Periodismo y género

29 Dic 2019 | 6:09 h

“Esas victorias con las que logremos en nuestros tiempos se escribirán en la historia con quienes tengan la lucidez de verlas ante sus ojos”.

Se trata de tomar consciencia de cómo la hegemonía masculina blanca de Occidente definió culturalmente –y legalmente- que las mujeres no tuvieran ni los mismos derechos ni los mismos accesos o participación porque estaban relegadas al ámbito doméstico. Así fue, y así lo aceptaron también por décadas el grueso de mujeres.

Sobre esa base se construyó nuestra sociedad desigual; sobre esa base se escribió la historia de logros humanos en todos los ámbitos culturales, con el hombre blanco como protagonista y héroe encumbrado en las guerras, las ciencias naturales y sociales, y todos los poderes. Y la sociedad en la que existimos ahora es producto de ese autoencumbramiento masculino-blanco y de su puesta en cuestión por parte de mujeres que conscientes de la injusta asimetría disputaron esa supremacía en olas de luchas femeninas desde 1900 hasta nuestro tiempo.

Cada una de esas tres olas avanzó en el camino a abrir esos accesos y oportunidades negadas a las mujeres y son nuestra herencia y responsabilidad porque de lo que hagamos con esa herencia y avancemos en este tiempo se beneficiará la sociedad de hoy y la del futuro, idealmente más justa.

Esas victorias con las que logremos en nuestros tiempos se escribirán en la historia con quienes tengan la lucidez de verlas ante sus ojos, o en contra de quienes se opongan por inacción siendo funcionales a la desigualdad e inequidad. Esas luchas históricas y las que nos tocan han sido posibles solo levantando la voz, tomando acciones que algunos gustan llamar ‘radicales’, pero que son el único motor de cambio que logra despertar consciencias y generar un poder que haga frente al poder masculino blanco hegemónico.

Quien no ve todo esto y recurre a la calificación de ‘radicales’ para quienes levantamos la voz, la historia les está pasando por delante y ellos ciegamente están parapetados en sus nichos de poder, y quien sabe, en sus culpas.

Los medios de comunicación –los que se toman en serio la vocación social del periodismo y no solo como un negocio- tienen un rol de representación y transmisión de valores culturales a través de los contenidos informativos que difunden pero también de sus prácticas internas.

La UNESCO, por ejemplo, tiene un muy interesante marco mundial de Indicadores de Género para Medios de Comunicación (GSIM, 2014), https://bit.ly/3661MXi, que bien harían nuestros medios en revisar y tomar como guía. Abarca contenidos y cobertura de temas, pero también personal y operaciones internas.

Textualmente preguntan cosas como: ¿Cuál es el balance de género en la toma de decisiones del medio de comunicación? ¿Tienen códigos de ética y políticas editoriales escritas a favor de la igualdad de género en el contenido? ¿Qué acciones específicas toman para incrementar el porcentaje de mujeres que producen o informan diferentes temas en las noticias en áreas donde se encuentran sub-representadas? Su personal directivo, incluyendo miembros de la dirección y gerente sénior, ¿conoce y acepta las políticas de género y diversidad, códigos de ética y manuales en materia de sensibilidad a la diversidad y al género? ¿Tienen mecanismos internos para que el público tenga un espacio de quejas y críticas sobre temas de igualdad de género en el contenido? ¿Tienen capacitación obligatoria y regular sobre igualdad de género en el ámbito laboral para todos los periodistas y trabajadores del medio en todos los niveles?

La salida de Gabriela Wiener, por ejemplo, va absolutamente en contra de los tiempos urgentes de ajustes de género que corren. Ojalá los tomadores de decisiones entiendan su responsabilidad e impacto social.

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