Peruanas en la NASA: Con los pies en la Tierra y la mente en el espacio

31 Dic 2019 | 19:54 h
Gravedad cero. La cusqueña Jackelynne Silva-Martínez supo a los 5 años que deseaba convertirse en astronauta. Aún trabaja para ello, pero está cerca de cumplir este sueño.
Gravedad cero. La cusqueña Jackelynne Silva-Martínez supo a los 5 años que deseaba convertirse en astronauta. Aún trabaja para ello, pero está cerca de cumplir este sueño.

Perseverantes. Una retransmisión de la llegada del hombre a la Luna, un libro de cosmonautas para colorear, una tragedia vista por televisión, así fue el encuentro de Aracely Quispe, Jackelynne Silva y Rosa Ávalos-Warren con su vocación que las llevó a trabajar en la agencia espacial más importante del mundo. Hoy cumplen sus sueños en Estados Unidos y buscan que más jóvenes peruanos se sumen a la ciencia y tecnología espacial. El cielo ya no es el límite.

Melina Ccoillo y Renzo Gonzales

El romance de Jackelynne Silva-Martínez con el espacio comenzó cuando tenía 5 años. Sus padres, Juan Silva y Gerardina Gamarra, le regalaron un libro para colorear, cuyas páginas tenían imágenes de cosmonautas (los astronautas soviéticos). “Creo que los padres tienen mucho que ver con los caminos que toman sus hijos. Los míos me expusieron a diferentes cosas, como tomar clases de Física y Química para niños en la UNI e ir juntos a conferencias y clases de ciencias. Todo tiene influencia en lo que ahora hago”.

Debido a las oportunidades de trabajo de sus progenitores, Jackelynne estudió en colegios de tres ciudades del Perú (Cusco, Lima y Arequipa). Luego se fue a Estados Unidos, donde tuvo que completar dos años más de secundaria antes de comenzar su educación superior en la Universidad Kean, y más tarde en la Universidad Rutgers. Así comenzaron sus retos más grandes.

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Ahora Jackelynne es ingeniera mecánica y aeroespacial de la NASA, y trabaja en el Centro Espacial Johnson, en Houston (EEUU), que se encarga de las misiones espaciales de ese país. Una de sus tareas es planificar las actividades que los astronautas realizan “desde que se levantan hasta que duermen” en la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), nuestra gran colonia fuera de la Tierra.

Allí, flotando en el vacío absoluto, a miles de kilómetros de sus hogares, los astronautas necesitan de la dirección de la ingeniera peruana, quien tiene en cuenta no solo el éxito de las misiones, sino también el lado humano. Por ello, su trabajo no es algo que se pueda ‘programar’.

“Hay ciertas cosas que las máquinas no pueden comprender. Como tener que hacer un lugar en el horario del astronauta para que converse con su familia o para que se distraiga un fin de semana porque siente esas necesidades”, explica.

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Para realizar esta labor, Silva-Martínez debe coordinar no solo con los controladores de la NASA, sino también con las demás agencias espaciales, es decir, con Roscosmos (Rusia), CSA (Canadá), JAXA (Japón) y la Agencia Espacial Europea (ESA).

La NASA envía constantemente astronautas al espacio, por lo que Silva-Martínez y su equipo deben encargarse de que los vuelos y las caminatas espaciales se realicen según lo planeado (en estas misiones no se puede dejar nada al azar).

“Requiere estar pendiente de varios eventos al mismo tiempo, ya sea de lo que está pasando dentro de la sala de control, las llamadas de los astronautas o de los socios internacionales (las otras agencias espaciales). Además, tenemos que estar preparados para responder a posibles problemas, cambios de objetivos y prioridades, sabiendo que todo afecta a los seres humanos que viven y trabajan en el espacio”.

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Por todo esto, Jackelynne describe el trabajo de controlador de vuelos como “estresante y a la vez gratificante”. “Es bonito ser parte de estas misiones, sobre todo después de tanto esfuerzo que hice para llegar aquí”, menciona.

Pronto los astronautas volverán a la Luna y comenzarán los viajes a otros planetas. Y en medio de su travesía, seguramente hallarán a la ingeniera cusqueña lista para guiarlos.

Aracely Quispe

“Desde niña una ve la Luna. Llegar ahí parecía un sueño”, recuerda Aracely Quispe al otro lado del teléfono, a miles de kilómetros, en Maryland, Estados Unidos, donde viene cumpliendo sus más grandes anhelos.

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Cuando tenía siete años, Aracely vio una retransmisión de la llegada del hombre a la Luna, en el pequeño televisor de su vivienda ubicada en el caserío Marripón, Motupe, Lambayeque, en la que a veces no había luz eléctrica. Se llenó de alegría, quedó marcada y supo que quería incursionar en la ciencia.

