Las barras bravas del patriarcado

“Los machos —que no los hombres— están desconcertados ante estos avances y ansiosos porque están perdiendo el control y el poder”.

Rocío Silva Santisteban
24 Dic 2019 | 0:27 h

El patriarcado está retrocediendo en muchos lugares donde los derechos de las mujeres están avanzando. Hace apenas cien años la mayoría de las mujeres del mundo no votaban en las elecciones, no tenían patrimonio propio, recibían sueldos por debajo de los varones, no estaban escolarizadas, no podían asistir a la universidad, ni ser médicas y su conocimiento se ninguneaba como “doméstico”. Hoy las cosas han cambiado drásticamente y hemos avanzado las mujeres peruanas, incluso el Banco Mundial hace meses nos calificó con 95 sobre 100 en normativas de género.

Entonces, ¿por qué la alta tasa de feminicidios?

Gina Vargas, reconocida feminista peruana, dijo en el 2014: “tener mujeres más empoderadas, más públicas, con más capacidad de levantar su voz, con audibilidad en diferentes campos, evidentemente produce muchas cosas. Hay desconcierto y desequilibrio en el rol tradicional del hombre que estaba acostumbrado a estar en el centro de la referencia, pero también en la competencia de espacios…”. En otras palabras: los machos —que no los hombres— están desconcertados ante estos avances y ansiosos porque están perdiendo el control y el poder.

A mayor ampliación de derechos, mayores reacciones violentas de las barras bravas del patriarcado hasta llegar al feminicidio. Son esas barras bravas los machos ansiosos que no pueden controlar el cuerpo de “sus” mujeres: si no puedo controlar tu celular, tus salidas, el largo de tu falda, escoger a tus amigas, tus viernes por la noche y tu cuenta bancaria, ¡y encima las leyes te protegen! Entonces… te mato. Y así tú y tus amigas y las otras que miran por la televisión podrán volver a sentir miedo. La pedagogía del terror.

Como lo ha señalado la antropóloga Rita Segato al referirse a la pedagogía de la crueldad, son los medios de comunicación los que, pasando una y otra vez el feminicidio sin un comentario crítico y un análisis fino, vuelven a revictimizar a la víctima: “el público es enseñado a no tener empatía con ella, porque los medios la tratan con banalidad y espectacularización”. ¿Cuál es el rol que cumplen los medios de comunicación en esta pedagogía de la crueldad que, finalmente, enseña al potencial feminicida a cometer un crimen de manera irresponsable? ¿Y cómo evitarla?

Segato el año pasado ha propuesto la urgencia de unas CONTRAPEDAGOGÍAS de la CRUELDAD, basadas en algo que solemos hacer las mujeres: dar ternura, ser solidarias, cuidar de la otra. Muchas periodistas, en los medios, ya lo están haciendo.

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