Doctor Raúl Jerí: el inicio de su nuevo centenio

Diego Bazán Lopez

diegobazanlopez

10 Feb 2020 | 19:03 h
Estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y realizó sus primeras especializaciones en los hospitales Santo Toribio de Mogrovejo y Víctor Larco Herrera.
Estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y realizó sus primeras especializaciones en los hospitales Santo Toribio de Mogrovejo y Víctor Larco Herrera.

101 años, días incontables y momentos que no se olvidarán fácilmente. Esta es la historia de Raúl Jerí, incansable neurólogo y psiquiatra desde hace más de 80 años; aquel hombre que eligió ser médico a los 12 y no tiene en sus planes retirarse.

24 de noviembre de 1918, 13 días después del fin de la Primera Guerra Mundial, nació el hombre que 101 años y unos meses más tarde sigue dedicando su vida a la medicina, atendiendo pacientes todos los días, puesto que eso es ser “un buen médico”, así lo describe Raúl Jerí, consultor honorario en neurología y psiquiatría del hospital Dos de Mayo.

“Para ser un buen médico se debe atender pacientes todos los días”, comenta, mientras explica lo que significa su profesión para él. “Es extraordinaria. Uno se envuelve emocionalmente, porque atiendes personas que sufren por algún problema y con tan solo escucharlas estás realizando un efecto psicoterapéutico, puesto que el paciente sentirá que le interesas, que quieres ayudarlo”, añade.

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Un amor desde los 12 años

Momentos. Esa palabra podría resumir el motivo de las decisiones que pueden marcar tu vida. Es así que empezó un amor que dura más de 80 años; uno de los más bonitos de Jerí: la medicina.

“Decidí ser médico a los 12, cuando vi la dedicación y afección que tenía el doctor Eduardo Loli al atender a mi padre. Él sufría una septicemia producto de una infección a la garganta, yo estaba seguro que moriría, pero gracias a esos cuidados sobrevivió. En ese momento el doctor Loli me preguntó qué quería ser cuando sea mayor; yo le respondí, quiero ser médico”.

Raúl Jerí obtuvo el cargo de consultor honorario en el servicio de Infectología y Tropicales en 1990. Además, es profesor emérito en la UNMSM

La motivación está vigente

Quizá, algunas veces se siente que la semana pasa lenta y los días de descanso son muy rápidos. Se vive apurado y no al ritmo que la vida nos ofrece; sin embargo, Jerí disfruta con motivación todos los días, con tiempo para todo. Se levanta a las 6.00 a. m., camina 30 minutos, se baña, toma desayuno y va al hospital de 8.30 a. m. hasta el mediodía. Pero esas actividades son pocas para la energía que emana. Incluso, tiene un consultorio en el que atiende como mínimo 3 días a la semana.

“Me motiva la ociosidad (risas). Prefiero seguir atendiendo pacientes y responder las inquietudes de los médicos con menos experiencia a quedarme en mi casa leyendo un libro o viendo televisión. Además, aprendo cada día de todos, uno siempre está capacitándose”, asegura.

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A los maestros con cariño, con respeto

La Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), el hospital Santo Toribio de Mogrovejo y el hospital Víctor Larco Herrera fueron los lugares donde se formó; el pregrado lo hizo en la Decana de América y las especializaciones en los hospitales mencionados. En esas épocas conoció a los que él considera sus grandes maestros. Los doctores Eduardo Loli - quién salvó a su padre -, Federico Sal y Rosas - de quien Jerí fue asistente - y Honorio Delgado.

“De ellos aprendí grandes cosas y los recuerdo con mucho cariño. El doctor Sal y Rosas fue mi profesor y, además, fui su asistente. Él me presentó al doctor Honorio Delgado, quien me enseñó todo lo referente a la psiquiatría y a ser cordial al atender a los pacientes y sus familiares”, explica.

El alumno se convirtió en maestro. Además de ser médico consultor en el hospital Dos de Mayo, es profesor emérito de la UNMSM y uno de sus alumnos trabaja junto a él: Marcos Ñavincopa, jefe del Servicio de Infectología y Tropicales, quien recibe los consejos del doctor todos los días, con respecto a la atención de pacientes con VIH/sida.

“El doctor Jerí se incorporó a nosotros en el año 90 para la atención de pacientes con sida, quienes tienden a sufrir de problemas neurológicos. Para nosotros es de mucha utilidad contar con él. Generalmente cuando los médicos cesan no son aceptados, a pesar de que quieran seguir, pero eso no ocurrió con él. Nosotros lo recibimos con los brazos abiertos y se siente feliz aquí”, comenta.

Medalit Lucho, psicóloga coordinadora del Servicio de Enfermedades Infecciosas y Tropicales, también ve a Jerí como un guía a seguir. Además, trabaja en el consultorio que este tiene.

“Él nos motiva a seguir atendiendo pacientes con dedicación y profesionalismo, a capacitarnos todos los días. Además, nos enseña valores como el respeto y la puntualidad, que son los que lo caracterizan”, menciona Lucho.

Muchos consideran al doctor jerí su maestro. Uno de ellos es Marcos Ñavincopa, quien, además, fue su alumno en San Marcos

Los recuerdos más bonitos

“Los recuerdos más emotivos pueden sobrepasar a enfermedades como el Alzheimer en su etapa inicial”. El doctor no sufre de esa enfermedad, pero así explica recuerdos como el nacimiento de sus tres hijos y el enamoramiento con su esposa; quien está en coma, desde hace más de 8 años, producto de un Alzheimer avanzado.

“Los recuerdos más bonitos que tengo son el nacimiento de mis tres hijos, actualmente solo una está viva, mis otros hijos fallecieron, por insuficiencia respiratoria en uno y cáncer de mama en mi otra hija. Además, recuerdo la etapa de cuando yo tenía un consultorio por el Jirón Camaná y mi esposa, que en ese tiempo era mi enamorada, me interrumpía. Ella se aparecía y me hacía señas para que yo acabara rápido y saliéramos a tomar un café, le encantaba tomarse un café conmigo (risas)”, rememora.

Jerí es de esas personas a las que la edad parece serle invisible. Quizá, los momentos son los que rigen la vida y él sabe que debe seguir cosechándolos. Con motivación, empieza un nuevo centenio y continúa este amor correspondido: Jerí y la medicina.