Solo un año antes su padre se fue de su casa. "Pude haber decidido no hacer muchas cosas, pero mi camino lo escribí yo". Su madre fue siempre su gran ejemplo. Mientras Aracely iba a la primaria, su mamá terminaba su carrera de Educación por las tardes. "Es una mujer luchadora. Ha sido mi impulso".

Aracely, quien suele hablar de ella en tercera persona, recuerda que fue en la secundaria cuando estuvo completamente segura de que quería estudiar alguna carrera de tecnología espacial, pero no existía dentro de la oferta educativa peruana ni tampoco tenía posibilidades económicas para acceder a una en el extranjero. Entonces el karate llegó como una oportunidad para viajar a Estados Unidos. Al estar allí se enteró de que ofrecían oportunidades a personas con habilidades extraordinarias. No paró hasta demostrar que era una de ellas. “Nada me ha frustrado”, dice la mujer que dice está orgullosa de ser peruana, pese a vivir casi 15 años en el país norteamericano.

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Hoy ella siente estar cumpliendo todos sus sueños. Es ingeniera senior de operaciones de sistemas de vuelos en el programa del Telescopio Espacial James Webb, que será lanzado en marzo del 2021 al espacio y cuya misión es hacer un estudio de las galaxias. "Es el más grande para estudiar el universo". Y aunque su trabajo demanda la mayor parte de su tiempo, Aracely no ha dejado de colaborar con la sociedad, de empoderar a la mujer y de contar su experiencia para enseñar que se puede lograr lo que uno se propone. Ello a través de marca AQN, que lleva su nombre para seguir inspirando a jóvenes como conferencista. Además, está escribiendo un libro autobiográfico para este 2020.

Pero Aracely es también esa mujer que se levanta a las seis de la mañana y va al yoga tres veces a la semana. Disfruta de ir a misa cada domingo y leer sobre los avances en la tecnología. "Si ves a Aracely en tiendas es porque está en la sección tecnología y no en la de ropa", dice mientras ríe al otro lado del teléfono.

Rosa Ávalos-Warren

Una tragedia le hizo pensar a Rosa que existe mucho por hacer en proyectos de exploraciones del espacio. Fue en el 2003 cuando, a través de su televisor, conoció acerca del lanzamiento del trasbordador espacial Columbia, en el cual perdieron la vida siete astronautas. "Supe que aún teníamos mucho que aprender de nuestro sistema solar", recuerda.

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El otro hecho que la marcó para hoy ser otra de las peruanas que trabaja en la NASA fue cuando su hermano ingresó a la Universidad Nacional de Ingeniería. “El primero de toda mi familia”.

En ese momento supo que ella también quería ser ingeniera. Entonces, Rosa, una niña apasionada por las matemáticas, no dejó de preguntar a sus profesores sobre cómo podría convertirse en la profesional que deseaba.

Sin embargo, una decisión de sus padres le hizo pensar que podría ver truncados sus sueños, aunque años más tarde se daría cuenta de que fue al contrario. "Recuerdo cuando vendía higos con mi abuelita en Lima. Y de pronto a mi corta edad pasé a ser una inmigrante, donde me enfrenté a muchas dificultades como aprender un nuevo idioma y adaptarme a una cultura totalmente distinta", dice sobre cuando tuvo que dejar el Perú para radicar en Estados Unidos, a los 12 años.

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Hoy Rosa es una ingeniera aeroespacial e integrante del área de Comunicaciones de diferentes misiones espaciales de la NASA. “Puede que esté en reuniones, en el centro de control apoyando el lanzamiento de cohetes o viajando para el desarrollo de una misión espacial”, cuenta la madre primeriza, quien ahora vive también con su pequeña bebé. Aunque intenta adecuar sus tiempos para continuar corriendo y hacer ejercicios, sus hobbies.

Pero lo que más le gusta es seguir enseñando a jóvenes para que continúen cumpliendo sus metas y conozcan sobre las becas disponibles en Perú y Estados Unidos.

La meta que aún tiene Rosa es obtener su licencia como piloto para que en un futuro no lejano pueda viajar al espacio. "El universo y el espacio tienen en su nombre ese misterio que diferentes misiones de exploración espacial están tratando de resolver", señala.

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Tenemos presencia en el espacio

Alex Delgado, director de Estudios Espaciales del Conida

PerúSat-1 para nosotros ha sido algo estratégico porque ha estrechado más lazos de cooperación. Muchas instituciones del extranjero nos han tocado las puertas para desarrollar proyectos. Es un logro de los últimos tres años.

El desarrollo de ciencia y tecnología es algo de largo aliento, pero con PerúSat-1 se ha abierto un camino.

Somos un país espacial, tenemos presencia en el espacio, ya estamos en el camino. El incremento de imágenes satelitales tiene una curva logarítmica, es un proyecto exitoso donde todos los sectores del país se han convertido en consumidores. El empleo que le daremos servirá para el desarrollo directo de las operaciones.

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