Los puentes complejos entre los ricos y los pobres. Igual que el alcalde de San Isidro que cree que su distrito es su feudo y no quiere cholos en sus jardines.

Ese racismo tan miserable de estos señorones que no se explican que ahora estamos entre Antauro y Urresti. Esa actitud del poderoso que por ello apoyó a Fujimori como antes a Sánchez Cerro u Odría. Unos creen que es diferente pero nada cambió. Una división que es una herida. Y supura. Y yo, “camino del puente me iré, a tirar mi cariño al río”.

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