Hay Festival: Julio Ramón Ribeyro y su otra faceta, el dibujo

11 Nov 2019 | 6:30 h
La Republica
El hacedor. Julio Ribeyro Cordero participó en la mesa en honor a su entrañable padre.

Lanzamiento. Libro que reúne dibujos y caricaturas del autor de La palabra del mudo fue lanzado en el Hay Festival.

Elmer Mamani

Julio Ramón Ribeyro (1929-1994) llegaba muchas veces a casa con sus pinceles, plumones y acuarelas. “Como si fuera un niño mostrando sus juguetes”, recuerda su hijo, Julio Ramón Ribeyro Cordero. Teniendo los utensilios listos, el creador de Los Gallinazos sin plumas empezaba a dibujar, a pintar.

El escritor trazó caricaturas, paisajes y calles. En varios de esos trabajos, dejó pensamientos escritos. “Algunos son crudos, duros. Era algo que hacía naturalmente para relajarse”, resalta Ribeyro Cordero. Todos esos bosquejos llenos de color fueron reunidos en Julio Ramón Ribeyro. Dibujos y notas 1978-1992, un texto inclasificable construido por el hijo, quien vio ejercer esa afición oculta a su padre.

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¿Fue difícil ordenar, hacer el libro?

Tardamos dos años. Es algo de lo que al comienzo tuve dudas, pero al final, mirando todo, es un gran logro; por que no solo son dibujos, sino también textos. Es como entrar en la intimidad de un autor.

¿Por qué cree que su padre pintaba?

Creo que fue una extensión de su literatura, quizá la palabras no eran suficientes en un momento preciso.

¿Aún cree que no leen como se debería a su padre?

En España, me parece que ahora es más reconocido que acá, más apreciado en los homenajes. Hace poco se publicaron dos artículos, uno de ellos de Enrique Vila Matas, que reconocen la obra de mi padre, como en La tentación del fracaso.

Anécdotas con el Flaco

El libro fue lanzado ayer desde el Hay Festival de Arequipa. En la presentación, a Ribeyro Cordero lo acompañaron la escritora Giovanna Pollarolo y los literatos Fernando Iwasaki, Santiago Gamboa (colombiano) y Jerónimo Pimentel. Todos ellos recordaron al autor de Los dichos de Luder mediante anécdotas.

Por ejemplo, Gamboa contó que se moría por conocerlo. Cuando llegó a París (Francia), la ciudad donde habitó por varios años Ribeyro, decidió llamarlo por teléfono. “Le dije que era un periodista colombiano y quería entrevistarlo, pero obviamente no era periodista”, narró.

El propio Ribeyro se disculpó y le confesó que se sentía deprimido. Tras varias evasivas, en un mal día, Gamboa nuevamente lo intentó. “Cuando yo le dije que también estaba deprimido, Ribeyro me respondió: ‘Ahora la cosa cambia, venga mañana a las 7’”, y empezaron las carcajadas del público.

Pollarolo recordó que una vez coincidieron en un viaje. En el momento en que se registraban en el hotel, Ribeyro se topó con una pregunta para rellenar: profesión. "Ahora qué pongo, dijo Ribeyro en voz alta", contó la escritora.

Mientras Iwasaki confesó que siempre fue una frustración no poder presentarlo en España. Estaba todo planeado, pero el Flaco, como le dicen de cariño, se enfermó. “No pude presentar al autor que es la epifanía de la literatura”, se lamentó.

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La timidez del escritor

El público también recordó momentos con Ribeyro. Una mujer coincidió con el autor en los 90. Se acercó y le dijo: “Quiero contarle algo muy importante, mi hijo de 10 años esta leyendo La palabra del mudo”. Él, muy serio, le contestó: “¿Y tú crees que eso le hace algún bien?”. Sobre la historia, Gamboa explicó que Ribeyro sabía que lo que hacía tenía mucho valor, pero padecía una enorme timidez: “Una vez lo invitaron a un festival y estaba emocionado por conocer a Adolfo Bioy Casares. Cuando regresó, le dije: ‘¿Cómo te fue?’. ‘Terrible, porque no podíamos hablar. Él es más tímido que yo’, me respondió”.

En París. Ribeyro vivió por muchos años en la Ciudad de la Luz.